Capítulo 3: Voces entre pantallas

670 Words
Narrado por Valeria El viernes llegó más rápido de lo que esperaba. Me vestí como si fuera a encontrarme con una vieja amiga, aunque técnicamente no nos conocíamos. Me puse una blusa color cielo —mi color de los días esperanzadores— y preparé una taza de té. Sebastián se asomó por la puerta. —¿Lista para tu “cumbre literaria”? Sonreí. —Más lista que nerviosa… creo. —Me gusta esta versión tuya —me dijo, cruzado de brazos—. La que no se calla ante la injusticia, pero que también sabe tender puentes. Entré a la sala y abrí la laptop. La videollamada comenzó puntual. La pantalla se dividió en dos: ahí estaba Bianca. Pelo castaño, sonrisa cálida, y ese dejo de acento argentino que me pareció entrañable. Narrado por Bianca Cuando se conectó, Valeria me saludó con la mano como si ya nos conociéramos de antes. Fue raro, pero en el buen sentido. Casi mágico. —Hola, mexicana —bromeé—. Al fin le pongo cara a la escritora que tiene el mismo título que yo. Ella rió. —Hola, argentina. Al fin le pongo voz a quien casi me hace cerrar mi cuenta. Nos miramos un segundo en silencio, pero fue ese silencio cómodo, el que no incomoda. El que abraza. —¿Sabés qué es lo más loco de todo esto? —dije— Que podríamos haber sido enemigas. Pero elegimos entendernos. Narrado por Valeria —Es que la imaginación no tiene fronteras —le respondí—. No se puede patentar una idea. Las ideas flotan, se cruzan. A veces, lo que diferencia a un escritor de otro es cómo cuenta la historia, no qué historia cuenta. —Sí —asintió Bianca—. Podés darle a diez personas la palabra “soledad” y cada una va a escribir algo distinto. Algunos desde la nostalgia, otros desde la rabia, otros desde la esperanza. —Como cuando escribís desde tus heridas —agregué—. El lector siente si escribís con verdad o con ego. Y eso… no se puede plagiar. Narrado por Bianca Charlamos más de una hora. Hablamos de nuestras historias, de los personajes que creamos como si fueran parte de nuestra familia, de las noches sin dormir corrigiendo capítulos, del miedo al botón de “publicar”. Le conté que una vez lloré porque un lector me acusó de robarle una historia a otra escritora, sin siquiera haber leído la mía completa. Valeria me dijo que le pasó algo parecido. —Es como si la gente se olvidara que detrás de un avatar hay una persona —dije—. Una mujer que también siente, que se esfuerza, que sueña. —Y que no escribe por fama, sino por necesidad —agregó ella—. Porque a veces las letras son nuestra única forma de respirar. Narrado por Valeria Casi al final de la llamada, le propuse algo que ni yo sabía que iba a decir: —¿Y si escribimos algo juntas? Bianca me miró sorprendida. Sus ojos se iluminaron. —¿Como una historia a cuatro manos? —Sí. Una historia sobre el poder de las palabras. Sobre cómo pueden herir… o sanar. —Sobre cómo el ciberacoso puede destruir, pero también cómo la empatía puede reconstruir. Asintió. —Me encanta. Será como ponerle voz a todos los que fueron silenciados. Narrado por Bianca Colgué la llamada con una mezcla de emoción y orgullo. Emi me abrazó al instante. —¿Cómo fue? —Sanador —respondí—. Me sentí escuchada, comprendida. Como si por fin alguien hablara mi idioma sin necesidad de traducción. Valeria me enseñó que escribir no es competir. Es compartir. Es tender puentes, aún en medio del ruido. Narrador Obniciente Y así, dos escritoras que podrían haber sido enemigas se convirtieron en aliadas. Porque cuando se elige escuchar antes de juzgar, cuando se elige crear antes que destruir, la historia cambia. Y a veces, eso también es literatura.
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