Trabajo hasta última hora de la tarde, cuando escucho que el ascensor se abre de nuevo. Hice un buen progreso: volví a archivar todo lo que me mostró ayer, transfirí su calendario e incluso comencé a clasificar algunos cajones de repuesto que encontré en la oficina, otros papeles, los más antiguos, que parecen necesitar una reorganización. Pero cuando suena el ascensor, me alejo del escritorio, les doy unas palmaditas rápidas a los bebés (se han portado tan bien y tan tranquilos todo el día) y me dirijo al pasillo. —¿Anthony ? —Buenas tardes—todavía tiene su rostro formal, traje y todo. Me encuentra en el pasillo, no muy dispuesto a mirarme a los ojos—¿Cómo te ha ido? —Bien. Terminé el archivo. Pero tengo que tomar el autobús a casa en media hora, así que… —No hay necesidad.. Haré

