El aire estaba cargado de tensión y el aroma metálico de la sangre fresca invadía el bosque fronterizo. Max, el beta del rey alfa Marcus, no podía permitirse un solo error. Los informes llegados a su oído eran claros: los vampiros habían cruzado la frontera y estaban masacrando a los guardias. Sin perder tiempo, reunió a un grupo de élite y se dirigió al lugar del conflicto.
—¡Aceleremos el paso! —rugió Max, sintiendo la rabia burbujear bajo su piel. El alfa tenía que ser informado de inmediato, pero primero debía contener la situación.
En la frontera, el panorama era desolador. Cuerpos de licántropos caídos yacían esparcidos, y el sonido de espadas chocando y gruñidos resonaba en el aire. Max se lanzó al combate, sus movimientos ágiles y letales, guiado por la furia y el deber.
Mientras tanto, en una cabaña alejada del conflicto, Angela y Marcus estaban ajenos a la batalla que se desarrollaba. Habían encontrado un refugio en su compañía mutua, descubriendo que el odio entre sus razas no podía sofocar los sentimientos que comenzaban a florecer entre ellos.
—Nunca imaginé que encontraría paz en los brazos de un licántropo —murmuró Angela, recostada junto a Marcus en la suave cama de la cabaña.
—Y yo jamás pensé que un beso podría cambiar tanto —respondió Marcus, acariciando suavemente el rostro de Angela. Sus ojos se encontraron, llenos de promesas y dichas y un futuro incierto.
—Max, desde que te conocí, algo dentro de mí cambió. Nunca pensé que podría sentir esto por alguien, y menos por alguien que debería ser mi enemigo —continuó Angela, su voz cargada de emoción.
—Pero aquí estamos, y no quiero perder esta oportunidad—.
Marcus la miró, con lágrimas en los ojos.
—Elisa, yo también siento lo mismo. Pero hay algo que debes saber. Las cosas entre nosotros son muy delicadas por quienes somos. Pertenecemos a bandos enemigos.
Angela asintió, sabiendo que debía ser honesta hasta donde pudiera sin revelar su verdadera identidad.
—Max, quiero que sepas que no importa lo que pase, yo... quiero estar contigo. Pero hay cosas de mi pasado que podrían cambiar todo.
Marcus la interrumpió, colocando un dedo sobre sus labios.
—No me importa quién eras. Lo que me importa es quién eres ahora y lo que podemos ser juntos. Quiero empezar de nuevo contigo.
Angela lo abrazó, sintiendo un alivio inmenso. Por un momento, olvidaron el conflicto que los rodeaba y se sumergieron en la esperanza de un nuevo comienzo.
—Vamos al castillo. Quiero que estés a salvo y que empecemos este nuevo capítulo juntos —dijo Marcus, tomando la mano de Angela.
De regreso al castillo, la atmósfera era muy intensa, sabía que su gente no aprobaría su relación con una vampira, no obstante, se atrevería a correr el riesgo, pues estaba seguro que cuando todos la conocieran terminarían adorándola tal como le había ocurrido a él.
– ingresaremos al castillo por una entrada secreta, cariño, no es conveniente que te vean por el momento, seguro los tuyos deben estar buscándote y los rumores ya habrán llegado hasta aquí – señaló el rey alfa.
Ella asintió agradecida de qué él quisiera protegerla aún cuando estaba muy lejos de saber lo que verdaderamente estaba pasando. Angela no quería que su padre la encontrara, así que era mejor pasar desapercibida hasta que pudiera revelarle a su protector su verdadera identidad.
Entraron por una puerta secreta que daba directamente a una pequeña habitación alejada de todo y de todos, abrió la puerta con cuidado para no hacer ruido y condujo a Angela con delicadeza.
–Aquí estarás bien, muy pronto ya no tendremos que ocultarnos, buscaré la manera de qué todos se enteren sobre lo nuestro, te aseguro que mi gente va a llegar a quererte y a apreciar la bondad que hay en ti, preciosa – aseguró el rey alfa al tiempo que acariciaba la mejilla de la chica.
Angela sentía como las emociones la embargaban, por lo cual no podía pensar con claridad, pero deteniéndose en sus cavilaciones, se dio cuenta que Marcus debía ocupar una posición elevada dentro de la corte real de los hombres lobo.
– ¿Vives en el castillo? – Inquirió ella con preocupación.
Él se quedó pensando por algunos segundos, pero se sentía temeroso de revelar su verdadera identidad.
– Sí, vivo en el castillo, pero por ahora no me gustaría hablar de eso, preferiría que te instales y descanses, en un rato te voy a traer todo lo que necesitas para que tu estancia aquí sea lo más cómoda posible – contestó tratando de evadir el tema.
Ella lo miró con esos ojos profundos que le robaban la respiración, y él contestó con la misma intensidad a esa mirada, tomó sus manos entre las suyas acercándose para depositar un beso en los labios de la joven.
–Pase lo que pase, quiero que sepas que conocerte ha sido lo mejor que me ha pasado – le dijo Marcus con voz aterciopelada.
–En algún momento tenemos que hablar de nuestro pasado, no podemos negar quienes somos aún a pesar de lo que sentimos – repuso ella.
– Tal vez no podamos, pero si podemos cambiar lo que seremos en el futuro, y tú y yo estamos destinados a estar juntos aún a pesar de los siglos de odio entre nuestras razas –apuntó con determinación.
La rodeo con sus fuertes brazos por la cintura, atrayéndola junto a su pecho, se podía sentir el latido frenético de sus corazones que al unísono expresaban la pasión que se desbordaba en su interior. Sus labios se unieron en un beso que decía más que 1000 palabras, en el lugar sólo se podía escuchar el sonido de su respiración agitada, pero aún cuando Marcus se moría de ganas por seguir adelante, sabía que necesitaba regresar con su gente, había permanecido varios días ausente, pero las responsabilidades no podían eludirse para siempre aún cuando desearía con toda su alma desaparecer y sumergirse en ese amor que la vida le estaba regalando.
– Tengo que irme, pero te prometo que no tardaré mucho, llevo varios días fuera y necesito resolver los asuntos pendientes – le dijo al tiempo que volvía a besarla.
– Tengo miedo de qué esto sea sólo un sueño y que muy pronto tengamos que enfrentarnos con la realidad, Marcus – manifestó Angela con la voz quebrada por la preocupación.
– Nada va a pasar mientras nos mantengamos juntos y unidos, por favor, amor mío, confía en mí, confía en lo que tenemos, y prométeme que pase lo que pase te mantendrás fuerte y no permitirás que los demás influyan sobre nosotros – exclamó con el corazón latiéndole a toda prisa.
– te lo prometo, mi amor – respondió Angela en un susurro dejándose llevar por la emoción del momento y la magia de esa voz que la dejaba sin aliento.
Tras la emotiva despedida, el rey alfa salió por la puerta secreta por la que antes ingresaron atravesando a grandes zancadas el camino hasta llegar a la puerta principal del Castillo, donde los rostros llenos de preocupación de sus guardias le anticipaban que el panorama no era para nada alentador.
–¿Qué está pasando? – les preguntó con la angustia palpable en su voz.
– Nos atacaron, su majestad, los vampiros rompieron el tratado y se atrevieron a cruzar los límites de nuestro territorio aniquilando a varios de los nuestros – le informó uno de los guardias.
Marcus sintió la furia arder en su interior, nunca había querido una guerra con los vampiros, pero si pensaban que el daño que les había causado quedaría impune, estaban muy equivocados, el rey alfa no soportaba las injusticias y no le permitiría a nadie, mucho menos al enemigo que intentara dañar a su gente, y si le estaban declarando la guerra, respondería sin dudar aunque ello significara la extinción de la r**a a la que pertenecía la mujer que le había robado sus pensamientos desde el preciso instante en el que la vio.