Actualidad
Mikael
Mierda. Es que no puedo creerlo. Ver a Katherine parada bajo la lluvia mientras la lluvia jugaba sobre su ropa y los tenues rayos de la luna se reflejaban en su perfecta piel me dejó sin aliento. Creí que era una mala jugada de mi cabeza, de mi corazón que la extrañaba, que no dejó de pensar en ella ni un puto día pero era ella, de carne y hueso. Esa carne que siempre he deseado y no pude tener.
Me maldigo internamente por ser tan imbécil y dejar que su mirada horrorizada, de una gacela que corre asustada por el bosque antes de ser devorada por un carnívoro hagan mella en mí, me manejen a su antojo. "Pero ya no soy un mocoso de veinte", me replanteo. Soy un hombre hecho y derecho. He pasado por mucho para llegar adonde estoy y no permitiré que ella ni nadie quiebre el delicado equilibrio que he intentado establecer para mi vida que para mi, es perfecta. Follo con quien quiero y cuando quiero, viajo, me compro lo que me gusta, no debo rendirles cuentas a nadie.
La melodía de la canción que al final si puse para relajarme en el camino a casa me envuelve repentinamente:
"Me estoy hundiendo y esta vez me temo que no hay nadie para salvarme
Este todo o nada realmente consiguió una manera de volverme loco
Necesito a alguien para sanar, a alguien para conocer
alguien a quien tener, alguien a quien abrazar
es fácil de decir pero nunca es lo mismo
supongo que me gustó un poco la forma en que adormeciste todo el dolor.
Ahora el día sangra hasta el anochecer
Y tú no estás aquí para ayudarme a superar todo esto.
Bajé la guardia y luego me abandonaste
me estaba acostumbrando a ser alguien a quien amabas.
Me estoy hundiendo, y esta vez me temo que no hay nadie a quien acudir
Esta manera de "todo o nada" de amar me tiene durmiendo sin tí
Ahora necesito a alguien para conocer, alguien para sanar,
alguien a quien querer, simplemente para saber como se siente
Es fácil decir pero nunca es lo mismo,
supongo que me gustó un poco la forma en la que me ayudaste a escapar.
Y tiendo a cerrar los ojos cuando a veces me duele, caigo en tus brazos
estaré a salvo contigo hasta que me recupere"
La observo de reojo mientras ella va apoyando su cabeza en la ventanilla. Gruesas lágrimas salen de sus hermosos ojos miel que me hechizaron apenas los ví. Sé que le está llegando la letra, sé que está prestando atención a lo que Lewis canta, porque siempre le gustó analizar las letras de las canciones. Las calles están hechas un río y el frio de afuera se instala en el interior. El agua chorrea de su cuerpo mojando el asiento de fino cuero y la alfombra que me costó un ojo de la cara, pero no iba a dejarla allí tirada en medio de la calle y de la noche.
Siempre estuve allí para ella...hoy no seria la excepción, así mi corazón siguiera abierto por la herida que me dejó.
Hace 15 años
El Ruso
Intento calmar a la chica, tiene la cara bañada en lágrimas que no paran en ningún momento, los restos de hollín en la cara la oscurecen en ciertas partes y de esta manera sus ojos claros resaltan cuando eleva la mirada hacia donde estoy. Voy caminando despacio para llegar a ella, susurrándole palabras de calma que no sé de donde me salieron. Yo no soy así, no tengo idea de que cosas se dicen o hacen en situaciones como esa. A mis veinte años no he establecido una relación formal o estable con ninguna mujer así que ni puta idea de como tratar a esta damisela en apuros. Para mí es fácil llamar a la policía y dejarla allí hasta que lleguen pero algo me impide hacerlo. No sé si es su mirada horrorizada, su convulsionado cuerpo mientras se abraza a sí misma o la piel que está exponiendo. Toda la parte de arriba ha sido arrancada de un jalón dejando su sostén al aire pero también partes de éste han desaparecido y sus senos se ven suaves y níveos. El pantalón está abajo y puede apreciarse una tira de sus bragas color rosa. Trago saliva y respiro hondo para evitar que me inunden pensamientos obscenos. ¿Qué mierda estoy haciendo? ¿Cómo me metí en esto?
—Katherine...—le repito y ella recién parece escucharme.
Me mira intentando cubrirse y sé lo que tengo que hacer. Me quito la chaqueta y estiro lo más que puedo el brazo para extendérsela intentando no acercarme demasiado pues ella está en shock y muy asustada.
—Cúbrete, Katherine —le ordeno pues ella solo se queda mirando.
—Voy a acercarme, ¿ok? No te asustes...ellos ya se fueron —digo en voz baja.
Avanzo un par de pasos y al ver que ella no retrocede, llego adonde está y con un movimiento rápido la cubro con mi chaqueta. Ella parece sorprendida pero no hace nada, solo continúa sollozando y temblando.
—Llamaré a la policía. ¿Quieres que llame a alguien más? —le pregunto mientras saco mi teléfono del bolsillo.
—No...no, por favor... —logra decir con voz trémula la cual que me hace cosquillas a lo largo de mi columna.
—Entonces...te llevo a tu casa —ofrezco intentando no mirarla pues es extraña la sensación que me recorre al estar por primera vez cerca de ella.
Recién observo de cerca el color de sus iris, son como la tierra seca y fructífera de la ciudad en la que vivimos, Montecristo. ¿Por qué no había notado lo hermosa que es?. ¡Ah, cierto!, por su forma de actuar y vestir. Y porque Nick prohibió que siquiera la miráramos. "A la mierda Nick", me digo internamente. Puedo parecer estúpido y hacer muchas cosas que me ordena pero no soy su títere, tengo mi propio pensar y actuar.
—No, no puedo ir...así... —replica mirándose y haciendo que mi vista también la acompañe.
—Entonces...¿adónde quieres que te lleve? —le consulto y ella levanta su mirada descubriéndome en el acto de observarla fijamente.
—¿Podrías...podrías dejar de mirarme? —me pide y me embarga una sensación de vergüenza. "¿En qué mierda estaba pensando?" La chica acaba de pasar por una situación traumática y yo solo pienso en...pienso en...
—Yo...lo siento. No fue mi intención —le digo con gran carga de sinceridad.
—¿Me llevas a tu casa? —pregunta inocentemente.
—¿Quéé? ¿Por qué? —musito incrédulo.
—Es que no quiero que mi padre me vea así...y no quiero que nadie se entere...¿podrías guardar el secreto?
—No quiero meterme en problemas...lo mejor sería que denuncies a esos malvivientes —le aconsejo. Ella niega tenuemente con la cabeza.
—No te preocupes...solo será por esta noche, por la mañana desaparezco de tu vida y hacemos como que no pasó nada; ¿es un trato? —pregunta descaradamente como si este fuera momento de hacer acuerdos:
—No lo sé... —me rasco la nuca intentando pensar en las opciones pero por primera vez estoy hueco.
—Por favor. No habrá problemas, te lo prometo. Tampoco van a enterarse tus amigos del equipo que has estado conmigo y me defendiste.. —me quedo perplejo pensando en lo que quiso decir...¿es que acaso sabe de las listas?
—Está bien. Vamos, mi auto está a un par de cuadras de aquí —le digo sin pensar mucho adelantándome para evitar mirarla como lo estaba haciendo.
Escucho sus suaves pasos inseguros detrás, me aseguro de que los malvivientes no se encuentren cerca deteniéndome repentinamente sintiendo su cuerpo chocar contra mi espalda.
Giro para enfrentarla y ella retrocede levemente abriendo grandes sus ojos, ¿acaso me tiene miedo?
—Disculpa, no quise asustarte... —intento calmarla con el tono más suave que encuentro. Debo entender, acaba de pasar por una situación terrible.
—P-perdona tú...yo...aun estoy nerviosa...—explica como si no me diera cuenta.
—No hay problema. Vamos, por aquí. —le indico y camino intentando seguir su ritmo pausado. Ella sonríe tenuemente y puedo ver en su mirada lo agradecida que está. Pero yo no quiero su agradecimiento, quiero más, mucho más.