Atenta al más mínimo ruido terminaba de empacar mis cosas metiéndolas dentro del auto, la zona de los pasajeros estaba repleta y la mira poco conforme de mi vecina anunciaba que pensaba que estaba haciendo algo mal, sin darle importancia continúe en mi labor. Los días al lado de esta persona se habían vueltos interminablemente dolorosos, hasta el punto de tener que portar parte de ese dolor directamente en mi piel. Suspirando termine mirando con anhelo y resignación al lugar donde se encontraba lo que fue al inicio un buen lugar, note como las ventanas del departamento de pronto se habían oscurecido. El semblante sombrío de Jeffry estaba antes posando en el sitio luciendo nada agradable. Con nauseas por culpa del pánico termine sacudiendo rápidamente mi pantalón retirando el polvo. Un escalofrió me hizo temblar, las marcas del forcejeo anterior aun dolían en mis muñecas, apurándome cerré el maletero de mi auto con miedo a que el hombre decidiera bajar y volverme a llevar con él.
El insensato miedo de ser devuelta comenzó a calar en mi de forma inmediata, los meses donde Jeffry controlaba mi vida se habían acabado, por suerte, estaba yéndome lejos y la mejor manera de evitar contratiempos era subiéndome al auto. El viento frio golpeaba contra mi cuerpo haciéndome estremecer un poco, el fino suéter de lana no ayudaba mucho a protegerme del frio que comenzaba a calarme en la piel, por eso un instante después de verificar que mis cosas estuviesen todas en el auto, al menos lo más importante, caminando en un costado por el lado de la carretera, supervisando que no hubieran coches transitando, tome rumbo a subirme al lado del conductor, abriendo la puerta me deslice dentro del automóvil para luego ponerme el cinturón de seguridad. Tomando la llave que reposaba en el tablero, introduciéndola en el engranaje termine encendiendo el móvil y arrancando bastante rápido. Sintiendo que no había necesidad de mirar atrás.
Al momento en que la carretera se formó vislumbrándose frente a mi tuve la certeza de que aquello era la mejor decisión que había tomado en mi vida, la serenidad comenzó a propagarse por todo mi cuerpo, brindando alivio a mis nervios alterados que desde hacía mucho no tenían algún tipo de tregua. Los pensamientos me llevaban una y otra vez a recordar escenas de sufrimiento mientras manejaba hacia la salida de la ciudad, estas escenas se reproducían constantemente, mientras las ideas se arremolinaban en mi mente una pregunta surgió de pronto.
¿Por qué había permitido todo aquello? Pensé.
Quería un amor de novela, quizás algo demasiado idílico o irreal, justo como los amores de los que yo escribía, alguien que me amara verdaderamente y que nuestro amor transcendiera las barreras del tiempo, y aunque todo eso era autentica fantasía no podía evitar anhelarlo, sobre todo cuando estaba en el momento de la cima de mi carrera, mis libros se estaban leyendo en todas partes del país. ¡Dios! Había gente allá afuera que estaba inspirándose a conseguir un amor de novela a causa de mí, y yo estaba metida en una relación donde los golpes eran la noticia diaria en todo mi cuerpo.
Los golpes de la semana que había trascurrido aun dolían tan extremadamente que el manejar se hacia incomodo y totalmente intolerable, pero en mi caso era la mejor oportunidad que tenia para poder retirarme de lo que me rodeaba. Viviendo con Jeffry el simple hecho de existir se había vuelto un juego brusco y lo suficientemente cruel como para hacer que me doblegara a él. Aun puedo sentir sus manos alrededor de mi cuello y su cara siniestra hablándome tan bajo y lentamente provocando que los nervios saltaran hasta mí de manera inmediata. Las lagrimas comenzaron a nublar mi visión de pronto, indignada conmigo misma y el dolor que me consumía termine parpadeando con rapidez así logrando disiparlas, la vista hacia la carretera se volvió clara y mis manos se apretaron con fuerza al volante.
No podía creer como un hombre bueno como él se había convertido en un monstro, lamentablemente ese era mi pensar anterior, este aun rondaba mi cabeza. La verdadera personalidad de este hombre se había ocultado tan bien que lograba incluso engañarse a sí mismo. Jeffry siempre había sido así, solo que sabía enmascarar lo suficientemente bien sus intenciones. Siendo una víctima mi estado actual no era el más favorable, negándome a casuar más problemas había decido no ir a denunciar, su verdadera razón por la cual no chisto a la hora de que yo me fui, fue por la misma razón de tener miedo a quedar detrás de la rejas, y aunque no tuve el valor de llevarlo a la policía me había encargado de que su imagen y reputación quedase lo suficientemente manchada como para que ninguna otra mujer se acercase a él. El daño psicológico causado por Jeffry estaba fresco dentro de mí, me negaba a derramar una lagrima a causa de él, el maltrato físico causaba daño, más el dolor de los golpes psicológicos hacen un hueco dentro tan profundo logrando que cualquiera se derrumbe con facilidad apremiante y aterrorizante. A sabiendas que el reprimir mis emociones era una mala decisión deje que mis emociones tomasen el rumbo que querían, al menos el que yo consideraba mejor.
De pronto un borrón se cruzó al frente de mi auto, más exactamente un ciervo termino saltando en medio de una huida al frente de mi coche, sin pensarlo termine obligándome a frenar bruscamente pisando el pedal hasta el fondo para poder detener el auto. Las ruedas del auto hicieron un sonido horrible como si estuviesen irritadas al tener un contacto tan bruco con el asfalto caliente. El cinturón de seguridad detuvo el impacto que pude haber tenido mi dorso o rostro contra el volante, más el latigazo que sentí que arremetió en contra de mi columna vertebral gracias al frenazo que tuve que ejecutar para que no terminase en un accidente fue impresionantemente doloroso, el dolor punzante comenzó a extenderse por toda mi espalda. Con un esfuerzo sobrenatural levante mi rostro lo suficiente como para cerciorarme de que la carretera detrás de mi esta desértica, la luz plena del día hacia todo el acontecimiento volverse realmente extraño. Mis manos aun se aferraban al volante con fuerza, el shock de lo sucedido no abandonaba mi ser, más allá de todo lo posible un deje de frustración me ataco, con movimientos lentos y casi imperceptible termine orillándome en la carretera.
Retiré el cinturón que apretaba en gran parte de mi torso, la incapacidad que tenia al moverme estaba aterrándome, tenía la seguridad de que el latigazo no podía dejarme inmovilizada, no al instante al menos, por ende, supuse que los nervios me estaban jugando una mala pasada. Por un momento busque la paz y la tranquilidad recostando mi frente contra el volante, el dolor no parecía darme chance a respirar o al menos menguar lo suficiente como para que las lagrimas dejasen de picar en mis ojos. En un intento de darle menos cabida al dolor termine posando mi mano en la zona adolorida y masajeando con prisa, la presión de mis dedos parecido funcionar lo suficiente como para que un jadeo de pura y mera satisfacción abandonase mis labios, la tranquila y paz que comenzaba a rodear la escena que se desarrollaba, lamentablemente el sonido de mi celular termino alertándome y provocando que me sobresaltara en mi sitio.
Podía sentir como el tono de la llamada estaba opacado por algo más. Primeramente, pensé que podía haber sido una caja que se hubiese quedado encima de él por equivocación. Lo dejé estar pensando que no resultaba algo urgente, el tono de alerta de la llamada murió segundos después, satisfecha por aquello volví a tratar de reunir la calma que hacía instantes atrás tenia, pero en medio de esa proeza el sonido volvió a repetirse con insistencia. Frunciendo el ceño confundida busqué con la mirada el móvil que seguía siendo estrangulado por algo, removí las cajas que estaban a mi lado, justo en el asiento del copiloto, pero nada pude encontrar, el tercer tono se reprodujo para aquel momento y la canción vieja comenzaba a volver totalmente intolerable juntándose con el dolor en mi cuello.
Gruñendo y algo angustiada mire la cantidad de cajas que estaban el asiento de pasajeros. Lo pensé un pequeño instante intentando debatirme si aquello era buena idea o no, nuevamente el tono fastidioso que comenzaba a ganarse mi odio sonó. Pocas personas sabían de mi huida de la ciudad, algunas incluso pensaban que se trataba de un retiro que quería tomar lejos del bullicio y más cerca del bosque, pro eso el sonido comenzaba a volverse más angustiante y perturbador. Suspirando termine saliendo del auto y con medio cuerpo dentro del coche y el otro medio en la carretera estuve adentrándome entre las cajas que estaban en la parte trasera del automóvil. Una por una fue revisada, juntando un total de quince cajas que variaban según su tamaño y contenido, más aquello fue aun más molesto con la canción que se reproducía una y otra vez frustrando toda calma y alterando mis nervios, incluso más que al principio producto del mismo incidente pasado.