Sexto capítulo.

1262 Words
[Había algo que no me gustaba detrás del tono de mi hermano, su protección me reconforto lo suficiente como para terminar entendiendo que no se trataba más que el querer estar tranquilo sabiendo que yo estaba viva. Podía apostar mi vida entera de que por la mente de Antoan estaban pasando imágenes que para cualquiera podían resultar aterradoras, las más despiadadas. Con cada musculo de mi cuerpo tenso acepte mentalmente la demanda de Antoan. ─Esta bien, te llamare una vez al día, ¿te parece bien? Cuida de Joshua y de ti, no sabes hasta donde puede llegar Jeffry, no quiero que nada de esto los salpique a ustedes. ─justo en ese momento, luego de escuchar mis palabras entendí las consecuencias de mis acciones y mi irresponsabilidad. No tenia la certeza si la vida de mis seres queridos estaba corriendo peligro justo en ese instante por mi culpa, negándome a rechazar la idea de volver note que hiciese lo que hiciese nada de ello cambiaria el hecho de que Jeffry buscaría represalias en mi contra. Con la idea en la cabeza y sin lograr apaciguar la culpa y el temor tome una bocanada de aire. ─Gracias por preocuparte por mí, Antoan. Prometo que nos volveremos a ver pronto, cariño. ─espere a su respuesta, pero este solo murmuro un ‘’te amo, adiós’’ por alguna razón no esperaba más que eso, entendía que los nervios estaban tomando como presa a mi hermano, y ahora con la mente clara y haciendo mi mayor esfuerzo por apartar los malos recuerdos intente pensar en lo que me esperaba por los momentos, soñando con estar en mi nuevo hogar lo más apartada posible de lo que me estaba rodeando ahora. Levante mi vista hacia el cielo viendo como este parecía estar enojado con algo desconocido y por eso estaba tomando ese color tan oscuro encima de mi.]     Así fue como su día se basó junto al animal, él contando pequeñas historias ficticias que se desplazaron por sus labios con aprensión, en todas ellas él era el protagonista por excelencia. Algunas demasiado fantasiosas como para ser ciertas, mientras otras rayaban en lo cotidiano y ordinario. Intentaba que su imaginación poco usada abriera sus alas y volara, las mentiras se sentían acidas cuando se deslizaban por sus labios, dejando un sabor amargo en su paladar. Y el pequeño simio al lado de Arthur escuchando todo lo que tenia para decir el humano. Aun con el cielo tormentoso encima de su cabeza recordó un par de escenas vividas realmente, pero que no consideraba lo suficientemente buenas como para ser las llaves que destrabaran alguno de los círculos. La muerte no quería eventualidades felices, era cruel y trágica, tanto así que lo había condenado a vivir con la eternidad más lamentable que alguien pudo haber deseado. O al menos eso lo pensaba él.     Se sorprendió cuando el agarre fuerte del pequeño animal se crispo en su brazo, sujetándolo con tanto añoro y sentimiento que casi obligo a Arthur a desviar su mirada al simio en cuestión de segundos, la interrogante se dibujaba en el rostro del ser humano. Más no había una respuesta para el terror que se dibujaba en las pequeñas facciones del mico, que mostraba sus dientes a modo de defensa.     —¿Qué es lo que sucede, Blake? —la pregunta de ninguna forma tendría contestación, pero la indignación del animal se incremento cuando Arthur intento levantarse de su asiento, haciendo que el simio en un movimiento rápido quedara sentado en el regazo del hombre, gruñendo tanto como pudo.     La duda en Arthur no se disipaba, más aún un viento totalmente helado recorrió su cuerpo traído por el clima, sin tener la posibilidad de levantarse no quedo más que continuar ahí en su sitio, las palabras de su narrativa habían sido olvidadas tan rápido como la actitud agresiva del animal surgió a flote. Indignado Blake se alzaba encima del regazo de Arthur en pequeños intervalos de tiempo para luego sentarse, con el pelaje crispado y desordenado por los nervios agitados del ser Arthur intento tomar el pequeño cuerpo y llevarlo nuevamente a su sitio, pero para su sorpresa la brisa helada se hizo fuerte e implacable. Al parecer una fuerte tormenta se acercaba y las pocas fuerzas del cuerpo viejo y desgastado del adulto no daban como para correr con un peso extra. El viento helado calaba con facilidad en la piel descubierta de Arthur, y encima de la casa vieja se arremolinaba un cielo gris carente de azul, junto a nubarrones oscuros cargados de agua dispuesta a caer a cantaros en la zona.     —Comenzara a llover, amigo. — advirtió con voz trémula Arthur, a la vez que un poco de temor comenzaba a enrollarse en su cuerpo por culpa de la actitud nerviosa del mico. Este nunca se había comportado de tal forma, mucho menos hacia un ambiente solitario como lo era todo el pastizal al frente de ellos. —Vámonos adentro, Blake. Basta de esta actitud. — la orden fue lo suficientemente clara como para ocultar el miedo que vivía de cerca Arthur, para su sorpresa Blake quien no dejaba de gritar en gruñido se volteo a él mirándole con pesar y también miedo. Decidido a apaciguar lo que fuera que atormentara al animal hablo nuevamente. —No podemos quedarnos aquí, pequeño. La tormenta se aproxima con tanta fuerza que inevitablemente nos empapara, adentro estaremos a salvo de ella y de sus consecuencias.     Pero sus palabras fueron ignoradas y una ola de angustia recorrió con fuerza a Blake, haciéndolo girarse a su punto inicial y gritar con más fuerza, saltando en el regazo de Arthur corta y repetidas veces en un intento de alertar del peligro y a su vez proteger a la débil figura humana que estaba ahí. Con la intriga y la confusión ciñéndose desde hacía mucho e incrementándose con mucha más intensidad Arthur levanto su vista y entendió el porqué del miedo creciente en el animal. Un estremecimiento recorrió el cuerpo del hombre al momento en que noto la figura femenina a pocos pasos de su pórtico. Caminando con tanta ligereza y paciencia que colmo de nerviosismo e incertidumbre la mente del anciano. La mujer vestida de una vestimenta gruesa y resistente que constaba de una capa que arrastrándose por el piso de tierra dejaba una huella casi imperceptible, se notaba segura de su camino, un velo espeso y oscuro cubría su rostro con seguridad al igual que su cabello, más allá de ello Arthur noto el aura oscura que le rodeaba.     Su respiración comenzó a agitarse casi tanto como la de su compañero, casi sintiendo que aquella presencia como un ente sobrenatural. No había forma de describir el sentimiento, pero la incredulidad lo tomo presa al notar que la mujer apareció de la nada, no había ningún medio de transporte, más el relinchido de un caballo sonó a lo lejos justo al momento en que el graznido de un cuervo irrumpió el silencio que dejaron los gruñidos y gritos de Blake luego de que se callara repentinamente. No se tratada de alguien conocido o un vecino que fuera de visita. Arthur no conocía a nadie que viviera cerca, había elegido aquella morada por esa razón, al ser una persona solitaria que disfrutaba de la comodidad del silencio, antes de saber de su maldición, había tomado el sitio, firmando los papeles y luego el título de propiedad cuando la oportunidad se presentó. Abriendo su boca en busca de algo que decir, el cerro tan rápido al momento de darse cuenta que no se encontraba nada en su mente para murmurar.  
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