No podía creerlo. Era demasiado bueno para ser verdad y temí por el momento en que la vida comenzara a pasarme factura por ser tan benévola conmigo. De verdad tenía un ángel en el cielo que me amaba, como me dijo mi mejor amigo en una ocasión, pues no entendía nada. Era como si el cosmos conspirara para que me sucedieran solo cosas buenas. Y no es que me quejara, pero hay una frase que mi madre siempre dice: “después de un gusto, viene un disgusto”. Solo esperaba que dichos disgustos no llegaran nunca. «¿Esto está sucediendo de verdad?», pensé. —¡Andando! —dijo él y me soltó. Una enorme sonrisa se dibujó en sus labios. Asentí y dejé que él caminara delante de mí. Yo lo seguí. Llegamos al Taller siete y allí nos esperaban algunas personas más. Entre ellos estaban Emily y Harry. Me acerq

