Carolina estaba terminando de tomar una ducha, cuando su nuevo teléfono sonó. Tenía la esperanza de que la llamada fuese de alguno de los trabajos para los que se había postulado. —Buenos días. —Angelito, angelito, decidiste volver por este demonio que espero pacientemente. El teléfono cayó al suelo, todo su cuerpo quedo completamente congelado, sus mejillas sonrojadas por el agua caliente estaba pálidas. No pudo moverse, no pudo hacer nada más que tirarse al suelo a llorar, cuando creyó que ese hombre la iba a dejar en paz, regreso para golpearla fuerte en la cara, como si el dolor de estar lejos de Thomas sabiendo que estaba en los brazos de otra no fuese suficiente dolor. No se dio cuenta de cuanto tiempo lloró, pero solo se le ocurrió vestirse y llamar a Camila. Tal vez ella sa

