Capitulo 3

2036 Words
Mientras el sol comenzaba a ocultarse en el horizonte, arrojando un cálido resplandor sobre el estudio, Myunggi empacó sus cosas, organizando metódicamente su computadora portátil y sus papeles. Ya había tenido suficiente por hoy y no estaba dispuesta a quedarse más tiempo del necesario. Thangyu y Namg continuaron charlando, riéndose de las nuevas letras de rap que Thangyu estaba inventando, aunque, por alguna razón, el sonido de sus voces irritaba a Myunggi. No podía esperar para irse. Justo cuando se colgó el bolso del hombro, lista para salir, una mano firme la agarró del brazo y la detuvo. Myunggi se detuvo y giró la cabeza lentamente. Thangyu la miraba con una sonrisa en el rostro, pero había algo más profundo acechando detrás de su expresión despreocupada. —¿Ya te vas? —dijo Thangyu, su tono casi demasiado casual, una repentina sensación de renuencia en su voz que tomó a Myunggi por sorpresa. Myunggi alzó una ceja, confundida. —Sí, ¿y a ti qué te importa? —No esperaba que a Thangyu le importara mucho su partida. Thangyu no respondió de inmediato. Su agarre en el brazo de Myunggi se aflojó, pero se quedó allí un momento, buscando en el rostro de la mujer como si estuviera tratando de descifrar algo que no podía entender. La mirada no duró mucho, y antes de que Myunggi pudiera perderse en ella, liberó su brazo de un tirón. —Volveré mañana —dijo Myunggi con voz aguda pero definitiva mientras sacaba una vieja tarjeta de visita de su bolsillo—. Aquí está mi número, envíame un mensaje de texto si necesitas algo. —Se lo dio a Thangyu antes de que el hombre pudiera protestar, sintiendo una sutil presión para dejar las cosas lo más profesionales posible. Thangyu parecía complacido, aunque estaba claro por su renuencia a dejar pasar el momento que no estaba listo para ver a Myunggi irse. —Genial. Nos vemos entonces, —dijo Thangyu, sonriendo como si no fuera gran cosa. —Sí, lo que sea —respondió Myunggi secamente, pasándolo a un lado en dirección a la puerta. Thangyu se quedó en medio de la habitación, observando cómo Myunggi salía y cerraba la puerta detrás de ella. En el momento en que la puerta se cerró, la expresión de Thangyu cambió sutilmente. Una pequeña decepción se dibujó en su rostro, aunque rápidamente la ocultó con una mueca, como si no importara. Mientras tanto, la voz de Namg rompió el breve silencio de la otra habitación. —¿De verdad vas a dejarla ir así como así? —gritó, sonando un poco divertido, como si sintiera que algo no iba bien. Thangyu no respondió de inmediato. Se quedó mirando la puerta y la sonrisa de antes se desvaneció un poco mientras sus pensamientos se dirigían hacia el interior. Sacudió la cabeza, medio suspirando, medio riéndose de sí mismo. —Todavía no he podido escuchar su historia... Namg, que todavía estaba al otro lado del estudio, se rió entre dientes, pero no había ningún tono burlón en su voz. —Mejor suerte mañana, entonces, —dijo. Thangyu le hizo un gesto rápido y poco entusiasta con el pulgar hacia arriba antes de regresar lentamente hacia Namg, con la mente concentrada en la presencia de Myunggi. Incluso después de que la puerta se cerró, no pudo quitarse de encima la sensación de que esto era solo el comienzo de algo impredecible. °°° La imagen de Thangyu ante el público fue mejorando gradualmente bajo la atenta mirada de Myunggi. Las secciones de comentarios, que antes eran tóxicas, debajo de sus publicaciones ahora estaban inundadas de fanáticos que elogiaban sus nuevas canciones y lo promocionaban como si el escándalo nunca hubiera sucedido. A pesar de sí misma, Myunggi sintió una chispa de orgullo al ver los frutos de su trabajo. Tal vez este dolor de cabeza de trabajo no fuera tan insoportable como había pensado. Mientras tanto, Thangyu se había vuelto irritantemente familiar. Había desarrollado el hábito de pasar un brazo por los hombros de Myunggi, atrayéndola hacia su costado sin ningún motivo o envolviéndola en abrazos rápidos de la nada. —Estás rígida como el infierno, ¿lo sabías? —Bromeaba Thangyu, sonriendo mientras Myunggi intentaba liberarse. Myunggi lo atribuyó a que Thangyu estaba drogado la mayor parte del tiempo y lo ignoró. Aun así, eso no explicaba a Namg. Si bien el toqueteo de Thangyu era descuidado y juguetón, el de Namg parecía más intenso: palmaditas en el hombro que se convertían en agarres firmes, o la forma en que se inclinaba hacia Myunggi como si estuviera tratando de probar cuánto espacio podía invadir antes de obtener una reacción. Myunggi no se molestó en hacer comentarios. No estaba allí para meterse en los asuntos personales de nadie. Una noche, mientras los tres descansaban en el estudio después de un largo día, a Thangyu se le ocurrió la brillante idea de pedir cerveza y pollo frito. Le puso una lata en la mano a Myunggi con su sonrisa característica. —Vamos, te has comportado como una monja desde que llegaste aquí. Vive un poco, mujer. Myunggi suspiró, pero abrió la lata. —Una bebida y nada más. Si mañana empiezo a lidiar con más estupideces tuyas, te cobraré más. Thangyu resopló. —Sí, sí, señora negocios. Relájese, no soy tan malo. A medida que avanzaba la noche y las latas de cerveza se acumulaban, las líneas de los límites profesionales se difuminaban aún más. Thangyu y Namg hablaban tonterías sobre viejas rivalidades en la industria, se arrojaban huesos de pollo grasientos y se reían demasiado fuerte. Entonces Thangyu se volvió hacia Myunggi, todavía aturdido pero más agudo de lo que parecía, y volvió a hacerle la pregunta, la que Myunggi había logrado esquivar una y otra vez. —Oye... ¿vas a decirnos por qué desapareciste de Internet o qué? Myunggi hizo una pausa. La cerveza que tenía en la mano de repente le supo amarga. —Otra vez no —murmuró, pero esta vez no pudo evitarlo. —En serio —insistió Thangyu, acercándose al sofá—. Eres como un maldito enigma. ¿Qué te pasó? Namg no intervino en la conversación, se quedó mirando su lata mientras hacía girar el líquido. Myunggi lo miró y luego volvió a mirar a Thangyu, cuya expresión burlona habitual había dado paso a algo sorprendentemente genuino. Suspiró. —Bien. ¿Quieres saberlo? Un maldito acosador pasó. Un loco imbécil entró en mi apartamento, tomó fotos de mis cosas y comenzó a chantajearme. Cada vez que pensaba que se había terminado, volvían a aparecer como una pesadilla de la que no podía despertar. Se puso tan mal que Mina tuvo que ayudarme a desaparecer. La habitación quedó en silencio, salvo por el leve silbido del gas que escapaba de una lata. —Ni siquiera sabía si mudarme funcionaría —continuó Myunggi, con voz más tranquila—. Algunos días, todavía pienso que están ahí afuera, esperando el momento adecuado para volver a joderme la vida. —Bebió un sorbo de cerveza e hizo una mueca—. Por eso desaparecí. La sonrisa de Thangyu había desaparecido y había sido reemplazada por una expresión que Myunggi no podía identificar: algo entre la ira y la protección. —Dios mío —murmuró Thangyu, con un tono inusualmente serio—. ¿Por qué no hiciste público esto? ¿Llamaste a la policía o algo así? Myunggi negó con la cabeza. —¿Crees que no lo intenté? No les importó nada hasta que fue demasiado tarde. Namg permaneció inusualmente callado, apretando con fuerza la lata antes de tomar otro sorbo. Thangyu extendió la mano y la colocó sobre el hombro de Myunggi, su toque sorprendentemente suave en comparación con sus payasadas habituales. —Deberías habérmelo dicho antes. En serio. Eso es una mierda y no voy a dejar que vuelva a suceder. Myunggi lo miró parpadeando, sorprendida por su sinceridad, antes de quitarse de encima torpemente la mano de Thangyu. —Gracias, pero estoy bien. No necesito que nadie luche mis batallas por mí. Como si volviera a ser él mismo, Thangyu volvió a sonreír, pero la sonrisa no llegó a sus ojos. —Está bien, chica dura. Pero te estaré vigilando, te guste o no. El sol ya se había puesto oficialmente y Myunggi se puso de pie, estirándose. —De todos modos, debería irme. —Tonterías —replicó Thangyu, agarrándole el brazo con más fuerza de la necesaria—. Te quedarás aquí. Es tarde como el infierno y no voy a dejar que salgas caminando así. Myunggi frunció el ceño y se soltó. —Estoy bien, Thangyu. No soy una chica indefensa a la que tengas que proteger. Déjalo ya. Antes de que pudiera dar otro paso, la mano de Thangyu se disparó, agarró su muñeca y tiró de ella hacia atrás con suficiente fuerza para hacer que Myunggi se tambaleara levemente. El agarre de Thangyu era firme, casi le hacía daño, sus ojos se clavaron en los de Myunggi con una intensidad que la congeló en el lugar. —Ya basta. —La voz de Thangyu era baja, casi un gruñido. Dio medio paso más cerca, su presencia era desconcertantemente abrumadora—. Después de la mierda que nos acabas de decir, ¿crees que te voy a dejar salir de aquí sola? ¿Estás loca? Myunggi luchó por liberar su muñeca, su irritación aumentaba rápidamente, aunque el latido de su corazón traicionaba algo más cercano a la inquietud. —Suéltame, —espetó. Namg se puso de pie, acercándose con las manos levantadas en un gesto tranquilizador, rompiendo la creciente tensión como un cuchillo. —Oye, oye, con calma. —Su voz era suave pero firme. Le dio a Thangyu una palmada en la espalda, suficiente para llamar la atención del rapero. —Relájate, hombre —dijo Namg, con un tono que se convirtió en un encanto casual—. No quieres asustarla, ¿verdad? Solo dale un poco de espacio. Está bien. Todos estamos… borrachos y dramáticos en este momento. —Retiró suavemente la mano de Thangyu de la muñeca de Myunggi, ofreciéndole a Myunggi una leve sonrisa tranquilizadora—. ¿Ves? Todo bien. Pero deberías quedarte —agregó con facilidad. Myunggi se frotó la muñeca y miró a Thangyu con los ojos entrecerrados. —Está bien. Me quedaré en el sofá —enfatizó con firmeza, con la voz entrecortada—. Sola. En un instante, la actitud de Thangyu cambió por completo. Sus labios se curvaron en una sonrisa brillante y su agarre sobre Myunggi pasó de ser un agarre a unas palmaditas suaves en el hombro, como si de repente todo volviera a la normalidad. —Por supuesto que te quedas, —dijo Thangyu, su tono era tan despreocupado y encantado que casi resultaba discordante en comparación con su intensidad de momentos antes. Se dejó caer de nuevo en el sofá y tiró de Myunggi para que se sentara a su lado como si los últimos minutos no hubieran pasado. —Vamos. No puedes irte antes de escuchar este verso que se me ocurrió antes —dijo Thangyu, mientras buscaba algo en su teléfono. Myunggi parpadeó ante el rápido cambio, tratando de recalibrar. En un momento Thangyu era terriblemente posesivo y ahora actuaba como un cachorro sobreexcitado. Era un latigazo cervical en su forma más pura, dejándola medio confundida y completamente molesta. Namg se apoyó contra el respaldo del sofá y le dio a Myunggi un encogimiento de hombros relajado, como si dijera: " Simplemente déjalo pasar". El resto de la velada se fue normalizando, pero el recuerdo del agarre de Thangyu y la extraña ferocidad en sus ojos se quedó grabado en Myunggi, incluso cuando Thangyu se reía y bromeaba como si nada hubiera pasado. La forma en que Namg intervino con fluidez tampoco pasó desapercibida: había una facilidad practicada en la forma en que manejaba la situación, casi como si no fuera la primera vez que calmaba uno de los arrebatos de Thangyu. A pesar de sí misma, Myunggi tomó nota mental: quedarse no era el problema. Lo que le preocupaba era evitar que las cosas se complicaran.
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