Una rubia se bajo de un avión privado, en compañía de un hombre elegante y hermoso. No era cualquier mujer, sus ojos claros, su porte, su elegancia, su andar. Era claro que era una mujer con mucho dinero, poder, pero sobre todo inteligente. Las personas se le quedaban mirando, como hipnotizados por su andar, por la firmeza de sus pasos y por el hombre que veía escoltándola, era llamativo, atractivo, sensual. —¿Por qué volver ahora? Justo cuando... —Cuando tenías a Kikky en tus manos. —Si, me la arrancaste de las manos. —Y es un favor que le hice, Julián. Esperaban afuera del aeropuerto, mientras llegaban camionetas negras por ellos, Ana se quito las gafas y miro fijamente a Julián. —Si no la vas a amar, déjala en paz. Ella no es como tu o yo, que soportamos y aguantamos la mierda

