La puerta se abrió de repente. —Listo, el profesor O'Brien vendrá en cuanto sal… —Bethany dejó la frase a medias al verme levantada—. ¡Oh por Dios! ¿Qué haces de pie? —se acercó deprisa y me sujetó del brazo para ayudarme a llegar a la ventana. Tomé el móvil que me entregaba mi amiga y disqué un número. —¿A quién llamas ahora? —preguntó. —A alguien que me va a ayudar a tumbarle la máscara a esa arpía. —¿De qué hablas? ¿Podrías explicarme? Porque no entiendo nada. Levanté la mano para pedirle que guardara silencio. Luego de algunos segundos y dos repiques, una voz entrañable me saludó. —Mi Reina —era la voz de Adrián. —Mi niño hermoso —contesté sin poder ocultar mi evidente alegría. —Ya tengo todo listo. Viajaré a Londres mañana —comentó con euforia. Sabía que mi amigo viajaría en

