Luna no quiso salir del lugar y, aprovechando que él estaba tomando unas llamadas importantes, preparó algo para desayunar con las frutas que encontró en la cocina y unas cosas que, al parecer, Adán había pedido, convencido de que no regresarían.
Cuando él bajó las escaleras se sorprendió bastante al encontrar algo ligero para comer. —¿Lo has preparado tú?
—Así es. Aproveché que todo se veía fresco y preparé yo misma el desayuno.
Él la miró con una sonrisa pícara. —Esto es la segunda porción, pues la primera comida del día fue tu delicioso cuerpo.
Decia esas palabras mientras la miraba a los ojos. Luego tomó su celular y le informó a José que no era necesario que lo fuera a recoger y mejor ordenó comida para tener en el refrigerador.
—¿Nos vamos?
—No.
—Estaremos aquí hasta la hora de mi vuelo, no quiero perder un momento sin disfrutar de tu cuerpo y hoy no se permite ropa.
Ella asintió y sin cuestionar sacó su vestido y quedó totalmente desnuda en la cocina. Aunque Adán intentó controlar el deseo, no le fue posible y se lanzó sobre ella vertiendo miel sobre su piel y devorando su cuerpo sin limitación hasta quedar completamente satisfecho.
—Me has hecho feliz y te quiero cumplir un deseo, pide lo que quieras mi Luna.
Aun con la respiración cortada y todo su cuerpo palpitando a un solo ritmo, le dio la oportunidad a Luna de pedir lo que ella quisiera.
Mientras ella era feliz con solo su presencia —No tengo nada más que pedir.
—¿No tienes un sueño por cumplir? Viajes, regalos, dinero…
Ella se sentó sobre la cama y suspiró pesadamente —Si te contará sobre mi sueño me dijeras egoísta, así que seguirá siendo mi sueño.
—¿No quieres que te lo cumpla? Te recuerdo que soy poderoso y puedo llevar a tus pies todo lo que desees.
—Mi sueño no puede ser comprado, así que mejor me lo reservo.
Cuándo se puso de pie, ella alcanzó a ver una foto de Adán y otra mujer. En la foto se veían felices y los ojos de Adán brillaban mirando a su compañera.
—¿Quién es ella? —preguntó con temor de enterarse de que estaba casado después de hacer el amor con él, durante toda la noche.
—Esto es algo parecido a tu sueño. No lo puedo contar.
—No es lo mismo. —ella tomó un blusón para vestirse.
—Te dije que hoy la ropa está prohibida.
—Pues yo odio las mentiras y, si eres casado y me mentiste para llevarme a la cama, te voy a odiar por toda mi vida.
En su rostro se veía el enojo y Adán no quería que su despedida fuera un caos, así que decidió bajar la guardia.
—Si me cuentas sobre tu sueño invaluable, te puedo hablar sobre la mujer de la foto.
Ella lo miró y solo se enojó más —Olvídalo y llama a José, quiero ir de vuelta a casa.
—¿Por qué estás enojada?
—Porque me mentiste…
—Que no te quiera decir quién es ella, no es mentir. No reaccioné de esa manera cuando no me hablaste de tu sueño invaluable.
—Pues te aseguro que no se trata de un esposo ocultó.
Él no podía dejarse someter y fue cuando acercó a ella y la besó con furor.
—No es mi esposa, hace siete meses salió nuestro divorcio.
Ella lo miró y encontró tristeza en su mirada —Todavía te duele ¿La amabas mucho?
—No quiero hablar sobre Eva.
—¿Eva? —se quedó pensando por unos segundos. —Ahora entiendo: Adán y Eva.
—La maldición de mi vida.
Caminó hacia el baño y la dejó allí parada. Luna se sintió mal por hacerlo recordar algo que a simple vista se podía apreciar que dolía.
Ella subió las escaleras, se sentó en la cama sintiendo culpa y preparándose mentalmente para volver a casa, pero cuando él regresó sorprendentemente continuó la conversación, al parecer quería hablar sobre el tema.
—Los errores más grandes son a los que más importancia y dedicación le prestamos y esa mujer fue eso en mi vida.
Terminó rompiendo la pequeña foto en mil pedazos y luego la quemó en los ojos de Luna. Ella se sentía mal por la pregunta y no sabía cómo solucionar su error.
—Perdón por la pregunta, yo…
—Cuando nos conocimos ella era una adolescente. Yo me dediqué a esperar por ella hasta que cumpliera su mayoría de edad. Fui el novio que se masturbaba de regreso a casa. Él que espero por su amor y la noche que el alcohol me cegó y estuve con ella ya no era virgen.
—¿No?
—No. Y yo muy estúpido me vine a enterar hace pocos meses, pues como estaba borracho y no recordaba nada, ella me mantuvo enredado en sus mentiras.
—¿Por eso se separaron?
Él negó con la cabeza —Un día regresé más temprano del trabajo y como no anuncie mi regreso, los pude encontrar en mi propia cama.
—¡No puede ser!
—Estaba teniendo sexo con mi mejor amigo en mi propia cama… Una doble traición.
En ese momento Luna se había arrepentido de hacer la pregunta. Ella no sabía cómo reaccionar ni qué decir.
—El amor apesta.
—No puedes juzgar a todos por un error.
—Carlos fue mi empleado y yo lo quise como a un hermano, le brindé la oportunidad de sobresalir en el mundo de los negocios y escalar en la sociedad, pero algo en mí me hacía dudar del siguiente paso y de alguna manera ese sentir me ayudó a no caer más profundo.
—No tienes que hablar del tema, puedo ver que te afecta y no es lo que tenía planeado para este día.
Él volteó y la miró a los ojos —Tampoco nada de esto estaba planeado. Tú debiste pasar por la habitación del placer y luego lárgate.
Luna se puso de pie y con la cabeza agachada se dirigió a él —Me puedo ir cuando así lo desees.
—¿Qué es lo que más te ha dolido en la vida?
—¿De verdad quieres hablar? —él asintió —La enfermedad de mi madre.
—¿No te has enamorado?
—Nunca esperé nada de nadie, no mantuve sueños con miedo a sufrir intentando cumplirlos, me enfoqué tanto tratando de avanzar y sacar a mi familia adelante, que incluso me olvidé de mi propia felicidad.
—¿Luis?
—No tienes que cuidarte de mí, yo seré lo que tú quieras que sea por el tiempo que lo decidas.
—¿El sueño invaluable?
—Durmió conmigo anoche y me dijo que era suya.
Ella lo miró con ternura y él se acercó a ella —No te aferres a mí, pues no confío en mis alter egos y no quisiera hacerte daño.
—¿Eso quiere decir que se cancela el contrato?
—No.
Ella lo miró confundida y él tampoco tenía una respuesta sensata, pues noches atrás le había comentado que el miedo no lo controlaba y en ese momento estaba contando sobre su más grande temor.
—¿No? Esa no es una respuesta ¿Qué pasará con nosotros, con el contrato?
—Seguiremos el curso, haremos lo que está pautado y lo que deseemos hacer.
—Él se acercó a ella —Me entregaste tu pureza.
—¿Tiene algún valor?
—¿No entiendo, si confirmas que no tiene valor, por qué lo hiciste?
—Lo hice con quién tuve el deseo de hacerlo, con quién me dejó sin salida y con quién deseo seguir haciéndolo con sus reglas.
—Joder, Luna —él se acercó y acarició su cuerpo desnudo —¿Por qué no apareciste antes en vida? ¿A dónde estabas?
—Llegué en el momento que estaba escrito hacerlo y quiero disfrutarlo y tener bastantes encuentros vibrantes para sufrir cuando te canses de mí.
—¡Delicioso! —él lamió su cuello —¿Quieres conocer el cuarto del placer?
Ella asistió y de inmediato él la cargó en sus brazos y la llevó a la habitación del placer. A su entrada la amarró de la cama e inició a disfrutar de su cuerpo.
La chica era exigente y pedía más, pero él no la quería lastimar y controló su voz interna que amenazaba con devorarla en todas las posiciones que llegarán a su mente.
Era tan fácil quedar satisfecho al entrar a su interior, que los utensilios podían formar parte de la decoración, ya que para él no era necesario en ese momento. Después de explorar algunos juegos perversos y llegar al orgasmo, regresaron a la habitación principal y Luna permaneció en la cama en silencio.
—Hablé a mi restaurante favorito y nos enviaron comida. No quiero que te enfermes.
—Quiero regresar a casa.
—No. Por favor, quédate conmigo, quiero dormir tranquilo como lo hice la anoche anterior.
Él la abrazó fuerte en su pecho y con solo su presencia ella era feliz, pero la realidad era muy distinta y había llegado el momento de sentir inseguridades.
—Tengo miedo. No quiero acostumbrarme a tus brazos y menos ahora que te vas a marchar por tiempo indeterminado.
Él acarició su tierno rostro. —Yo también tengo claro que me harás falta durante ese tiempo. Pero quiero que durante mi ausencia me tengas informado de todo lo que suceda en la empresa.
—Así lo haré.
Ella hablaba en voz bajá y se sentía cansada, así que él decidió que era una buena idea cenar en la habitación y salió a recibir lo que había pedido.
—Perdón, señor, pero pensé que esta noche estaría de regreso y así tener organizada sus cosas para el viaje de mañana.
—Encárgate de eso, yo no voy a regresar.
—Tiene llamadas perdidas de su madre, algunas cosas pendientes que esperan por usted y…
—José. Todo se quedará en pausa hasta mi regreso —Él señaló hacia la casa —Mi tranquilidad y estabilidad emocional está allá adentro, esperando por mí aún desnuda. Lo demás tiene que esperar…
Con esas palabras terminó la conversación, tomó las cosas y regresó a la habitación, donde después de cenar se quedó durmiendo, abrazando a la mujer más tierna y ardiente que jamás había conocido.