El conductor escuchó atentamente la llamada a pesar de que sabía que lo que pasaba no era de su incumbencia. Los viejos hábitos no se podían quitar con tanta facilidad. ―Dese prisa por favor, debo llegar lo más rápido que pueda ―ordenó Serene mientras intentaba volver a marcarle al chico que estaba en apuros dentro de un armario. Cuando ella estaba intentando por tercera vez, fue su teléfono el que recibió la llamada de Ferdinand. ―¿Qué pasó?, ¿está todo bien? ―murmuró alterada por que fuese él quien la hubiera contactado primero. ―Serene, más te vale que llegues pronto porque tengo muchos problemas en éste instante. Cambié de locación y estoy dentro de mi baño, y curiosamente tu padre está del otro lado de la puerta ―susurró a pesar del eco que había dentro de este espacio. ―Señorita

