Una voz perturbó mis sueños. Abrí mis ojos de golpe. —¡Arriba! ¡A levantarse! —Fulminé a Bethany con la mirada—. ¡De pie! No querrás llegar tarde a tu primer día de clases. Estiré mi mano en busca de mi móvil, vi la pantalla y me di cuenta que aún no se actualizaba con la hora local de Londres. —¿Qué hora es? —Pregunté. —Seis menos treinta. Me levanté con premura y me preparé para un magnífico primer día de clases en LAMDA. Salí de mi cuarto y vi como Bethany corría de un lado a otro. —¿Estás lista? —Me preguntó. —Creo que sí —le respondí con algo de duda. —Desayunaremos en la academia —dijo con algo de angustia. ¡Wow! ¡LAMDA! Aún no me lo creía. Me puse mi abrigo, tomé mi bolso y salimos del departamento. El auto de Bethany era rojo. Antiguo, pero en buen estado. Sin perder t

