Cada día durante año y medio, había resultado en una total agonía. Unos días tenía más esperanza que otros, pero cada uno de ellos se preguntaba cuándo la encontraría o si siquiera estaba viva.
Ahora ya la había encontrado y sabía que estaba viva, al fin el día había llegado y su espera había terminado. A pesar de que era consciente de que su espera no acabaría allí, Kang mantenía una pequeña esperanza en su interior de que todo sería diferente, que al encontrarla, ya todo mejoraría.
Pero la cruda realidad era que, a pesar de que ella estaba más cerca en cuanto a saber su ubicación, todavía debía controlar su ansiedad por estar con ella.
Nunca se había imaginado que fuese posible anhelar tanto a alguien, hasta el punto en el que no podía pensar en nada más. Siempre había dejado las relaciones de lado, no se había preocupado por ello puesto que su vida había estado tan ocupada que sus días habían pasado de esa manera. No obstante, su madre le había plantado la idea de que no estaba mal ser de esa forma, distante y preocupado por su trabajo y lo que le gustaba ser, porque un día, la persona portadora de su amor aparecería iluminando su mundo.
Aquello le parecía demasiado cursi y lo no creía hasta que vio a Darat en la nave transportadora cuando la rescataron de la base del orden.
Estaba en una silla de ruedas y su rostro solo expresaba la confusión que sentía, pero había brillado más que nada que hubiera visto en su vida y supo que su madre había tenido razón.
¿Era absurdo? ¿Estaba perdiendo su mente? ¿Estaba mal aquello? ¿Cómo podía estar mal? No podía controlar sus sentimientos después de todo, ni lo agobiantes que podían ser.
Pasó las manos por su cabello, respiró profundo y se encaminó a la oficina del Sargento Joseph Garren. Era muy temprano, pero la noche anterior el Sargento había estado muy ocupado como para interrumpirlo.
Llegó a la puerta y tocó tres veces seguidas hasta que se escuchó:
—Adelante.
—Buenos días, Sargento.
—Capitán — se levantó de su asiento y le dio vuelta al escritorio —, felicidades, la han encontrado — sacudió su hombro izquierdo.
Kang asintió y una sonrisa agridulce se formó en su rostro.
—Sí, veo que le han informado.
—Es un acontecimiento importante, Capitán. Habíamos estado esperando este día. Tú sobretodo.
—Sí, Sargento —miró sus manos —, el caso es que no parece ser tan esperanzador como pensé que sería.
—Lo entiendo —se apartó y se apoyó del escritorio cruzando los brazos por encima de su pecho —, también he sido informado de que tuviste un colapso ayer.
Kang hizo una mueca y ladeó su cabeza.
—Sí, eso, yo…
—No te preocupes —movió una mano como restándole importancia —, nadie más se enteró de ello. Kang, sé que estás pasando por un momento dificil, y agradezco que al fin dejaras salir tu frustración, porque la habías retenido por mucho tiempo.
—Es que, sé que quizás no debería pensar así, pero puede conmigo — explicó dejándose caer en la silla —, no puedo parar de pensar en ella, en cuándo seré capaz de verla y estar cerca de ella. Es como una necesidad no satisfecha que no para de insistirme en que lo haga. Yo, quiero verle, quiero verle sonreír, quiero escuchar su voz — cerró sus ojos e hizo una mueca —, su voz, necesito escucharla.
Kang suspiró cansado y pasó las manos por su cabeza.
—Y ahora la situación parece más complicada, sé donde está, pero no ayuda porque ella está agonizando, está sufriendo, Sargento — lo miró significativamente —. Y me duele saberlo y tengo miedo de no ser capaz de alcanzarla a tiempo.
—Está bien, Capitán — dio golpes a su espalda —, está bien. ¿Confías en ella?
—¿Confiar?
—Sí — se encogió de hombros —, ¿confías en que será lo suficientemente fuerte como para resistir?
—Ella es más fuerte de lo que ella misma cree — respondió firme—, confío en ella, pero no en lo que puedan hacer para confundirla. Están jugando con su mente, Sargento, y con todo respeto, he venido hasta aquí a pedirle autirización para utilizar los recursos necesarios para rescatarla.
—La tienes, Capitán —volvió a apoyarse del escritorio —. Pero no debes dejarte llevar por tus impulsos, hay que organizarnos muy bien antes de que vayas por ella, si lo haces muy notorio, podrán usarla en nuestra contra, si te precipitas, podrían alejarla aún más. ¿Lo entiendes?
—Sí, Sargento.
—Debes controlar tus impulsos, Capitán — ordenó colocándose de pie y dándole una mirada seria —. Sé que quizás lo que querías pedirme era el equipo para lanzarte esta misma noche a buscarla, pero no debes actuar de esa manera.
Kang sintió que le dejaban al descubierto, era precisamente lo eso lo que había estado pensando. No quería esperar más, no tenía tiempo que perder, debía llegar hasta ella lo antes posible y decirle que él sí existía, que él sí era real.
—Tienes que elaborar una buena estratégia como el excelente capitán que has sido hasta ahora —continuó su sermón —. Necesito que me presentes un buen plan de extracción y retirada, cómo planeas llegar limpiamente hasta ella, y también que termines o que delegues tus funciones respecto a la seguridad de los nuevos vivientes, recuerda que seguimos tomando sus bases y liberando personas, Kang. Sé que quieres ir por ella, pero no debes dejar que tu juicio se nuble. ¿Quedó claro?
—Sí, Sargento.
Pero Kang dudaba si podría mantenerse lo suficientemente sereno, como para orquestar un plan elaborado y de extracción limpia, porque eso requería tiempo y dudaba que quedara en su sistema la suficiente paciencia para ello.
Necesitaba estar con ella