Samantha: Un mes después… Durante este mes que pasamos juntos, Alexander me llevo a su casa, me trato como a una reina, me hizo dueña de todo. Me apoyo con mis estudios y con mi idea de ejercer mi pasión, porque estaba loco si pensaba que dejaría de hacerlo. Aunque, llego un punto en que tuve que detenerme, las largas horas en mi cocina, horneando galletas, haciendo postres y las comidas para mi doctor, me cobraron factura. Ya no aguantaba mis pies, así que me obligue a parar. Antes que eso, Alexander ya había contratado a una empleada. Nina, una mujer casada y bien puesta en su sitio, ayudaba con la limpieza y también se encargó de cocinar para nosotros. Siempre permanecía a su lado, diciéndole que hacer y cómo debía prepararlo. La maestra de cocina profesional, que había en mí, siem

