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1418 Words
Anastasia bajó del tranvía y caminó lentamente a través de las calles hasta llegar al edificio. Se detuvo por un momento y observó las escaleras. Sintió una sensación extraña; el estómago se le revolvía. Por fin estaba de regreso… A salvo. Anastasia bajó la mirada y le sonrió a Denis. —Hemos llegado a casa —avisó con alegría—, ¿quieres ver a tu madre? Denis asintió con timidez. —Bien, vamos a subir. Anastasia empezó a ascender los escalones en compañía del hermanito de Nikolái. El recorrido se le hizo corto y amenazador. Una melodía tétrica se reproducía en su mente. Anastasia a veces podía ser demasiado dramática. Así era su mente artista. En cuanto llegó al tercer piso, Anastasia vio la puerta que comunicaba con el interior de su propia casa. Sin embargo, prefirió pasar de largo y subir al cuarto piso. Debía llevar a Denis. Denis no esperó mucho para tocar la puerta del departamento de su madre, y después de una larga espera, la mujer salió. Lucía delgada, pálida y con ojeras gigantescas bajo los ojos. Sin embargo, aquella expresión de tristeza desapareció de su rostro tan pronto sus ojos enrojecidos conectaron con los de Denis. —¡Mami! —gritó emocionado. Era la primera vez que él decía algo, pues durante el viaje se había mantenido en silencio. —¡Denis, mi pequeño Denis! —corrió a abrazarlo—. Estás bien, estás vivo. —¡Sí, mami! —¿Dónde estuviste, Denis? —preguntó mientras revisaba al niño de pies a cabeza—, ¿dónde está tu hermano? El niño solo sonreía. Anastasia se apresuró a responder en su lugar. —Nikolái debe estar en camino. Tomó el segundo tren que venía a la ciudad. —Oh, Anastasia —la abrazó mientras sollozaba. El abrazo se sintió cálido y fuerte. Anastasia pudo sentir de alguna forma, que la madre de Denis y Nikolái le estaba muy agradecida, que era sincera—. Muchas gracias por traer de vuelta a mi niño. —No, en realidad fue Nikolái quien lo encontró… Yo solo lo alcancé a montar al tren por una ventana, casi no lo consigo. Anastasia sonrió ante el recuerdo. —Bueno, arriesgaste tu vida para ir a buscar a mi Denis… Gracias, muchísimas gracias —dijo mientras se limpiaba las lágrimas de los ojos—. Ahora regresa a tu casa, que tu madre estos últimos días ha estado llorando demasiado… Ve y calma su tormento. Anastasia pensó que ir a ver a su madre era lo importante en ese momento, así que se despidió de la mujer y bajó con extrema lentitud las escaleras, siempre cuidando de no lastimar demasiado su pie. Al llegar tercer piso, Anastasia dudó en llamar a la puerta. La madre de seguro la iba a castigar. Anastasia se llenó de valor y golpeó la puerta. Respiró agitada. Restregó sus manos sudorosas sobre la tela de su ropa. La puerta se abrió. Tatiana se quedó de pie. Estaba sin palabras. —¿Anastasia? —susurró. Tatiana no entendía lo que pasaba. Su hermana había regresado y más que alegrarla, la tomaba por sorpresa. —Hola, Tatya —dijo suavemente. Esbozó una tibia sonrisa con la intención de suavizar el regaño de su hermana. Sin embargo, ella nunca le gritó. —¡Madre, Anastasia regresó! —gritó mientras se hacía a un lado, para que la señora Volkova viera a Anastasia apostada en la puerta—. ¡Anastasia está aquí! La mujer salió corriendo de la cocina. A penas vio a Anastasia, corrió a abrazarla. Estaba tan emocionada, que la apachurró entre los brazos. —Oh, Anastasia —susurró. —Madre. La madre de Anastasia la arrastró hacia el interior del apartamento antes de cerrar la puerta. —Ven entra, siéntate. Anastasia le obedeció sin dudar. —¿Madre? —Anastasia estaba sorprendida de que su madre no la hubiese regañado con dureza—, ¿está todo bien? —¡Sí, está todo bien ahora que estás aquí! —exclamó la mujer mientras reía de felicidad—. Hemos estado preocupados por ti. Pensamos que algo malo te podía pasar, pero ya me siento aliviada, muy aliviada. —¿Dónde estuviste, Anastasia? —preguntó Tatiana. Se notaba en su expresión, que estaba curiosa por saber las andanzas de su hermana menor—. Vladimir no pudo localizarte en Tolmashevo ni en Mga. —Nunca llegué a Tolmashevo y solo pasé por la estación de Mga… Los alemanes estaban bombardeando el tren cuando salté. —¿Te lastimaste? Anastasia señaló su pie. —Ya me siento mejor, pero mi pie estuvo muy hinchado. La señora Volkova observó el pie vendado de Anastasia por unos minutos. —Oh, Anastasia. No vuelvas a hacer eso, ¿de acuerdo? Anastasia no tenía ganas de realizar nuevamente ningún viaje fuera de la ciudad. Hacerlo sería masoquista —Anastasia, ¿bombardearon los alemanes la estación de Mga? —Sí. —Mga está demasiado cerca de Leningrado… ¿Por qué en la radio no dicen nada acerca de esto? —Solo generaría más zozobra entre la gente de la ciudad. Lo que menos necesitan es que los habitantes de Leningrado entren en el pánico —respondió la madre—. Escuché que no saldrán más trenes de la ciudad. Nadie tiene permitido salir y en caso de hacerlo, no se sabe qué circunstancias se ha de enfrentar afuera. —Yo estuve fuera, madre —respondió Anastasia—. La situación allí es alarmante. —No lo dudo, hija. La mujer se levantó y corrió a la cocina. Ese pequeño momento fue aprovechado por Anastasia para hablar con Tatiana un tema que le inquietaba: —Tania, he visto a Vova en la estación del tren hace unas horas. —Seguro, él ha estado visitando las oficinas de los funcionarios del tren para buscar rastros de ti. Nunca encontró nada. —Quiero hablarte de Vova. —¿Sí? —preguntó extrañada—¿de qué? —¿Cómo te enamoraste de él? Tatiana no supo cómo responderle. —¿Por qué me preguntas eso? —Solo quiero saber. —Bueno, lo conocí en la fábrica. Una de mis amigas lo conocía y ahí lo vi por primera vez —respondió escuetamente, pues ya ni se acordaba de cuándo o como lo había conocido. —¿Qué te enamoró de él? Tatiana quedó en silencio. Nuevamente no tenía una respuesta para ello. Antes de poder responderle, la madre regresó con unas rodajas de pan para Anastasia. Tatiana agradeció la interrupción. Eso le daba tiempo para pensar mejor su respuesta, pues sabía que Anastasia seguiría con la conversación más tarde. Tatiana estaba inquieta. Sus hermanos empezaban a mostrar la aversión que sentían por Vladimir. El que Anastasia le hiciera ese tipo de preguntas solo indicaba una cosa: buscaba la forma de persuadirla para no casarse. Ella sospechaba que había razones para retractarse, pero la situación del país no permitía dejar ir una fuente de ingresos… Sí, ella solo se había enamorado del dinero de Vladimir y sus influencias. —Me iré, tengo que hacer algo urgente. —Sí, sal y avísale a Vova que Anastasia ya apareció. —No hace falta. Vova ya la ha visto en la estación del tren. —¡Ese muchacho es un sol! —dijo la señora Volkova mientras reía—. Debemos invitarlo a cenar. Hay que agradecerle. —De acuerdo —concedió Tatiana. Anastasia estaba a punto de replicar, pero contuvo su impulso. Pues, no quería arruinar la armonía que existía en ese momento entre madre e hijas. Suspiró mientras observaba a Tatiana alejarse del sofá. Anastasia lamentó no haber terminado de hablar con su hermana acerca de Vova, pues justo en ese momento estaba dispuesta a decirle todo a Tatiana. Anastasia no aseguraba que después tuviera el mismo coraje para denunciar a Vova, es más, ella misma sospechaba que solo se limitaría a hacerle saber a Tatiana, que Vova no le caía bien. Al menos se empezaba con algo… La piedra podía romperse con una gota persistente así demorara años. Años… Anastasia no estaba dispuesta a aguantar los abusos de Vova durante años. Tampoco se creía capaz de ocultárselo a Tatiana. Definitivamente tendría que hacer algo para que Tatiana rompiera el compromiso con Vladimir. Anastasia tomó una nueva determinación. Vladimir debía a salir de sus vidas pronto y ella lo lograría. Para lograrlo, necesitaría la ayuda de su hermano Alexéi y el consejo de Nikolái.
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