No acepto

1703 Words
Dos semanas después, estaban de regreso en casa. Todo parecía volver a normalidad, ya que su madre tenía mejor semblante y más energía debido a la constancia de su tratamiento. Las esperanzas estaban de regreso en la vida de Sarah y no podía sentirse más agradecida de su hija. «Ring, Ring, Ring» —Hola —Luna respondió el celular con dudas, ya que la llamada era desconocida. —Amiga, soy Estrella. De inmediato sintió tranquilidad, pero también descontento. —¿Crees que ese es el trato que merezco por ser su amiga? Ya casi un mes sin saber nada de ustedes. De no ser por la recaída de mi madre, te juro que había obligado a tu madre a dar parte a la policía. —Tranquila, tampoco soy tonta y le escribía a mi madre con regularidad para que no se preocupará. —¿Estás bien? Lo mínimo que debo saber es eso —reclamó sin perder más tiempo. —Viviendo un sueño con un apuesto y adulto hombre lleno de dinero y deseos sexuales. —Que bueno que lograste tu sueño, me alegro mucho por ti ¿Sabes algo de Sol? —Espera, dijiste algo sobre tu madre ¿Ella está bien? —Después de estar al borde de la muerte, ya estamos de regreso a casa. —Ay, amiga, me alegro tanto. Te pido disculpas por no estar para ti, pero la próxima semana estaré de regreso y te prometo apoyarte en todo. ¡Ah! Y no te preocupes por Sol, ella está bien… La llamada terminó y al acercarse a la nevera la vio completamente vacía. No quería seguir usando esa tarjeta, pero su estómago gruñía y el rostro de Estela parecía un libro abierto, así que después de prometer devolverla con su dueño fue al supermercado y compró las cosas esenciales. —Permiso, señor. —¿Qué me tienes, José? Adán se mantuvo mirando el jardín desde su ventana mientras esperaba para conocer sobre lo que había investigado su mayordomo. —Esta mujer es tan transparente como su nombre. —De alguna manera ya lo he probado. —¿La estaba investigando por su propia cuenta? —No, José. Le entregué una tarjeta negra y los gastos más elevados que incluso han traído con ellos el estúpido mensaje de “Lo siento son para el tratamiento de mi madre” han sido de menos de mil dólares. —Seguro no conoce lo que tiene en sus manos. En ese momento él se dio vuelta —Llama a mis abogados, que me preparen el documento y tú te encargas del apartamento. —¿Estás seguro de esto, señor? —Yo sí, ¿tú no? —José miró a su jefe con mirada temblorosa. —¿Qué, sabes algo más y has decidido ocultarlo? —Lo único que no le dije, es que su amigo Ángel, la noche en la que le iba a presentar a la chica indicada para el contrato… —Él hizo silenció. —¡No te detengas! —Esa noche, Luna ingresó al bar en compañía de aquella chica. —Yo las vi, estuve en el salón VIP toda la noche. ¿Lo recuerdas? —Sí, pero ellas tenían decidido aquel juego estúpido… —Adán se quedó esperando a que terminará de hablar. —¿De qué juego hablas, José? —Recuerda usted que ese hombre, Ángel, le iba a encontrar a la mujer con la suficiente ambición de poder y el perfil que usted estaba buscando. —Lo recuerdo bien, para eso lo contraté. —Pues le informó, que la chica seleccionada es una de las mejores amigas de Luna. —¿Sí? Entonces ese era el juego. “Cazar a un millonario” —Exacto, señor… Adán se quedó pensando y recordó muy bien las palabras de Ángel. (—Ella es sensual, ambiciosa y muy colaboradora. Estoy más que seguro de que ella es el perfil que necesita.) José, al ver que su jefe se quedó pensativo, de inmediato terminó de informarle lo que investigó. —Pero aunque son amigas de infancia, ambas son polos opuestos. —No me importa. Si Luna es atrevida y lujuriosa, estaría más que perfecta para ese contrato. Ya sabes lo que tienes que hacer. —Sí, señor… Adán estaba seguro de que Luna era la indicada y ya no iba a perder más tiempo para la propuesta, así que solo esperaba el documento y el regreso de la chica. Al parecer todo estaba marchando bien, ya que al siguiente día recibió el documento y un mensaje de la chica, cosa que lo movió completo. —Ve por ella y que nos dejen a solas. Él a la salida de su mayordomo preparó la oficina y se mantuvo allí hasta el ingreso de la chica. A su llegada, él se sorprendió bastante, ya que ella estaba vestida normal y sin ninguna intención de sorprenderlo. —Buenos días, aquí le devuelvo su tarjeta y le agradezco su ayuda con el corazón. Adán observó a la chica y no sabía qué pensar en ese momento ¿Acaso se burlaba de él descaradamente en su cara? O solo era una ingenua chica… —¿Ya estás lista para ayudarme? Ahora es mi turno, ya que ocupo de tu ayuda. —¡Ya lo sabía, nada es gratis en esta vida! —habló para ella misma y puso los ojos en blanco. —¿Qué has dicho? —Que no tengo nada que ofrecer y que usted me ayudó sin que yo se lo pidiera… —¿Eso quiere decir que no me podrías ayudar? —No. —Entonces, debes de leer y firmar este documento —él lanzó un sobre amarillo y ella de inmediato lo leyó. “Contrato de fidelidad y sumisión especial” —¡Ah, no! Yo jamás aceptaría ser tu prostituta personal ¿Quién se cree usted? —se exaltó haciendo un gran escándalo y devolviendo el documento. —No me grites. —No me faltes al respeto. —¿Por qué te faltaría el respeto? —Conozco muy bien lo que implica convertirse en la sumisa del millonario y poderoso hombre que desea que una mujer esté a sus pies. —Acaso no es lo que querías. —No —respondió molesta e indignada. Él se molestó mucho y también le mostró que se podía alterar. —Pues eso era lo que buscabas en ese bar junto a tus amigas ¿No es cierto? Luna tarareó en varias ocasiones antes de responder —Yo. Yo no hice esa estúpida apuesta. —Yo escuché que la perdiste —le respondió con ironía y amando el rojo en los cachetes de la joven. —No sé cómo se enteró, pero tampoco me interesa. Me voy. —Ella se puso de pie y después de rechazarlo se disponía a marcharse. —Señorita, le recuerdo que tiene una deuda conmigo. ¿Acaso tampoco la piensa saldar? Luna sintió cómo su corazón cayó al suelo en un instante, pues aquella voz había cambiado, dejando más que claro su descontento. Ella no tenía trabajo, pero tampoco el deseo de dejarse humillar convirtiéndose en su puta. —Voy a conseguir ese dinero y regresaré aquí para pagar la deuda. —No aceptó. Es mi dinero y me toca a mí poner las condiciones. —Pues no aceptó convertirme en su puta ¿Qué hará el señor Todopoderoso? —lo enfrentó y lo desprecio sin una pizca de miedo en su mirada. —Puedo hacer muchas cosas —la enfrentó enloquecido por sentirse despreciado, cuando él era el que ponía el punto final. —¡Lo sé! Aquí tú eres el poderoso y quien tienes el poder para aplastarme. —Ella caminó hacia él y, mirándolo a los ojos, elevó sus manos al aire. —No te lo pondré difícil, puedes cogerme y satisfacer tu enfermo deseo. Él la miró a los ojos, se acercó tanto, que pudieron compartir el mismo aliento, pero luego tomó distancia y caminó hacia su escritorio. —No soy un sucio violador. He entendido que no aceptas mi petición, pero eso no cambia que tengamos una deuda. Ella lo miró directo a los ojos —Aquí estoy, dispuesta a pagarla. —No, yo no te voy a tocar hasta que me implores que lo hagas enloquecida por el deseo y allí me cobraré todo lo que me estás haciendo en este momento, pero eso no quita que debes pagar tu deuda. Lo ya mencionado será un extra por ser tan generoso. —Yo pagaré la deuda, lo prometo. —Claro que lo harás. El lunes a primera hora comienzas a trabajar conmigo, no aceptó impuntualidades. Serás mi secretaria en presidencia. —¿Me dará un trabajo? —En tres meses podrás cubrir la deuda y salir de este todopoderoso y posesivo hombre. Terminando sus palabras se colocó de espalda y miró a otra dirección. Ella tomó el documento y se marchó indignada, pues todo pudo fluir de manera diferente, pero él decidió usar su poder para intentar obtenerla como si sé tratará de algún objeto. —¿Está todo bien? —se presentó con José con su jefe. —¿Qué haces aquí? ¿Por qué no la llevaste a su casa? —Esa mujer salió prendida en llamas de fuego y se rehusó incluso a que le hablara. ¿Le ha faltado el respeto? —Algo mucho mejor, José. Esa mujer ha despertado más interés en mí con su desprecio. José no podía creer lo que estaba escuchando, pues en otras circunstancias, estaría enloquecido de ira y lanzando todo lo que llegaba a sus manos. —No entiendo, señor y… —No lo tienes que hacer, José. Necesito que llames a Rosa y me comuniques con ella. El lunes tendré una nueva secretaria y un nuevo reto. —terminó con una sonrisa de satisfacción. —Como lo ordené, señor. —¡Ah! Compra todo lo que está en esa lista que está sobre mi escritorio y envíalo a la dirección de la joven. Él no podía creer la miseria que se había gastado en un supermercado, teniendo la oportunidad de comprar incluso todo el local comercial. ¿Será modestia?
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