La noche sobre Londres no traía descanso, solo un manto de secretos que pesaba sobre la Fortaleza Novak. Aurora permanecía de pie en el despacho de Alexander, con la pequeña pantalla de su teléfono iluminando su rostro pálido pero firme. La palabra "Navidad" seguía allí, brillando como un faro en medio de un naufragio. No era solo una palabra; era el código de su libertad, el susurro de un hombre que le había prometido que el mundo podía arder, pero que él siempre volvería por ella. —Sé que estás ahí —susurró Aurora al vacío de la habitación, sus ojos fijos en la oscuridad del jardín—. Sé que estás luchando. En ese momento, la puerta del despacho se abrió. Aurora bloqueó el teléfono con un movimiento fluido, una habilidad que había aprendido observando a Alexander durante años. Aidan e

