Desperté a la mañana siguiente y lo primero que hice fue tomar mis medicamentos, como debía ser. El silencio reinó en el departamento. Me levanté de mi cama y salí de mi habitación. Benjamín no estaba en el sofá, así que supuse que tal vez se habría ido a recoger sus cosas en el hotel. Caminé hacia la cocina, con la esperanza de encontrar algo de comer ya preparado, pero no tuve suerte. Mi estómago rugió exigente. Como pude, me preparé un sándwich. Oí unas risillas provenientes del cuarto de Bethany, imaginé que ya estaría despierta viendo televisión. Abrí la puerta para darle los buenos días… —¡Oh por Dios! —dije al entrar y darme cuenta de que no estaba sola. Me di la vuelta y cerré la puerta de golpe, me mantuve de pie por unos segundos frente a la puerta, mientras mi cerebro proce

