10. Intenciones ocultas

1487 Words
Los sentidos de Enrique permanecieron en estado de alerta por unos minutos, luego de observarlo, el rey se dejó ver saliendo del oscuro rincón en su despacho, Isabella al fin presentó a Enrique ante el rey, quien, de manera inesperada, se portaba amable y complaciente con ambos. Enrique ahora podía observar a su majestad y conocer a ese hombre de quien tanto se hablaba en el reino, ese del que tenía que defender la pureza de su amada. — Es un placer, Enrique, Isabella me ha hablado mucho de usted — comentó el rey tratando de ser amigable, pero estableciendo cierto límite. — Su majestad, me siento realmente honrado de poder compartir este momento con usted — expresó el lambiscón — Yo más, ya que como usted sabe, Isabella es una joven huérfana que quedó a mi cargo luego del deceso de mi padre, ella es una dama respetable y así debe permanecer, así que no me gustaría que su reputación anduviera de boca en boca — expresó el rey — Créame que no es mi intención — dijo Enrique mirándolo a los ojos — ¿Entonces, para cuándo pretende, usted, realizar la boda? — cuestionó el rey — En cuanto usted nos permita llevarla a cabo — Bien, me gustaría que fuera lo más pronto posible, ¿sabe? Pero, estoy en espera de la visita de mi prometida, así que, es probable que deban esperar un poco — A Enrique le sorprendió este dato — No sabía que usted estaba comprometido, su majestad — Por supuesto, usted de seguro cree todas esas patrañas que se dicen de mí, pero desde antes de que mi padre falleciera me comprometí con la mujer que ha sido mi novia desde hace años y la boda no ha podido realizarse gracias a ese terrible acontecimiento, usted, sabe, el luto — explica el rey y con ésto, dejaba en claro que todo lo que había llegado a sus oídos, sólo eran rumores y luego prosiguió con su trato amable — Isabella, ¿porqué no nos traes algo de beber? — Desde luego, señor, ¿desean algo en especial? — preguntó con la dulzura que la caracterizaba — Uno de esos maravillosos cafés que sólo tú sabes cómo preparar — a Enrique no le agradaba la manera en que el rey miraba a Isabella ni mucho menos el trato tan considerado que tenía hacia ella, sabiendo por boca de muchas personas que él no era ninguna blanca palomita — Enseguida — ella se retiró para cumplir con las órdenes del rey, dejando a solas a ese par de caballeros — No me lo tome a mal, su majestad, — continúa Enrique — pero en todo el reino se hablan muchas cosas de usted y de las personas que viven en su hermoso palacio — Lo sé y es una verdadera estupidez, Enrique, ¿usted cree que mi novia seguiría siendo mi novia de saber todas esas habladurías? Ella me escribe cada semana riéndose de todos esos chismes malintencionados, porque sabe que nada de eso es verdad, — explica Vladimir — o dígame, ¿Isabella le ha dado entender que todo eso es cierto? — No, su majestad, de ninguna manera — Isabella llegó aquí desde muy pequeña, por lo que la considero como parte de mi familia, para ser sincero, creo que ella debió ser la reina al morir mi padre, ya que fue ella quien siempre lo acompañó hasta el último momento, pero no lleva la sangre real, así que no está permitido, para mí ella es la hermana que siempre quise tener — ¿Isabella una reina? — al rey le quedaba claro que Enrique tenía cierto interés, mira que ignorar el hecho de que la veía cómo una hermana, sólo para concentrarse en la idea que pudo haber sido una reina — ¡Claro! Con su gentileza y sentido de responsabilidad haría un gran trabajo, lo sé, en cambio, yo sigo aprendiendo a ser el rey, a veces siento que sólo es un juego y otras veces me siento incompetente — Debe ser muy difícil para usted, sobre todo partiendo de que para ser rey debe haber perdido a su padre — mencionó Enrique tratando de mostrarse empático — Bastante, perdí a mi madre cuando era tan sólo un niño y la verdad, ni siquiera pasaba por mi mente el quedarme también sin él — Yo perdí a mi padre hace unos años y también me hubiera gustado aprender el negocio de él, con él a mi lado, guiándome hubiera sido muchas más sencillo — Es lo que nos tocó vivir, como puede darse cuenta, somos muy parecidos, pero al menos usted tendrá a su madre, porque como todos saben, — suspira el rey — yo ya no tengo ese privilegio, estoy sólo, por eso Isabella es la pequeña hermana que tengo que cuidar, usted comprende, ¿verdad? — Lo siento mucho, su majestad, no quise ser imprudente y recordarle sus penas — No lo sienta Enrique, he sido yo quien habló del tema — Respondiendo a su pregunta, sólo tengo a mi madre y dos hermanas menores que yo que... — Que dependen de usted, supongo — completa el rey — Totalmente — Con tres personas que dependen de usted ya es difícil, ¡imagínese con todo un reino! — De verdad que comienzo a entenderlo — No busco eso, en realidad, sólo quiero saber en qué manos estará la pequeña Isabella, mi padre jamás me perdonaría que la haya dejado casarse con un mal hombre — Por eso puede estar tranquilo, yo amo a Isabella con toda mi alma y la haré tan feliz que nunca tendrá que preocuparse por nosotros — ¿Aún sabiendo que todos esos rumores mal intencionados sí podrían ser verdad? — Bueno, ella no ha sido deshonrada, por lo que entiendo — Tiene razón, ella conserva su valor, además de ser una chica encantadora — ¿Así que sólo le interesa su virtud y la riqueza? Conjeturaba el rey — Es una joven hermosa y virtuosa — Y prepara un delicioso café, — comenta el rey al ver entrar a Isabella con sus bebidas — le decía a Enrique que mi prometida vendrá pronto, quizá podríamos cenar en parejas en la fiesta de bienvenida — Como usted diga, su majestad — respondió Isabella — A mi me encantaría, mi padre se sentirá muy feliz de vernos compartir esos momentos tan importantes, ¿no lo crees? — expresa el rey — Por supuesto, su padre, que en paz descanse, siempre quiso que ambos nos casáramos con buenas personas — confirma Isabella — Entonces, no se diga más, Enrique, le haré llegar la invitación para que traiga a su madre y hermanas, y allí podrá aprovechar para pedir la mano de Isabella, si ustedes están de acuerdo — Claro que sí, su majestad, me siento realmente honrado con su aprobación — expresa Enrique — Por favor, Enrique, tutéame, seremos familia, así que no le veo caso hablarnos con tanta formalidad, además, siendo casi de la misma edad — No podría... — Es una orden de su rey — exige el rey sabiendo que ganará la confianza del interesado — Siendo así, Vladimir, por aquí nos vemos pronto — ¡Muy pronto! Isabella, mi prometida avisó en su carta que llegará en tres días, así que debemos prepararnos, por favor, en un momento mandas a llamar a todo el servicio — Sí, señor, aunque Miguelina no ha regresado — Nos hará mucha falta, pero tendremos que hacerlo sin ella — Si el rey lo desea, yo también podría ayudarte con los preparativos — Te estaré muy agradecido de ser así. Entonces llama al personal de inmediato para ponernos de acuerdo Mientras Isabella citaba a todos ante la presencia del rey, Enrique y Vladimir pensaban en ideas para el evento. — A Alondra le fascinan las fiestas de disfraces — dijo el rey — ¿Alondra? — Así se llama mi prometida, es hija de un duque, pero ya tendré oportunidad de presentarla formalmente — Una temática de temporada, tal vez — ¿Algo como de flores y hadas acorde a la estación del año? — ¿Y porqué no? — No lo sé, ella es como más de colores oscuros y esas cosas — Entonces hay que hacer hincapié en la creatividad para evitar cierta gama de colores — Me agrada tu idea... Cuando el personal estuvo listo para las indicaciones del rey, Vladimir y Enrique acudieron a la sala donde estaban todos, Enrique se comprometió a surtir todo la concerniente a alimentos para el evento y el rey aceptó gustoso, aunque con intenciones ocultas, Isabella estaba feliz por la actitud del rey hacia su prometido, además, todo el servicio estaba contento por la gran fiesta. En rey Vladimir II no confiaba en Enrique, solamente quería tenerlo cerca, muy cerca para descubrir sus verdaderas pretensiones.
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