Pienso que vivir implica luchas continuas y cambiantes de forma inevitable,
por eso dedico esta vida a no gastar mis esfuerzos,
en menos de lo que me conduzca a aquello que anhelo.
— OG. Leghan.
1
La vida es menos dolorosa y más simple cuando no anhelas nada con intensidad.
Kang se preguntaba si, de haber sabido que terminaría de esa manera, se habría esforzado para mantener a Darat al margen de su vida e ignorar lo que había sentido al verla por primera vez, pero en su defensa, ¿qué persona en su sano juicio lo habría hecho?
Pasó las manos por su rostro en un intento por calmar y aliviar su frustración, como si pudiese conseguirlo. Apoyó los codos sobre sus rodillas y recostó la cabeza de la pared. Miró al cielo oscuro y cargado de estrellas que eran las encargadas de iluminar la noche y cumplían su función a la perfección.
Había caído otra noche, un dia más había acabado y no la había encontrado. Otro día en el que parecía más lejos de llegar a ella. De nuevo se encontraba luchando contra su incredulidad, intentando aumentar su fe para seguir creyendo que podría hacerlo, que un milagro podría ocurrir y dar con su ubicación.
A no ser que no estuviera viva. ¿No lo estaba? ¿Era eso? ¿No podía encontrarla porque ni siquiera estaba viva? ¿Ya no existía?
Era más dificil dar con una señal que les llevara a ella, cuando habían destruído las bases de datos más importantes, las más grandes y principales, llevándolos a tener que buscar frecuencias como una aguja en un pajar, puesto que aún el Orden Mundial se mantenía en pie, con menos fuerza y poder, pero seguían existiendo. Solo habían nivelado el campo de juego.
Se levantó del suelo y descargó su frustración lanzando un tronco caído a unos metros de él.
Se hartaba a sí mismo al pensar de esa manera, porque al hacerlo, la agonía aumentaba en su pecho al igual que el enojo consigo mismo por no haberse revelado contra el Sargento en aquel momento y quedado con Darat hasta ver que fuese atendida, aún si eso le costaba su propia vida. Pero entonces estaba la probabilidad de que, si él se hubiese quedado asegurándose de que la salvaran, lo habrían matado a él y entonces ¿quién iría a rescatar a Darat de volver a vivir a través de perspectivas? ¿Quién dedicaría sus días a buscarla con tanta persistencia? Sus amigas más cercanas probablemente lo harían, quizás el Sargento les habría brindado algo de apoyo, pero ¿cómo habrían contactado ellas con el Sargento si él no estaba de por medio? ¿O esto era solo una excusa para ayudarle a llevarla culpa?
Cada estúpido día que pasaba sin hallarla se preguntaba si había tomado la mejor decisión, al menos la decisión con más probabilidades de hacerles tener éxito.
Pero cada día, durante año y medio, era una agonía. Unos días se encontraba más esperanzado, mientras que otros terminaba devastado. De esa manera había descubierto que nunca había anhelado nada con tanta fuerza como lo mucho que anhelaba encontrar a Darat. Esa chica había cambiado su vida, no tranquila porque siempre estuvo en movimiento por la posición que tenida, pero sí simple. Antes sus preocupaciones solo eran respecto a su trabajo y a ayudar al mundo que le rodeaba, pero ahora, su vida se había tornado en una cargada de emociones, cuyo mundo era ella.
—Por favor — rogó mirando al cielo —, aparece, por favor, sigue existiendo.
No se imaginaba qué haría si al final, ella no habría logrado sobrevivir.
—¡Kang! — escuchó un grito detrás de él — ¡Kang! ¿Dónde estás? ¡Kang!
Se acercó a la puerta notando que la voz pertenecía a la joven Seuneu.
—Aquí — habló sin ánimos —. ¿Qué sucede?
—¡Ah, idiota! ¡Me asustaste! — se quejó colocándose una mano en el pecho — ¡Rápido! ¡Vamos! —le tomó del brazo y empezó a jalarlo.
—¿Qué pasa, Seuneu?
—¡Es Darat! ¡Parece que esta vez sí!
Nada más escuchar aquello, la esperanza inundó el cuerpo de Kang llevándole a correr y siendo él quien jalaba a Seuneu.
—Ah, muy rápido — se quejó Seuneu.
Él solo la soltó y atravesó los pasillos porque su vida, Darat, estaba en juego.
¿Sería posible? ¿No sería una falsa alarma? ¿Cómo es que había aparecido a esas horas de la noche? ¿Dónde estaba? ¿De verdad era ella?
Quería todas las respuestas y las quería ya.
—¡Rápido, Capitán! ¡Le solicitan en la sala de información! — le encontró alguien en el camino.
Él no fue capaz de responder, solo aceleró su paso. Lo pasillos de pronto parecieron mas largos de lo que eran así que en cuanto fue visible para él, empujó la puerta y esta se abrió de golpe.
—¡Capitán!
—¡La encontramos!
—¡Tiene que ser ella!
Hablaron varios al mismo tiempo, estaban emocionados, él ni siquiera tenía tiempo para descifrar lo que pasaba por su cabeza.
—¿Dónde…?
—¡Por allá!
—¡Aquí, aquí!
Vio que un joven en la última computadora alzó una mano y una chica a su lado también hizo señas alzando los brazos.
Kang atravesó la habitación tropezando y quitando de su camino un par de sillas. Hasta colocarse a su lado.
—¿Qué es? — fue lo único que salió de su boca en ese momento.
Su respiración jadeante y los latidos de su corazón acelerados que parecían retumbar en sus oídos, le dieron la impresión de que había mucho ruido en la habitación.
—Eres muy rápido —se quejó Seuneu entrando y corriendo a su lado.
—Hace un par de días encontré una señal muy débil — empezó a explicar el joven Sullivan sin dejar de mover sus manos por pantalla frente ellos —. No mencioné nada al respecto porque no quería generar falsas expectativas, podía ser otra edificación fantasma.
Las edificaciones fantasmas eran viejas estructuras abandonadas, que por diferentes motivos, su señal se activaba por cortos períodos de tiempo, pero no había nada en ellas.
—¿Y? ¿Dónde está? ¿Cómo sabes que es ella?
—A eso voy — indicó —. El caso es que decidí rastrear la señal y mantener un ojo sobre ella por si acaso, creí que la señal desaparecería en un par de horas, pero la señal se ha mantenido por casi una semana, la rastreé y descubrí que la señal era débil porque la estaba recibiendo a través de otra instalación y en fin, el caso es que está demasiado lejos.
—Habla rápido, llega al punto, Sulli — regañó Seuneu a su lado.
—Encontré con que hoy han empezado a hacer pruebas mentales, así que las interepté, y justo acaban de hacer una que tienen que ver — la colocó en la pantalla —. Tiene que ser ella, Capitán, no tengo dudas.
Observó lo que se mostró frente a él y sus emociones se vieron en conflicto, pero en ese instante fue capaz de descifrar la principal de ellas: Estaba aterrado.
Y viendo los datos arrojados, solo confirmaba que tenía razones para estarlo.
Las pruebas mentales realizadas por el sistema del Orden Mundial era muy avanzado, lograban capturar todos aquellos pensamientos que un individuo tenía al momento de colocarlo debajo de una luz específica y una frecuencia de sonido.
Lo que había en la pantalla dividió sus pensamientos, unió las piezas de su roto corazón, pero en cambio lo hirió sumergiéndolo en ácido.
—¡Oh, Darat! ¡No! — Seuneu soltó un sollozo.
Los gráficos estaban todos en rojo, superando los límites establecidos y en el reporte se marcaba:
Nivel de estabilidad – Inestable.
Realidad/Perspectiva – 1/99
Control emocional – Inexistente.
Deterioro – Absoluto.
Confiabilidad: Total.
Tiempo antes de la próxima percepción: Por definir.
Cada uno de los marcadores de desplegaba debajo del recuadro, mostrandose con detalle.
En el nivel de estabilidad se leía:
“El individuo presenta inestabilidad en su capacidad cognitiva para la resolución de problemas inéditos”.
La relación Realidad/Perspectiva indicaba:
“La mente del individuo ha llegado al punto crítico. No es capaz de diferenciar la perspectiva de la realidad”.
El deterioro explicaba que era absoluto, ya Darat no estaba en condiciones de entrar a una perspectiva y volver a salir.
Pero lo que le había producido un dolor asfixiante fue lo leído en el control emocional:
“Los efectos encontrados en el individuo por el quiebre psicológico son: Desesperación y angustia crónica, desencadenando depresión. Se recomienda aislamiento por tendencia s*****a detectada.
Pensamientos principales captados durante la prueba:
¿Por qué fui capaz de creer que podía vivir en la realidad?
¿Cómo creí que podría llegar a experimentar un sentimiento tan profundo y agradable?
No es posible ser libre. Esto es todo lo que hay. Es la única forma de vida. No existe nada más.
¿Y si todo fue real? No puede serlo, terminé muy herida, tendría cicatrices, no hay ninguna. Me había cortado el cabello y está largo.
Fue una mentira.
Ellos fueron una ilusión, todos fueron una ilusión. No tengo amigas. Las chicas no existen. Estoy sola.
Kang no existe. ¿Por qué tengo que extrañarlo? ¿Por qué tuve que enamorarme? ¿Por qué duele tanto?
No puedo soportarlo. Duele demasiado. No quiero esto. No lo quiero.
Pensamiento recurrente persistente: Ojos oscuros, grandes y rasgados, con un brillo jamás visto por el individuo”
Las piernas de Kang fallaron y tuvo que sostenerse de la mesa detrás de él para no caer en el suelo.
¿Cómo podía ser un momento tan agridulce?
Su felicidad de saber que Darat estaba viva, que lo había logrado se veía eclipsada por bruma de notar su agonía por no saber si lo que había vivido había sido real o no, por saber que ella estaba sufriendo y agonizando. Si algo no dudaba ni cuestionaba Kang era que el dolor emocional y psicológico podía ser más intolerable y letal que uno físico.
¿Y si Darat terminaba perdiendo su cordura? ¿Si se perdía a sí misma y no habría forma de salvarla de su mente?
—Capitán — le llamó Sullivan —, Darat acaba de despertar, según los reportes que encontré, estuvo dormida durante todo ese tiempo para que todas sus heridas pudiesen sanar. Así que por eso debe ser que está en un momento crítico, quizás con un poco de tiempo ella pueda estabilizarse.
Darat tenía emociones saturantes, si estaba contenta o feliz podía parecer una niña de cinco años con un dulce, pero si estaba triste… Darat terminaría consumida por sí misma.
—No tiene nada a lo que aferrarse — explicó consciente de que una lágrima caía por su mejilla.
—¿Qué? —pregutó Seuneu.
—Darat no tiene ninguna prueba, lo dijo ella misma — continuó —, no tiene cicatrices porque la sanaron con su tecnología, y su cabello ha crecido, pero ella no sabe que estuvo un año y medio dormida.
Daba la impresión de que alguien le estaba desgarrando la garganta.
—Está sola — espetó —, no tiene nada que la ayude a creer en que fue real.
Hubo un silencio espectral en la sala, incluso Seuneu lloró en silencio.
Kang secó las lágrimas en su rostro y entonces ordenó:
—Obtén todos los reportes que den de ella. Y entrégame toda información del lugar dónde la tienen.
Se colocó firme, sabiéndo que quedarse allí culpándose y sufriéndo no traería a Darat a sus brazos, por lo que declaró:
—Debemos ponernos a la acción, la traeremos de regreso.
—Sí, Capitán — respondieron varios subordinados.
Kang asintió y salió de la sala con premura. Lamentarse no traería de regreso a Darat, pero no podía cambiarlo, ni contenerlo por más tiempo:
Estaba devastado. Darat estaba agonizando y no había nada que pudiera hacer para cambiar su estado.
Una vez más, no podía estar a su lado para ayudarle a atravesar el dolor.