❝Porque la noche es oscura y llena de terrores❞
-Equinoccio.
Hasta esa noche. Esa noche había algo muy diferente. La oscuridad tenia un peso que dejaba sobre sus hombros, y le erizaba el vello de su cuerpo. Calaba sobre su cuerpo, y un temblor crecía en su viente.
El bosque se tornaba más oscuro a su alrededor, las aves cantoras susurraban secretos en sus nidos, y esa sombra. La sombra que la guiaba a través de los árboles a su propia destrucción. No quedaba dudas, allí en esa parte remota, a donde nunca había llegado en sus más profundos sueños, se ocultaba algo. Más bien, alguien.
Su cuerpo tenso andaba detrás de los susurros que nadaban entre el viento. Guiándola.
Soplaba un aire gélico viniendo de dirección del norte, que hacia que los árboles susurraran como si tuvieran mucha más vida de las que le otorgo la naturaleza, como si la observaran, como si la siguieran. Detuvo su suave andar al verlo.
Allí oculto en medio de las sombras, estaba una entrada, más bien una caverna. Su sangre se congelo en sus venas, su pulso acelero al máximo, su corazón dejo de latir por un segundo, y su pecho dolió, algo quemaba en ella, algo la llamaba, pero a la vez la repudiaba.
Todos somos susceptibles a ser controlados mientras dormimos, nuestros más nobles, y fríos pensamientos pueden ser vistos, somos vulnerables a lo desconocido. Y ella no fue la excepción.
Pero por alguna razón, esa noche ella no tenia miedo, se sentía valiente.
Quería ser una niña fuerte y valiente, como esas fuertes guerreras de las que les contaba su madre por las noches en sus cuentos al irse a dormir.
Corrió retomando su paso, aun mientras sentía que debía retroceder, y se sumergió en la más absoluta oscuridad de la caverna.
La adrenalina fluyó a través de sus venas, y sonrío al descubrir algo nuevo, tan solo era una pequeña niña, llena de asombro y curiosidad, sonrío, porque a pesar de temer a la oscuridad, esta solo le traía un sentimiento nuevo, uno que irradiaba solo la más pura, y precisa curiosidad. Se adentro a sus pasillos rocosos, y poco a poco avanzaba entre las sombras, distintas antorchas a los lados se encendían, iluminando un camino. Un camino que la llevaba a él.
Su sonrisa de niña curiosa se borro, sintió sus pies chocar con algo frío bajo sus plantas, sus ojos se agrandaron, y un chillido agonizante brotó de ella. El suelo estaba cubierto de la más pura y espesa sangre, su corazón volvió a latir desenfrenadamente, y ahora el pasillo iluminado estaba señalando un camino de cuerpos ya congelados.
Quiso correr. Quiso gritar. Quiso llorar, y alejarse mucho más haya de donde irradiaba la luna azul del cielo oscurecido.
Pero ya era tarde, estaba bajo sus dominios, bajo su control.
Su pequeño cuerpo dejo de responderle a las ordenes desesperadas de su cerebro, sus labios temblaron en medio de un sollozo, las pequeñas mejillas regordetas se empaparon de sus lagrimas que descendían de sus claros ojos marrones. Algo no estaba bien, y casi deseo de nuevo ver solo oscuridad. Esas personas no deberían estar así, pero allí estaban, y su cuerpo ya no respondía a sus llamadas.
«¿Qué esta pasando?» Quiso gritar aterrada.
Fue obligada, intento negarse, pero él la guío entre cadáveres hasta su lugar de represión.
Al fin había reunido el suficiente poder para dominarla, y no iba a dejarla.
La pequeña lloraba, estaba realmente aterrada, solo cuando sus ojos visualizaron aquellas cadenas, y las rejas, supo que esa era la sombra, la que la observaba desde los árboles, la que no se permitía ver oculta por la luna, pero siempre ha estado allí, siguiéndola en sus pesadillas.
Un pequeño grito de horror dejo su garganta, y sus lágrimas no paraban.
Pero por primera vez lo vio, por primera vez lo escucho, y su miedo solo aumento.
— Al fin estas aquí, mi pequeña... Allyson.