El rechinar de unos neumáticos derrapando sobre la gravilla. Una serie de portazos, risas y el pitido que hace un coche cuando se cierra. Al despertarme fue la oscuridad la que me sobresaltó acelerando los latidos de mi corazón. Por un momento, había olvidado de que aún seguía en la villa D'armento. Recordé haber soñado que estaba en mi habitación de Nueva York viendo por la ventana cómo unos jóvenes aparcaban bajo mi edificio dispuestos a pasar una noche de fiesta en fiesta en la gran ciudad. Miré el reloj digital que había sobre la mesilla, justo al lado de la cama. En un color rojo parpadeante pude distinguir que eran las 05:44 de la madrugada. Mi voz interior me gritó que no podría volver a dormir, pero, aún así, me escondí entre las arrugadas sábanas e hice el esfuerzo de intentarl

