—¿Te gustó? —pregunta Cristian, al abrir la puerta del coche. —Sí. La verdad, nunca había tenido la oportunidad de venir. Rodea el coche para subirse, al hacerlo, se inclina hacia mí, pasa sus manos por mi cuello con delicadeza acercándose lentamente. Me da un beso suave en los labios, apenas un roce, pero suficiente para ponerme nerviosa. Durante años imaginé que, si algún día esto pasaba, sentiría mariposas descontroladas en el estómago o una explosión en el pecho, algo digno de las novelas que leo, igual que sentía cuando era más joven y me dirigía la palabra. Pero no… lo que siento es… distinto. Más tranquilo, más real, más común. Tal vez esas explosiones solo existen en los libros o lo tenía idealizado de alguna manera. —Me gustaría que siguiéramos en comunicación. Me atraes mu

