Habían pasado ya tres años desde que habían partido a su luna de miel en Inglaterra, pero a su regreso tuvieron muchas cosas por hacer. Una de las primeras cosas de las que se encargaron fue de la remodelación de Mellieur Mode para que pudieran realizar el primer desfile de su colección de bodas. Otra cosa que debían reformar era la habitación de Serene porque ahí tendría que dormir su hijo Bernard, un chico castaño que había obtenido los rasgos agradables de su padre y la fortuna tan desastrosa de su madre. También deberían comprar una cama más grande para cuando la niña que estaba aún en el vientre de Serene llegara a sus vidas. Ferdinand había aprendido tantas cosas después del primer embarazo de Serene que ahora se volcaba en cuerpo y alma sobre su esposa y el bebé que cargaba con e
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