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1809 Words
—Yo creo que comenzaré a ir al gimnasio ese que mencionan tanto en las r************* . Las personas dicen que es muy bueno y que nadie se arrepiente después de ir —escuché decir a Evan mientras le acompañaba hacia el estadio de fútbol de la universidad, ya que tenía entrenamiento y en algún momento tendría que darle atención al pobre. Cruzábamos los pasillos largos de la universidad, viendo a los estudiantes charlar entre ellos y otros ingresando a sus respectivas clases en esa mañana. —¿De que gimnasio hablas? —pregunté curiosa. Yo no era fanática del ejercicio y nunca me había animado verdaderamente a hacer una rutina diaria, o mantener una dieta establecida. Al siguiente día se me olvidaba que tenía un compromiso con mi cuerpo y terminaba por rendirme ante la idea de ser fitness. No era parte de mi. Sin embargo, era curioso que las personas no se arrepintieran de ir a un gimnasio tan popular. Seguramente la cuota te costaría un ojo en casos como esos. —El que está a varias calles de aquí, del que tanto hablaban las locas psicópatas —comentó y fruncí el ceño—. Ah verdad, tu no estás en esos grupos. Bendecido sea el cielo —agradeció mirando al cielo y rodé los ojos—. Esta frente al lugar ese que fuimos dos veces a comer unos tacos mexicanos, ¿recuerdas? Viajé entre mis recuerdos a la vez que me invitó a comer esa comida que no tenía la menor idea de que tenía y me ubiqué. —Ah si, ya recordé —asentí y justo en ese momento pasó un estudiante un tanto apurado con unos papeles en la mano; su mirada cayó con la mía por unos segundos al mismo tiempo y pude notar en el poco tiempo que tuve que llevaba un polo rosado que le quedaba bien. Sus ojos eran color avellanas y su cabello castaño estaba un poco corto. Seguimos caminando como si no hubiese pasado nada, pero por alguna razón le había visto un atractivo sencillo, como de esos que no vuelves a ver jamás. —No lo sé, pero, ¿que tal si me acompañas? —preguntó, llamando mi atención y le miré como si acabase de ignorarlo. —¿Que dices? —¿No me estabas escuchando? —levantó una ceja y tuve que subir la cabeza para poder verle a sus azulados ojos. —No, digo si —me corregí rápidamente y el negó indignado—. Si quiero ir a ese gimnasio contigo. Me miró de reojo antes de retomar el camino. —¿Por qué?, no te gusta. —Pero me acabas de decir... Agh —resoplé y lo ví detenerse frente a un salón; se quedó mirando hacia el interior por unos segundos—. ¿No debíamos ir rápido al estadio?, tengo ganas de ir al baño. —Por Dios, Amy, ¿cuantas veces voy a tener que repetirte que no puedes entrar al baño de los vestidores? —cuestionó sin mirarme y me crucé de brazos. —¿Que tiene de malo?, es un baño. —Por que esos baños no son seguros y hay demasiados idiotas ahí, justamente por eso. ¿Quieres que te graben mientras haces tus necesidades?, no puedo estar de guardian todo el tiempo —esta vez me miró severo y abrió la puerta del salón—. Espérame aquí, voy a entregarle algo al profesor. —Entonces mientras haces eso, iré al baño, para que no tengas que ser un guardián —dije y me di la vuelta con intenciones de ir al baño, pero claramente estaba molesta por lo que había dicho. Yo podía hacer lo que se me diese la gana y no necesitaba de ningún hombre para lograrlo. En medio de mi burbuja de mal humor, terminé chocandome con alguien al dar con una esquina para llegar a los cubículos más cercanos. Cuando volví en mi misma, me di cuenta que tenía enfrente una camisa rosada y unos ojos que reconocí al instante. —Disculpa —respondió con una sonrisa perfilada de delgados labios, antes de recoger las hojas que se le cayeron y lo miré fijamente todo el tiempo. —La próxima vez no camines tan rápido —fue lo único que se me salió de los labios sin control y cuando me marché fue que me di cuenta de mi comportamiento poco apropiado, cuando yo tampoco me había fijado. Claramente no había sido su culpa y lo traté de la peor forma posible por qué no estaba consciente, pero ya no me daba para devolverme y pedirle disculpas por haberle hablado así. Seguramente me creería una horrible persona por lo que hice. Respiré profundo y continué mi camino, para hacer lo que necesitaba y me paré enfrente del espejo del lavamanos, después de terminar de asear mis manos. Alguien ingresó justamente en ese momento y eran dos mujeres. De todas las personas que no me quería encontrar, justamente tendría que ser en un espacio cerrado. Aunque mantenía distancia con las personas, era bastante buena fingiendo y haciendo creer a las personas lo que yo creía. Había aprendido eso desde niña, cuando mis padres peleaban y yo resultaba herida en sus ataques de ira. Era buena mintiendo a mis profesores, a mis padrinos, a mis compañeros, a la familia de mis padres, incluso a las personas que no era necesario hacerlo, como a Lucas. Quien me apoyaba en todo lo que necesitaba y en vez de criticar, lo que hacía era darme consejos y un enorme envase con licor y dulces, de esos que no puedes simplemente ir a comprar en un lugar o que sea un cóctel, ya que solo él sabía cómo hacer el suyo. Con uno solo lograbamos perder la cabeza en la alfombra de su habitación. Mi mejor amigo Evan era más esa parte de mi que me hacía sentir protegida y con quién podía comportarme como un hombre, ya que ambos eramos unos desvergonzados. Jugábamos fútbol, aunque no supiese hacerlo y hablábamos de las mujeres como dos chismosos. Lo contrario con Lucas, quien era más mi aura femenina y los amaba a los dos por igual. Nunca logré congeniar del todo con las mujeres, como si no pudiese encajar en lo que ellas creían. Empezando por la mujer que fingía ser mi amiga, cuando en realidad era lo contrario. Nos usábamos mutuamente y seguramente ella creía que yo era ingenua, pero mantenerla en línea recta me ahorraba muchos problemas de envidia y malas intenciones. Ser una mujer muy sociable y atrapa hombres, la convertía en una persona un tanto venenosa, por lo que llevar la mala era una pésima idea para mi. Siempre la usaba a mi favor cuando era necesario. —Amy, cariño —dijo con su voz aguda como un pitido insistente en los oídos y dejó a las dos mujeres que le seguían como perros falderos, para darle un abrazo desde la posición en la que me encontraba. La observé a través del espejo y sonreí suave, no demasiado forzado, para no darle ideas equivocadas. —Gwen, hola. —Te ví hace un rato, chocaste con alguien, ¿no? —se recostó en el lavamanos, mientras sus secuaces entraban al baño. —Si, un idiota que no miraba por donde iba —ella negó y sonrió. —Tu no cambias, ¿no?, tal vez se chocaron por una razón —levantó los hombres. —Suenas como Lucas —rodé los ojos. —Y tal vez tiene razón, eres muy solitaria a pesar de que te la pasas con hombres. Y no cualquier hombre, ¿no? —me dió una mirada llena de significado, pero no lograba enterarme de que me trataba de decir—. Tienes a tu mejor amigo Evan, que es un hombre por el cual muchas mujeres babean y muchas te tienen envidia. Fruncí el ceño—. ¿Como?, ¿Como es eso de que me tienen envidia? —Por que aúnque traten de hacerse amigas de él, siempre vuelve contigo. —Somos muy buenos amigos, no tengo la culpa de no tener un deseo s****l por él y que él me evite por eso —levanté los hombros y ella suspiró. —Es difícil tratar contigo, pero si. Además, eres amiga de un jugador de fútbol americano de la universidad, lo que significa entrada fácil a sus entranamientos y lo que significa también que puedes estar cerca de Matt, para ellas, pero —se acomodó el cabello mientras se veía en el espejo, no intenciones de marcharse y yo también quería alejarme de ella—. ¿Te conté que estoy saliendo con Matt? La miré de reojo—. Todo el mundo lo sabe. —Agh —se quejó—. Gente chismosa, como vuelan las cosas. Traté de no rodar los ojos por su intento de parecer digna, pero sabía que ella misma se había hecho cargo de que todos supiesen que Matt se había interesado por ella. Era el quarterback de nuestra universidad, era imposible que las personas no se enterasen que él estaba liado con ella. No había una clase de status de fama en la universidad, pero uno se hacía notar de alguna forma con lo que hacía. Todos nos enterabamos de todo, empezando por el hecho de que habían grupos y páginas, como las de las locas psicópatas, donde se compartían acontecimientos grandes. Era una universidad demasiado grande y los estudiantes vivían dentro de ella, tenían sus comercios y lugares a donde ir. Las fraternidades e incluso un centro comercial. Era más que un simple colegio donde a nadie le importaba nada, era parte de la experiencia de ser universitarios libres hacer lo que se les fuese la gana y ser demasiado liberales. —Debes estar preocupada por las locas piscopatas —dije y me miró enseguida. —Por Dios, Amy, soy la líder de las locas psicópatas, no pueden ni intentar algo aunque quisieran —aclaró y asentí no muy convencida. Estaba segura de que ella no era la líder solamente, al menos eran unas diez mujeres que podía recordar por las cosas que hacían y que de una vez llamaban la atención, por lo que si podrían tratar de sabotearla. Ella no era muy buena persona con todo el mundo, que digamos, pero era increíble que saliese justo con el quaterback, sabiendo la reputación que tenía Matt en cuanto a las mujeres. Nunca se le había visto con mujeres más de una vez y ellas no solían ser muy conocidas, de hecho, aprecian Ángeles que luego terminaban siendo saboteadas por qué las mujeres antiguas y nuevas que ingresaban a ese grupo de psicóticos, buscaban la forma de conseguir lo que querían con él. O aquellos a los que alababan allí.
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