Segundo capítulo.

1699 Words
[    Gruñendo y algo angustiada mire la cantidad de cajas que estaban el asiento de pasajeros. Lo pensé un pequeño instante intentando debatirme si aquello era buena idea o no, nuevamente el tono fastidioso que comenzaba a ganarse mi odio sonó. Pocas personas sabían de mi huida de la ciudad, algunas incluso pensaban que se trataba de un retiro que quería tomar lejos del bullicio y más cerca del bosque, pro eso el sonido comenzaba a volverse más angustiante y perturbador. Suspirando termine saliendo del auto y con medio cuerpo dentro del coche y el otro medio en la carretera estuve adentrándome entre las cajas que estaban en la parte trasera del automóvil. Una por una fue revisada, juntando un total de quince cajas que variaban según su tamaño y contenido, más aquello fue aun más molesto con la canción que se reproducía una y otra vez frustrando toda calma y alterando mis nervios, incluso más que al principio producto del mismo incidente pasado.]   Fue entonces cuando sentí que algo vibraba justo en el bolsillo del suéter de lana. Cerrando los ojos quise reírme de mi misma, pero fue imposible porque ya estaba lo suficientemente hastiada de lo que sucedía, el tono de la llamada se repitió y fue entonces que adentrando mi mano al compartimiento que estaba en lo que traía puesto, sin ver el nombre de quien estaba siendo tan insistente deslicé mi dedo atendiendo la llamada para luego llevarme el teléfono a mi oído.       ─Kay, ¿por qué cuando intente hablar con una mujer en la tienda esta no hizo más que insultarme? ─el tono peligroso de la voz de Jeffry no se escapó de mi oír, aún más los nervios comenzaron a alterarse tan rápido como la primera letra de mi nombre se deslizo por sus labios, por otro lado, la ira huraña comenzó a burbujear dentro de mí, cocinándose lento. ─ ¡Respóndeme o prometo buscarte donde sea que estés y asesinarte! ─ indiscutiblemente despavorida y enervada tuve que tomarme un minuto para apaciguar las nauseas que se juntaban con mis ganas de salir huyendo, negándome a dar un paso atrás respire calmadamente, tal cual como una amiga me había recomendado. ─Tienes tres segundos, Kay. O saldré a buscarte y solo hallaran de ti tus huesos.       La amenaza estaba puesta encima de la mesa, una parte de mi estuvo tentada a encogerse sobre sí misma, la otra miraba con fiereza el pronostico desalentador. Era increíble como el miedo y la valentía parecían fusionarse hasta tal punto de unirse y crear una masa poco confiable de sentimientos, con mi mano temblando aprete fuertemente agarre que estaba ejerciendo en el teléfono. Pase mi lengua entre mis labios buscando también calmar la resequedad que de pronto había cubierto a mis belfos, fue triste cuando en la boca de mi estomago la primera nausea surgió amenazando con hacerme devolver la poca cantidad de comida que estaba en mi estómago. Negándome a ceder al deje de valentía y heroísmo decidí responder ante las amenazas de Jeffry.       ─Esta llamada está siendo registrada. ─la mentira se sintió dulce en mi boca, no estaba esperando a que me creyera, pero era todo lo que tenia para defenderme de mi agresor, así este se encontrara a kilómetros de distancia. ─Estas atentando contra mi vida, queda grabado que si alguna vez llego a desaparecer Jeffry Kalher o sufrir un daño irreparable en mi vida por culpa de un atentado el responsable será Jeffry Kalher, mi expareja abusiva. ─ poco a poco las palabras fueron fluyendo con sencillez cada vez más apremiante, la respiración pesada de Jeffry se volvía más errática conforme pasaba el tiempo.       Podía incluso percibir como sentía que perdía el control de lo que sucedía con mi vida y si había algo que en verdad odiase Jeffry era perder el control de cualquier situación. Un gruñido por lo bajo se escucho en la vía telefónica, apoye mi antebrazo en la orilla del techo de mi auto, este a su vez termino acuñando mi frente y la mayoría del peso de mi cuerpo. El significado de dolor estaba tomando otro sentido, aun habían puntadas recorriendo gran parte de mi espalda, pero el malestar iba en aumento trasladándose directamente a mi cabeza.       ─Te encontrare, Kay. No se que hiciste, pero si esto sigue así. Si todo el mundo me sigue mirando como una paria te encontrare y no sé qué sucederá, pero nada bueno te…       Entonces con la ira controlando mis palabras, esta cegaba mi raciocinio hasta tal punto de sentirme eufórica y corrompida, el miedo quedando en segundo plano al igual que el sentimiento de temor que comenzaba hacia instantes atrás a arroparme bajo su manto curtido de proezas falsas de daño.       ─Al parecer nunca entenderás que el control que ejercías en mi vida ya no existe, ¿no es así, Jeffry? ─ la risa carente de humor que abandono mis labios me sorprendió incluso a mi misma, la voz segura y carente de miedo fue una liberación para mi alma que buscaba sanación. ─Escúchame bien, Kalher, porque luego de esto me perderás la pista. Lo que te sucede no es a causa mía, es a causa del daño que provocaste innumerables veces, no esperes contemplación cuando el daño que causaste sigue estando, cuida tus acciones de ahora en adelante e intenta ir a terapia, cambia de ciudad porque estoy segura de que todos en casa tienen ese ojo escrutador capaz de reconocer a un maltratador de mujeres, tarde o temprano tendrás repercusiones. ─ mi respiración se volvió errática y pesada, el control comenzaba a retomar a su verdadera dueña y no había nada mejor que ello.       Deslizando mi pulgar corte la llama y comunicación con mi expareja, antes de hacerlo pude escuchar un par de maldiciones hacia mi persona y atentado en contra de mi vida. Las lagrimas quemaron en mis ojos cuando la adrenalina del momento se iba consumiendo poco a poco. Incapaz de contenerlas estas se fueron derramando poco a poco. No había dolor en cada pequeña gota que rodaba por mis mejillas, mejor aún estas podían sentirse como la libertad absoluta. Con la liberación el yugo de Jeffry no pude evitar más que volver al asiento del chofer y sentarme esperando a apaciguar el mar de emociones que comenzaban a revolverse dentro de mí.       Aun me quedaban kilómetros para llegar a mi nueva vivienda a fueras de la ciudad. Me tome unos pocos segundos para repetirme que nunca Jeffry podría encontrar mi ubicación al momento en que la ansiedad intentaba tomarme entre sus brazos en un apretado agarrare. Las sensaciones comunes de lo que se podría calificar como un ataque de pánico pude reconocerlas con facilidad. Después de dos meses de relación con ese monstro el primer ataque de pánico que pude haber tenido en mi vida fue como un balde de agua fría. Sin tener realmente anhelo de volver a revivir aquel sentimiento termine retomando mi rumbo en el auto, lanzando el teléfono al lado de mí, en el asiento del acompañante.       El sonido de la llamada telefónica se volvió a escuchar, frunciendo el ceño ignore la llamada, quizás quería seguir amedrentándome con sus amenazas de matón, la contextura de Jeffry lo hacía ver como un tipo considerado y hábil a la hora de ayudar a las personas, lamentablemente esa fachada de ojos castaños soñadores me hizo caer por el rápidamente y poco menos del mes terminamos viviendo juntos. Aquella idea había sido de él, al tiempo entendí que la confianza regalada que le tendí a Jeffry fue un error, no era mi culpa no poder reconocer a quien era un maltratador y ha decir verdad nunca seria mi culpa, porque yo no era quien estaba abusando física y psicológicamente de alguien, yo era la victima no el victimario.         La llamada se cortó y yo pude volver a respirar con normalidad, o era lo que intentaba hacer. Entre el ciervo y Jeffry mi paciencia iba menguando cada vez más, y mis nervios alterado me estaban jugando malas pasadas. La insistencia se presento nuevamente en la llamada de Jeffry, agotada de eso, termine tomando el teléfono sin apartar mi vista de la carretera, furiosa coloque el teléfono en mi oído luego.       ─ ¡Basta ya! ─gruñí al teléfono, cansada de sentirme la presa de un hombre que se sentía un depredador incapaz de contener su temperamento. ─ ¡Estoy harta, Jeffry! Estoy cansada de tus maltratos, de tu arrogancia, de tus golpes y abuso. Estoy agotada de ti y sobre todo me siento asqueada de pensar que alguna vez pude haber estado enamorada de ti, me da gusto que no puedas salir del departamento sin que haya alguien mirándote despectivamente, te lo mereces, ¿sabes por qué? Por la cantidad de marcas que hay en mi cuerpo, aun tengo la piel de mis costillas amoratadas y el moretón en mi pómulo sigue ahí aun cuando lo tape con maquillaje. ¡Déjame en paz, o juro que no mediré mis acciones contra ti! ─el valiente discurso fue como una clase de liberación, con mi respiración errática el silencio del otro lado de la línea me alerto y a la vez me dejo confundida, esperando recibir algún insulto solo escuche una voz trémula diciendo.       ─Lamento lo que te sucedió, Kay. ─murmuro la voz característica de Antoan, mi hermano. ─Si hubiera sabido que Jeffry te maltrataba ya estaríamos buscando ayuda. ─el sentimiento de dolor en su voz me hizo nuevamente orillar el coche. El miedo de saber que me había confesado ante la única persona que me quedaba en el mundo hizo el proceso más mordaz y desalentador. Si había algo que quería evitar a toda costa era que mi hermano se enterase de mis problemas. ─¿Kay?       Con un peso posándose en mi pecho gimotee con pesar. Mi nombre en los labios de mi hermano fue algo que me dejo inquieta. El no sabia de mi huida, ahora no me quedaba más que decirle o al menos explicarle que era lo que sucedía, el tiempo comenzaba a volverse oscuro encima de mi cabeza, las interrupciones constantes a mi viaje me estaban retrasando y la conversación con mi hermano solo traería un dolor más en mi cabeza.
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