Increíble, y no en el buen sentido, que una copia de mí que ni siquiera se supone que tenía que sobrevivir, sea fundamental en el plan para matar a Argyris. Mientras permanezco en silencio escuchando a Máximo, la observo y no puedo creerlo. Parece un pequeño venado asustadizo, observando todo con los ojos bien abiertos como platos.
Hago mis manos en puño a mis costados. Como me gustaría correr hasta ella y sacarla de su miseria en este mismo momento. Pero lo que hizo Máximo, hipnotizarme para que no la lastime, me obliga a permanecer lejos de ella. O al menos me obliga a no hacer lo que realmente quiero hacer.
- Las cosas están por ponerse interesantes- escucho que dice Lisandro y lo miro sonreír sardónicamente-, abróchense los cinturones niños, porque están a punto de tener el viaje de su vida.
Aparto mi mirada de él y es entonces que me doy cuenta que los trillizos, y no solo ellos sino todos, me están mirando ahora. No hace más de 24 horas que los vi por última vez y aun puedo sentir su desconfianza en mí. Lo entendería completamente si solo fuera por el hecho de que desperté a Argyris, por esa razón si la merezco. Pero parece que todos desconfían de mí por ella.
-Cassie…-me llama Aileen. La observo con detalle, su rostro, su postura. Parece que esta saludable. Me alegra que haya despertado. Su corazón late desenfrenado y trago saliva. Puedo escuchar la sangre corriendo por sus venas, casi puedo sentir el sabor de su sangre en mi boca.
Hace ademan de acercarse a mí pero Áureo la detiene, tomándola suavemente del brazo. Agradezco que lo haya hecho porque no se de lo que soy capaz. Me gustaría pensar que jamás lastimaría a mis amigos, a mi hermano. Pero ya no estoy segura de nada. Miro a Caleb, quien aún permanece junto a ella y aprieto la mandíbula.
Parece darse cuenta que me molesta y se aleja de ella un poco. Ladrona. Mi magia, mi hermano, mis amigos, quizá hasta papá. Entonces lo recuerdo por primera vez, en cómo no ha venido a verme, o al menos intentado, como Caleb y siento un dolor tremendo en mi corazón.
-¿Dónde está papá?- le pregunto a Caleb. Aparta su mirada de la mía y observa el ventanal que está a su izquierda.
-Te está dando tiempo para que te ajustes- es todo lo que dice, pero por la forma en la aprieta la mandíbula me doy cuenta que esta mintiendo.
-Estas mintiendo- declaro. Regresa su mirada a la mía, hazel contra hazel. Su corazón da un brinco y lo escudriño con la mirada.
-¿Por qué mentiría? Sabes que desde que mamá murió no es el mismo. ¿Quieres la verdad?- da un par de pasos hacia mí y aprieto más los puños- No sabe qué hacer, contigo, con él mismo, con todo esto que está pasando. Prácticamente vive en el hospital. Si soy sincero, creo que tiene miedo de verte.
-Nunca lo lastimaría- replico. Levanta una ceja.
-Tiene miedo de enfrentar que él tambien tiene la culpa de lo que te paso.
-Basta- ordeno. No puedo, no, no quiero seguir escuchando esto. Todo lo que yo quería era traer a mamá de vuelta, por papá, por nosotros. Argyris me engaño y ahora yo soy la mala del cuento, igual que él. Me rehusó a estar en el mismo nivel que él.
-¿Por qué? Simplemente te estoy diciendo lo que querías saber.
-Caleb, detente- le advierte Áureo, pero lo ignora y sigue acercándose a mí. Puedo ver la vena de su cuello pulsando, su corazón frenético.
-¿Quieres saber algo más? Tenías razón, mamá si murió por tu culpa. Porque nunca la escuchaste cuando te dijo que Argyris era malo. Lo que está pasando es tu culpa porque nos ocultaste la verdad desde el principio. Aileen tuvo que pagar por tus mentiras. Casi hiciste que los cazadores mataran a la manada, ¡creaste un clon tuyo! ¿Y ahora te enojas porque la tratamos por lo que es? ¿Una humana?
-¡Ella no es real!- grito.- ¡Solo es una versión barata de mí!
-¡No me importa si eso es lo que crees! ¡Ella es más mi hermana que tú en este momento!- el silencio que se hace en la habitación después de esa declaración parece congelar el tiempo, y cuando regresa todo parece pasar demasiado rápido. Un segundo estoy parada aquí y al siguiente estampo a Caleb contra la pared. No me doy cuenta de cuando saco mis colmillos. Lo sujeto con fuerza por su camisa y a pesar de que escucho el latido desenfrenado de su corazón, por miedo, enojo, o la razón que sea, no se inmuta.
-¿Qué vas a hacer? ¿Te vas a alimentar de mí?- cuando dice esto no puedo evitar mirar la vena de su cuello-¿Vas a matarme?- lo miro a los ojos y salivo ante la idea de beber su sangre.
Por mucho que quiero beber su sangre, no lo hago. Me toma toda la fuerza de voluntad que me queda dejarlo ir, pero no sin antes inclinarme más hacia él.
-Fuera de mi vista. Si eso es lo que crees de mí, de ella, entonces no te necesito en mi vida. Vete a casa con tu nueva hermana y no vuelvas a molestarme. Porque la próxima vez que la vea fuera de esta casa la voy a matar y te voy a obligar a mirar.
Le doy un empujón y me separo de él. Permanece paralizado en su mismo lugar, y la mirada en sus ojos es indescribible. Puedo ver el miedo, pero no por mí ni por él, sino por ella. Le doy la espalda y observo a todos en la habitación, quienes me miran como si no me reconocieran. Y están en lo correcto, si quieren hacerme una villana entonces eso es lo que obtendrán.
Me abro camino entre todos ellos y salgo de la habitación sin mirar atrás. Pueden culparme todo lo que quieran sobre lo que está pasando, ya no me importa.