Alexander: —Vaya, es Ashley Evans —decían impresionados. —¿Qué hacen aquí, señorita Evans? —Pregunto otro, pero ella no respondía. Sus ojos azules estaban fijos en nosotros dos. Otra mujer dijo. —¡Es obvio, viene a enfrentar a la zorr* que le robo a su esposo! No dejaría que mi chica, escuchara más sus palabras. —Vamos, cariño. Samantha asiente. —Está bien, creo que es suficiente. Entonces esa odi*sa voz nos detuvo. —¿Por qué huyes, Alexander? ¡Déjala que se defienda ella sola! Hice oídos sordos y continué caminando. Bueno, lo intenté, porque Samantha se detuvo en el camino para luego darse la vuelta enfrentando a Ashley. —Cariño, no necesitas demostrar nada. —Le dije al oído. —Lo sé, solo espera un momento. No entendía lo que decía. Me pasé una mano por mi cabello con frustració

