Carolina estaba de pie frente a la puerta de la terminal, por la salida 5, la más alejada de todas. En ese momento no tenía miedo de ser vista por nadie, estaba sumida en un infierno y nada le importaba, no tenía miedo, solo sentía dolor. Vio un auto n***o, de esos que usan los ejecutivos, se detuvo frente a ella y de allí bajo Camila, estaba muy bien abrigada, pues la nieve comenzaba a caer en Chicago, se miraron a los ojos y sin decirse nada se abrazaron tanto como se necesitaban. Eran como hermanas, eran todo lo que tenían, y las lagrimas hicieron parte de ese abrazo, estaban haciendo catarsis a su dolor. El llanto era profundo en ambas, era como si un pedazo de sus almas estuviese perdido. —Tía Nina —la voz del pequeño Miguel las hizo depararse. —¡Mi ratón! —Dijo Camila emocionada

