El matrimonio pasó el resto de la tarde hablando respecto a la situación de su hijo y lo que ahora podría producir la obligada visita al campestre, mejor dicho, George le reclamó a su esposa lo incensario que fue y se aseguró de dejarle muy claro que toda esta situación había sido responsabilidad exclusivamente de su insistente iniciativa.
Rachel no pudo más que guardar silencio al ver que su esposo estaba siendo muy enfático y aunque al inicio intento justificarse y hasta debatir los aparentemente absurdos argumentos que le estaban dando, al final, supo que por más que quisiera deslindarse de cualquier responsabilidad en el fondo debía comprender y aceptar que nada de lo que paso o estuviera por pasar hubiera sucedido si ella no se hubiese empecinado en llevarlo con el absurdo pretexto de evitar que siguiera hundiéndose en esa tristeza que ya comenzaba a preocuparlos.
- Qué podemos hacer?- cuestionó la mujer apenas George terminó su largo y excesivo repertorio de reproches.
Pero ante esa pregunta, el hombre quedó boquiabierto, si bien, en un par de ocasiones durante su acalorada conversación pudo dilucidar el arrepentimiento y la oculta aceptación en Rachel, de nuevo volvía a su absurdo cometido de intentar solucionar el problema que venían acarreando desde hace un año, y resultaba increíble que no entendiera que su intervención era la peor parte de esa situación, por lo que al pobre hombre no pudo más que voltear a verla con la boca y los ojos abiertos mientras negaba con la cabeza, sin embargo, ya no le iba a permitir que siguiera empecinada en continuar con su cruzada.
- Nada, no haremos nada!!- sentenció con mucha firmeza pero ahora si iba a intervenir y no permanecer al margen como lo había estado haciendo desde que el diagnóstico de la paraplejia de Hunter fue dado por el médico, ahora si iba a detener los avances de su esposa, aunque eso significara más discusiones- y tú, sobre todo TÚ, no harás absolutamente nada, no iras a verlo a su habitación, no intentaras sacarlo de su recámara, no traerás amigos o gente para intentar distraerlo, no lo invitaras a ver una película contigo, no le contaras lo que ocurre allá afuera y mucho menos le hablaras de los rumores o eventos sociales.....TÚ NO HARÁS NADA!!, me oíste, te lo prohíbo!!!!- exclamó George mientras caminaba hacia ella totalmente serio y señalándola con el dedo.
El no era un hombre que actuara de esa manera, para ser honesto, de lo único que podían acusarlo es de ser un hombre demasiado consecuente con su esposa e hijo, a quienes había complacido excesivamente, lo cual no fue difícil gracias a su gran fortuna pero la permisividad para con Rachel ya había llegado demasiado lejos y justo en este momento resultaba contraproducente por lo que ahora si iba a imponerse de alguna u otra manera, era por el bien de su hijo.
- Al menos yo estoy haciendo algo!!!- increpó Rachel sumamente indignada, como si lo que George acabara de decir fuera una total y absoluta mentira, y quizás no era totalmente responsable de todo, pero su incansable insistencia porque Hunter creyera que su vida iba a continuar como antes del accidente era ya excesiva, al menos para ellos, que sí entendían que nada de lo que él conoció iba a continuar tal cual, si resultaba agotador la negación absoluta en la que la mujer deseaba vivir.
- Y vas a dejar de hacerlo!!!, ya vas a detener esta estúpida locura en la quieres vivir!!!- exclamó un poco más frustrado al notar que Rachel tenía toda la intención de defender su postura- ya vas a dejar a tu hijo en paz!!!!.....entiende de una vez, carajo!!!!- concluyó exaltado pero necesitaba que esto terminara por el bien de Hunter.
- No vuelvas a gritarme, porque lo único que estoy haciendo es tratar de ayudar a mi hijo para que continúe con su vida normal!!
- Normal?!, normal?!- George ahora si la miró como si estuviese hablando con una pobre loca de algún hospital psiquiátrico, sin embargo, probablemente si habría perdido la razón y no se habían dado cuenta- normal?!....jah.... que carajos de todo esto te parece normal?!- grito frustrado por la necedad de Rachel- qué carajos crees que es normal?!.....Hunter, TU hijo no va a tener ya una vida normal!!!!, al menos no como la concia, entiéndelo de una vez!!!, él no va salir por la mañana para ir al trabajo sin tener que pedirle ayuda a alguien!, él no va salir a bailar con su novia!, él no va a llegar mañana con la noticia de que se va a casar!.....él no va a tener una relación normal con una mujer!, él no va a poder disfrutar del sexo con normalidad!......por más que tu insistas eso no va a suceder y entre más pronto lo entiendas será mejor!....ya para de querer creer que él no se ha dado cuenta de que su vida cambio!....ya para, qué acaso no ves que lo único que haces es demostrarle una y otra vez que su vida ya no es normal!!!....si quieres, si de verdad quieres ayudarlo déjalo que viva esto a su modo y a su tiempo, dale espacio, déjalo respirar!!!!- pidió tan sobrepasado por el coraje que George estaba a punto de llorar.
El hombre ya ni siquiera espero una respuesta, con la mirada de asombro de Rachel por los gritos que soltó fue suficiente para él y acto seguido abandonó la habitación azotando la puerta con tal rabia que el portazo retumbó por toda la planta, afuera apenas y fue capaz de soltar un hondo suspiro, quería gritar o golpear algo por el coraje que cargaba, aunque no había modo de hacerlo sin agravar su ya tambaleante situación.
Sin embargo, sus emociones, si bien tenían que ver con Rachel y su impertinente actitud, más que nada tenían que ver con aquello que le contó que ocurrió en el campestre con esas mujeres, odiaba pensar que su hijo se vió expuesto a ese cruel acto y odiaba más ser consciente del irreparable efecto que causaron en un hombre que hace poco más de doce meses lo había tenido todo, dinero, atractivo, elegancia, mujeres, carros y un mundo a sus pies, un mundo que ahora se esfumaba frente a sus ojos, aunque ante eso su impotencia por no poder hacer nada al respecto era lo que más lo torturaba.
Y efectivamente, no podía hacer más que aguardar a ver el resultado de esta travesía que hoy se le había ocurrido a Rachel, por lo que se fue a dormir a la habitación de huéspedes, una recamara que últimamente visitaba mucho, gracias a las constantes peleas que mantenía con su esposa.
A la mañana siguiente, la temida reunión en el comedor para el desayuno finalmente tuvo lugar, el hombre bajo evidentemente desvelado y con un semblante que demostraba preocupación, apenas y saludó a su esposa, quien ya se encontraba ahí, con un gesto de cabeza y una mueca de la cual sería difícil de descifrar si era de desagrado o un intento muy pobre de sonrisa, y tal como lo sospechó, su hijo no se encontraba ahí, aunque con regularidad llegaba un poco después de lo agendado.
George tomó asiento y se colocó la servilleta en el regazo, en el más absoluto silencio, bajó la estricta, aunque, disimulada mirada de Rachel, quien lucía muy indignada, como si ella debiese ser la merecedora de una disculpa, y para fortuna del hombre, el servicio no tardó en llegar con los alimentos dispuestos, así se evitarían otra desagradable discusión cuando la mujer empezara a reprocharle su inaudito proceder de la noche anterior.
- Ya le avisaron a Hunter que el desayuno esta listo?!- cuestionó Rachel bastante confundida pues el servicio de sobra sabía que los alimentos no eran servidos hasta que todos los integrantes de la familia estuvieran sentados a la mesa.
- Por supuesto señora, pero el joven dijo que no tenía hambre y que no deseaba reunirse con ustedes- sentenció el ama de llaves con mucha serenidad, aunque la respuesta que obtuvo de Hunter distaba mucho de la que acaba de dar, pues en realidad aquello que escucho fueron gritos y algunas groserías que desde luego no iba a repetir.
- Qué?!- exclamó Rachel evidentemente confundida, a pesar de que a los desganados ojos de George no había razón para estarlo, él si sospechó que esto iba a suceder, ahora solo queda ver hasta donde llevaba su esposa su imprudencia y necedad.
- Así fue, el joven Rosenthal dijo que no deseaba presentarse al desayuno- repitió con una fingida sonrisa pues si algo tenían prohibido era hablar mal de Hunter y más con su actual condición.
Rachel clavó los ojos en todos los presentes mientras su ceño se contraía a cada segundo, ella no podía concebir que esa respuesta fuese verídica, así que evidentemente, y muy a pesar de George, necesitaba confirmarlo.
La mujer se levantó de su asiento rápidamente, sin embargo, su esposo fue mucho más ágil y sin demora la detuvo del brazo, jalándola sutilmente hacía abajo, obligándola a sentarse, ante lo cual el servicio salió inmediatamente del gran comedor, a pesar de que los alimentos no habían terminado de servirse, pero sabían que esto se iba a tornar en otra discusión, en la que no debían estar presentes.
- No vas a ir a ningún lado- sentenció George presionando ligeramente la muñeca de su esposa contra la mesa- creo que anoche te lo dejé bastante claro....... déjalo en paz!- pero la forma tan enérgica en que la miraba parecía que más que una orden era una amenaza, Rachel lo miró sumamente contrariada, en realidad podía decirse que se encontraba entre sorprendida y molesta no solo por la forma en que le dijo aquello sino más que nada por la firmeza en que le hablaba.
La mujer no creyó que George mantendría la misma postura que la noche anterior, regularmente cunado discutían por alguna de sus intervenciones, al día siguiente todo volvía a la normalidad, ella volvía a sus constantes intentos de tratar de alegrar o mejorar el estado de ánimo de su hijo, mientras su esposo permanecía al margen hasta la nueva pelea, pero en esta ocasión, al parecer, eso no iba a suceder.
- Siéntate!!- repitió al ver que Rachel volvía a hacer amago de actuar.
- No voy a dejar que mi hijo se quede sin comer!- reclamó muy enérgica, jamás se había dejado intimidar por su esposo y por supuesto que no pensaba iniciar ahora, desgraciadamente, para ella, George ya estaba decidido a ponerle un alto.
- No vas a ir a ningún lado.....siéntate ya!!!!- gritó de nuevo pero esta vez aún más fuerte mientras daba un contundente golpe a la mesa que hizo temblar el mueble y lo que ahí había, y jamás en los casi 40 años de matrimonio Rachel lo vió comportarse de esa manera.
De nueva cuenta quedó muda, el semblante de George lucía como el de un dictador cruel y de temer, y a pesar de sus obvios y firmes deseos de ir a ver a Hunter, ella no tuvo más remedio que volver a tomar asiento, no podía decir que la actitud de su esposo la asustaba pero si la hacía consciente que estaban llegando a un limite muy peligroso, así que consideró que por el momento era mejor no discutir.
El desayuno transcurrió en el más absoluto y sepulcral silencio, sin ningún comentario, ni una sola palabra, ni una mirada entre ellos, ni siquiera se escuchaban los sonidos de su respiración, apenas y se notaba su presencia en el comedor pero la situación no era para menos, la preocupación, molestia, la desesperación los tenía sumidos en sus agobiantes pensamientos y la duda constante de qué pasaría ahora con su hijo.
- Me voy a la oficina.....espero que no molestes a Hunter en mi ausencia!!- George advirtió cuando finalmente terminó el ultimo sorbo de café, limpiándose la comisura de los labios para después arrojar la servilleta sobre la mesa.
Rachel no respondió, es más apenas y lo miró, desde luego que no pensaba quedarse de brazos cruzados pero sabía que si se lo mencionaba a su esposo, era casi seguro que permanecería en la casa y eso afectaba sus intenciones de hablar con Hunter, por lo que solo hizo una mueca de desagrado con la intención de hacerle creer que no iba a incomodarlo.
Obviamente George sabía que esa opción era casi nula pero no tenía más alternativa que marcharse, después de todo, no manejaba un simple negocio local como para poder darse el lujo de perder el tiempo, el consorcio requería su presencia y no tenía más opción que confiar en que la intervención que seguramente Rachel haría no agravara la situación, y con un hondo suspiro se retiro del comedor.
La mujer dudó unos instantes en ir a ver a su hijo, con el pretexto de llevarle algo de comer pero creyó conveniente esperar a que su esposo ya hubiese llegado hasta la oficina así se aseguraba de que no intentara detenerla, por lo que sin más remedio se dirigió hasta el jardín a encargarse de sus plantas.
Ahí permaneció aparentemente ocupada por cerca de una hora aunque de vez en cuando revisaba sutilmente a su alrededor y su reloj solo para asegurarse que su esposo ya hubiese llegado a su destino, y cuando las ansias ya no pudieron contenerse, se limpió las manos y de inmediato se dirigió a la cocina, para saber si alguien ya se había encargado de Hunter.
Desgraciadamente para ella, la respuesta que escuchó es que su hijo seguía enclaustrado en su habitación, no había recibido a nadie y cuando intentaron ingresar con la charola de alimentos, solo consiguieron que fuera arrojada al piso junto con sus buenas intenciones, por lo que ante ese panorama comprobó que era momento de actuar.
Rachel pidió una charola con el desayuno favorito de su hijo, la cual llevaría personalmente hasta la habitación que se encontraba en la planta baja, un lugar que tuvieron que acondicionar como recámara para darle el espacio, la libertad y la comodidad que Hunter necesitaba, así que con su mejor sonrisa se dirigió hasta allá, segura que podrían platicar y tal vez encontrar la manera de sacarlo de su nuevo encierro.
Ella ni siquiera tocó, nunca lo hacía en realidad, por lo que simplemente entró tratando de parecer ajena a la tristeza que emanaba cada rincón de la habitación, y no era para menos, Hunter no abrió las cortinas lo que sumía al lugar en una deprimente oscuridad, Rachel apenas y pudo caminar, aunque lo hizo lentamente hasta que llegó al pequeño antecomedor que mando poner, acto seguido y sin cuestionar abrió las cortinas solo para comprobar que su hijo aún llevaba puesta su pijama, no se había bañado y no hacía otra cosa que permanecer frente al escritorio, con el cuerpo encorvado y ligeramente inclinado hacia la izquierda mientras miraba fijamente el elegante juego de ajedrez tallado en fina madera marfil rojo.
Rachel lo observó por un instante, la sonrisa con la que había llegado se había esfumado al ver el ausente y enojado semblante de Hunter, evidenciando que estaba en peor condición de la que hubiese deseado y aún así intentaba parecer serena.
- Cariño, ya es algo tarde.....y sé que no has desayunado..... deberías comer algo antes de seguir jugando, recuerda que el cerebro necesita alimento para poder funcionar y el ajedrez requiere concentración y mucha inteligencia- repuso con entusiasmo pero con un oculto nerviosismo.
Sin embargo, lo único que obtuvo de su hijo fue un silencio y pesado suspiro, Hunter no tenía la mínima intención de cruzar palabra con su mamá, la facilitadora de sus más grandes humillaciones.
- Hunter, cariño....es un día muy lindo, podemos desayunar juntos, aquí.....cerca de la ventana- sentenció dando un par de pasos para mostrarle el soleado día que crecía en el exterior- es tan hermoso que debemos disfrutarlo......hay que agradecer las dichas de las que somos merecedores.
Pero eso último fue lo peor que pudo haber dicho, y justo ese era el mayor problema, que nunca le permitió a Hunter la libertad de vivir su duelo, nunca le permitió sentirse miserable y de alguna u otra manera siempre le recordaba lo afortunado que, según ella, era por continuar con vida, a pesar de que despues de lo ocurrido en el campestre el dia anterior, le resultaba una completa y descarada burla.
Hunter se inclinó ligeramente hacia el tablero de ajedrez, solo para tomar a la reina que aún permanecía a la espera de realizar algún movimiento, ni siquiera volteó a ver a su madre cuando apretó la pieza entre sus dedos mientras hablaba con una calma que resultaba perturbadora.
- Sabes, muchos creen que la reina es la pieza más importante del ajedrez... pero no es cierto, es una confusión bastante común- empezó, su tono era casi didáctico, pero había un filo apenas perceptible en sus palabras- el rey, aunque limitado, es el más importante, es al único al que le puedes hacer jaque mate para acabar el juego- hizo una pausa, dejando que sus dedos jugaran con la reina negra, girándola lentamente entre sus manos antes de colocarla de nuevo en su casilla con una precisión deliberada- pero la reina... ah, la reina sí es la más poderosa.....puede moverse en cualquier dirección, a cualquier número de casillas, su poder es inmenso, lo que le permite controlar gran parte del tablero y realizar tanto ataques como defensas de manera muy eficiente- su voz bajó un tono, volviéndose más frío- sin embargo, y esto es lo interesante, no es invencible, si sabes jugar, puedes tenerla bajo ataque constante- Hunter colocó de nuevo a la reina en su casilla, comenzando a mover las piezas- eliminar a la reina es un proceso de generar presión sobre ella y encontrar una oportunidad en la que puedas hacerlo de manera segura......... verás.....aqui por ejemplo, la reina enemiga esta completamente sola......- haciendo énfasis en la última palabra- no hay ninguna otra pieza defendiendola, esta desprotegida y es fácilmente atacable.....yo tengo un caballo en e6, si lo muevo a d4 podre capturarla sin ningún problema......la reina ya no tiene escapatoria, a quedado a mi merced y así..... así de simple puedo eliminarla....- sentenció golpeando la pieza arrojandola fuera del tablero, y como una cruel broma cayó a los pies de Rachel.
Era evidente que Hunter no estaba hablando de ajedrez, la mujer solo pudo ver la pieza a sus pies mientras sentía como las palabras de su hijo podía tomarlas como una amenaza, apenas y fue capaz de levantar ligeramente la cabeza para verlo, encontrándose con la fria y agresiva mirada de su hijo.
- Hum.....des.....quieres desayunar?!- preguntó Rachel tratando de controlar la incertidumbre que le generó la forma en que había mencionado aquellas palabras.
Pero la única respuesta que obtuvo otra que Hunter llevara su mirada de nuevo hacia el tabler; continuó jugando contra sí mismo, no dijo nada ni siquiera la volvió a mirar movió sus piezas magistralmente una tras otra de un lado y del otro hasta que finalmente hizo caer al rey enemigo.
- Jaque mate- exclamó con frialdad recargándose contra el respaldo de su silla de ruedas y ahora sí elevó su mirada hacia su madre que no hacía otra cosa más que verlo fijamente.
Algo en el semblante de Hunter había cambiado, incluso sus ojos parecían vacíos, todo él desprendía un aura de derrota y cansancio era como si finalmente se hubiera rendido de tener una vida, aunque eso no era del todo cierto, pues a partir de este momento su mayor propósito iba a ser desquitarse de la única persona que lo había llevado hasta el límite, quería mucho a su madre de eso no tenía duda pero su comportamiento en los últimos meses solo le habían provocado molestia, incomodidad y frustración ahora podía decir que en su interior estaba creciendo un pequeño odio hacia la insensatez de Rachel, y sí, tal como en el juego de ajedrez su objetivo iba a ser atacar a la reina.
Ambos se miraron por unos cuantos minutos, era evidente que el ambiente no se sentía cordial, y sin importar que no lo dijera con palabras, él le hacía saber que no deseaba verla y que se encargaría de complicarle la existencia; en cuanto a Rachel, estaba genuinamente preocupada por el comportamiento y la nueva actitud de su hijo, claro que en los últimos meses la alegría y buen humor de Hunter había cambiado debido al accidente, era consciente que durante ese tiempo tuvieron que luchar con esos cambios de ánimo, con las constantes depresiones y la creciente frustración; pero justo ahora, y teniéndolo frente a ella, nada de eso era palpable, había un odio y un coraje en su mirada que simplemente la preocupaba, y ante el cual no sabía cómo responder.
- Te....te dejaré la charola para que desayunes en cuanto tengas hambre ya sabes que si quieres algo más puedes pedirlo yo me encargaré personalmente de atenderte si así lo deseas..... de acuerdo cariño?- cuestionó tratando de mantener su habitual calma y su alegre actitud aunque fuese únicamente una mera fachada.
De nuevo no obtuvo ninguna respuesta, Hunter se limitó a observarla sin regresarle ningún gesto, no hubo una sonrisa, no hubo un asentimiento, no hubo la mínima expresión, así que la mujer tuvo que entender que darle su espacio era la mejor alternativa en este momento, a menos que quisiera agravar su ya tambaleante estado de ánimo, por lo que sin a guardar más salió de la recámara intentando sonreírle a su hijo.
El resto del día transcurrió en una sombria calma, Rachel ya no regresó a la habitación de Hunter, aunque de vez en cuando le preguntaba al servicio si habían sabido algo de su hijo, sin embargo, la respuesta era absolutamente negativa pues cuando una de las muchachas de servicio acudió a la habitación a cumplir con sus labores fue echada sin miramientos y con una serie de improperios azotándole la puerta contra la cara, por lo que decidieron simplemente dejarlo en paz, lo único que pudieron reportar es que la charola que había llevado en la mañana con el desayuno seguía intacta y que de nuevo las cortinas habían sido cerradas.
Más allá de eso no pudieron decir nada, por supuesto que esa respuesta solo agravó el estado de la ya preocupada mujer, aunque en el fondo era consciente que no debía intervenir porque ahora sí estaba genuinamente preocupada por lo que pudiera suceder si presionaba a Hunter, así que optó por darle, al menos por ahora, el tan solicitado espacio.
Pero Rachel no podía estar tranquila, sin importar lo mucho que lo intentó, hizo labores, preparó un pastel, platicó por teléfono con sus amigas, revisó su armario para las próximas donaciones del patronato al que pertenecía, pero nada dió resultado, su mente viajaba irremediablemente hacia un solo pensamiento: su hijo y su estado de ánimo.
No fue hasta que George regresó de la oficina cuando finalmente pudo desahogar su preocupación, desgraciadamente, su esposo no le dió la respuesta que ella esperaba, quizás de algún modo quería escuchar la aprobación del hombre para intervenir así no se sentiría tan invasiva pues ya había alguien más que la apoyaba, pero él comprendía que no era momento para eso, también estaba preocupado, no iba a negarlo, lo que le contó su esposa era algo bastante serio para ser tomado a la ligera como en otras ocasiones, sin embargo, su sensatez y prudencia le decían que era mejor aguardar probablemente a que estuviera más tranquilo, a que su tristeza disminuyera o que el coraje hubiera pasado, era difícil saber con exactitud que aguardaban pero sí era preciso hacerlo.
Los días comenzaron a pasar y Hunter no hacía más que estar encerrado en su habitación bajo la más absoluta oscuridad, el servicio apenas entraba lo suficiente para llevar la comida necesaria o recoger la charola con los alimentos sin tocar o apenas probados, y gracias a ellas era que sabían poco de lo que ocurria en aquella recámara pues Rachel no ponía un pie cerca después de que en una ocasión su hijo prácticamente le echó la silla de ruedas encima con el único objetivo de sacarla, así le quedó claro que ella más que nadie debía evitar acercársele, George lo hacía en contadas ocasiones con el único objetivo de pasar un rato con él y evitar que continuara hundiéndose en la deprimente soledad autoimpuesta, pero no se le permitía hablar, padre e hijo jugaban ajedrez en el mayor silencio y eso también lo aprendió después de que, al igual que su esposa, fue echado cuando intentó emitir el mínimo sonido, lo que por supuesto, no era prometedor, pero si era un tanto alentador saber que al menos permitía la presencia de alguien a su lado, aunque fuera para perderse en otra de sus obsesiones, jugar ajedrez.
Pero el tiempo que este episodio estaba tomando era mayor del que hubieran pensado o deseado, el ánimo de Hunter no hacía otra cosa más que decaer conforme los días pasaban, incluso había llegado al punto de que no hacía otra cosa más que dormir, casi no se bañaba y el cabello y la barba ya comenzaban a notarse desprolijos, de su atlético cuerpo comenzaron a quedar solo los recuerdos, los juegos de ajedrez con George comenzaron a hacerse más esporádicos, la recámara ya tenía un cierto olor a sucio, gracias a que no permitía que nadie entrara a hacer limpieza, pero no podía ser diferente, para él después del glorioso día en el campestre que su madre había planeado solo le quedaba recordar todo lo que ya no podía hacer, por supuesto que era consciente, lo fue desde un inicio y lo reafirmó con su ruptura con Ellie y hasta cierto punto fue tolerable pero el tener que escuchar a ese grupo de mujeres disimulando su repulsión fue excesivo para él.
Y obviamente la más afectada por todo eso era Rachel, ella había caído en un par de crisis al saber las condiciones en que se encontraba su hijo, en el fondo no podía dejar de sentirse culpable por su estado, era consciente que el haberlo llevado al campestre fue lo que desato su episodio pero sin saber qué hacer o sin poder hacer algo al respecto las emociones ya la estaban desbordando, y no era la única, el mismo George que siempre parecía tan sereno y en control comenzó a preocuparse que la depresión en Hunter finalmente lo llevara a un irremediable y preocupante desenlace, pero a menos que lo obligaran no podían hacer nada.
Incluso la pareja comenzó a distanciarse un poco más, el estado de Hunter propició más discusiones, al punto de que aunque estuvieran en el mismo espacio poco hablaban, Rachel se la pasaba en su habitación o en la sala de la casa sin dirigirle la palabra a su esposo, pues lo culpaba de ser muy pasivo, pero George no podía hacer otra cosa, aunque la desesperación lo consumiera, entendía que su esposa no actuaba con prudencia y sus ideas terminarían irremediablemente en un caos mayor por lo que él también evitaba cruzar palabra con la mujer, encerrándose en su despacho, pasando más tiempo del necesario en el trabajo o durmiendo en la recámara de huéspedes, que inconscientemente ya había dejado de serlo.
El día 23 del encierro finalmente había llegado, a casi un mes de que Hunter decidiera aislarse, las opciones para hacerlo salir se estaban agotando, no importo cuánto se esforzaron ni siquiera importo que buscaran ayuda de los pocos amigos que le quedaban a su hijo, nada lo hacía cambiar de actitud, y ya entrada la noche la pareja comenzó a considerar su siguiente jugada, aunque lo hacían cada uno por su lado.
- Adelante- repuso George cuando un par de golpes se escucharon al otro lado de la puerta de su despacho.
Rachel había venido a buscarlo y gracias al aspecto que tenía era claro que la mujer llegó derrotada.
- Qué ocurrió?!- cuestionó dejando sobre su escritorio la fotografía de Hunter que había observado sin tregua la ultima hora, aunque lo hizo con cierto desanimo, estaba casi seguro que esta visita acabaría en un constante de reproches, acusaciones y gritos.
- Nada.....solo quiero......quiero saber qué vamos a hacer con Hunter- indicó la mujer sumamente abatida.
- Hum.....- George soltó un hondo suspiro pues efectivamente había venido con la intención de volver a intervenir- qué quieres hacer?- exclamó sin interés, lo que menos deseaba era discutir con Rachel.
- No sé....ya no sé que hacer- admitió mirándolo con los ojos llenos de lagrimas- esto ya tomó demasiado tiempo, tienes que admitirlo y sé que al igual que yo, estas preocupado.
- Por supuesto que estoy preocupado pero.....no sé.....parece que las opciones se nos han acabado.
- Debe haber algo que podamos hacer- indicó al borde de la desesperación- no podemos dejarlo así.
- No, lo sé pero ni siquiera quiso recibir a su psicóloga.....y francamente no sé que podemos hacer, esto no es como los otros episodios y medicarlo......sería contra su voluntad......
Rachel comenzó a caminar de un lado al otro frente al escritorio de su esposo, efectivamente, ya habían intentado muchas cosas, algunas en mutuo acuerdo y otras, la mayoría, por decisión unilateral, sin embargo, nada había dado resultado, pero ella ya había llegado a todo limite aceptable y si las opciones ortodoxas no habían funcionado, por el bien de Hunter estaba dispuesta a tomar una muy cuestionable decisión.
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