Habían pasado dos días desde que Alexander Novak emergió de las sombras del jardín, como un espectro de justicia, para ver cómo se llevaban a Aurora en la ambulancia. Dos días en los que, tras ese breve y sangriento encuentro, el León se había vuelto a sumergir en la clandestinidad de la Fortaleza, recuperándose de sus heridas y coordinando con Leo desde el búnker subterráneo. Durante esas 48 horas, la mansión había sido un hervidero de emociones contenidas. Con Aurora en el hospital y Alexander moviéndose como un fantasma por los pasillos de servicio para evitar ser visto por los infiltrados de la junta, Aidan y Lucía habían quedado al mando de la superficie. Y en ese tiempo, la tensión acumulada por años y el trauma de casi perderlo todo los había empujado al límite. No pudieron evitarl

