Capítulo cuatro.

1213 Words
La sesión del Consejo estaba apunto de terminar, cuando el jefe de la guardia real se presentó ante el rey para informarle sobre los últimos acontecimientos, se trataba de un plan perfectamente elaborado, puesto que había sido Elliot quién determinó la crueldad a la que someterían a una de las doncellas más queridas por la princesa, para proporcionarle al Consejo la prueba definitiva que necesitaban para el ataque a los licántropos. “Su majestad, lamento interrumpir la sesión, pero ha pasado algo urgente“ informó el guardia real. “Habla, hombre“ lo animó Elliot. “Lamento portar malas noticias, pero hemos encontrado a Elisa, la doncella más querida por la princesa Angela en los límites del territorio completamente desangrada”dijo él. Todas las voces se escucharon al unísono, los rostros de los presentes estaban completamente desencajados tras la indignación que sentían por el macabro hallazgo que acababan de escuchar. “Esto es inaudito“ pronunció Elliot golpeando el suelo con coraje. “Debemos atacar de inmediato“ sugirió Bruno. “Estoy de acuerdo con Bruno, no perdamos más tiempo“ dijo otro de los presentes. “Calma, necesitamos pensar muy bien lo que haremos, recuerden que esos salvajes tienen a mi hija en su poder, y no puedo arriesgarla“ mintió a propósito para ganar un poco de tiempo y planear lo que debía hacer para no resultar descubierto. Poco a poco, los miembros del consejo se fueron retirando, hasta que sólo se quedaron Bruno y Eliot. “Le juro que cuando tenga a ese malnacido del rey alfa frente a mí, lo haré pedazos con mis propias manos, su alteza“. “No te dejes llevar por tus emociones, Bruno, esos infelices pagarán, pero lo harán a mi manera, tengo en mente una estrategia, pero necesitaré de toda tu ayuda para lograrlo“ mencionó el siniestro rey. La conversación continuó Por breve periodo de tiempo, Eliot le había confiado la estrategia a Bruno, y de inmediato pondrían en marcha el plan de acción que deberían llevar a cabo. Ángela se estaba recuperando satisfactoriamente, las heridas de su cuerpo y rostro se habían regenerado sin ningún problema, ya que las habilidades de los vampiros les permitían curarse en breves periodos de tiempo, el rey alfa había puesto a su disposición algo de su ropa para que ella pudiese vestirse. “¿Cuál es tu nombre?“ Preguntó Marcus de repente provocando que la sonrisa en el rostro de la chica desapareciera. Angela se quedó en silencio por un momento, sabía que revelarle su verdadera identidad sólo le traería complicaciones, y probablemente él no querría volver a verla jamás, lo cual por alguna razón le hizo sentir una profunda tristeza, lo atribuía al gran agradecimiento que sentía por haberle salvado la vida, aún cuando en el fondo de su corazón, ella sabía que se trataba de algo más. “Soy Elisa“ mintió con todo el dolor de su corazón. “Es un lindo nombre, tan lindo como tu“ contesta el alfa gentilmente. “Salvaste mi vida y ni siquiera sé quién eres“ puntualizó ella. “Mi nombre es Max“ pronuncia apesadumbrado por tener que mentirle. Marcus se sentía sumamente culpable por tener que esconderse bajo una falsa identidad, deseaba hacer él mismo, y que ella pudiese aceptarlo tal y como era, pero lamentablemente sabía qué eso era prácticamente imposible, puesto que su estatus como rey de los licántropos imponía el peso de una gran responsabilidad, la cual no era fácil de asimilar para los de su r**a, y mucho menos lo sería para una vampira, por lo que resultaba mejor ocultar quién era hasta no saber adonde los llevaría todo aquello. “Háblame de tu vida con los tuyos, pero no pienses en mí como un licántropo, ni como el enemigo, sino como alguien al que le encantaría escucharte, y conocerte“ susurró. “Desde que me salvaste deje de verte como el enemigo, has hecho más por mí que cualquiera de los míos, y eso tiene un valor incalculable“ exclamó ella con total sinceridad. Las palabras de la joven princesa causaron grandes estragos en la mente y en el corazón de Marcus, a quien le resultó inevitable no acercarse y besar sus labios. En un principio fue un beso tímido pero lleno de dulzura, el cual poco a poco se fue intensificando, era un contacto electrizante, lleno de pasión y magia a la vez, dos seres de dos mundos completamente diferentes, marcados por siglos de venganza, sangre y odio, pero que por alguna extraña razón, la vida los había puesto frente a frente y cara a cara con el amor. Max, el beta del rey alfa, estaba preparando el informe que debía entregar a su señor cuando éste regresara, ya que tenía un día completo que había desaparecido, lo cual no resultó extraño para Max, puesto que Marcus acostumbraba a marcharse por tiempos prolongados dónde el rey alfa intentaba poner en orden sus ideas, o bien, escapar un poco de las responsabilidades que a veces lo abrumaban. Estaba absorto en sus pensamientos cuándo el jefe de la guardia entró de manera intempestiva en el salón. “Señor, me disculpo por entrar de esta manera, pero ha sucedido algo terrible“ dijo de repente. “No te preocupes, hombre, habla ya, me estás preocupando“ solicitó Max con gran inquietud. “Hemos encontrado a varios de los nuestros asesinados con balas de plata, justo en los límites del territorio con los vampiros“ pronunció preocupado. “No puede ser, esos malditos rompieron el tratado y tendrán que pagar las consecuencias“. “Habrá que avisarle al rey Marcus“ sugirió. “Prepara un numeroso grupo para que nos acompañe, pero encárgate de qué el palacio quede bien custodiado, vayamos a investigar y de acuerdo al resultado le informamos a su majestad“ concluyó Max. La trampa que el rey Eliot había preparado, estaba apunto de dar resultado, pero lo que los vampiros jamás esperaron, era que se encontrarían con una mente estratégica como la de Max, quien ya tenía delimitado el plan que seguiría cualquiera que fuera el panorama con el que tuviera que encontrarse. Una vez haber terminado de hablar con Eliot, Bruno se dirigió hacia la salida del Castillo, pero cuando caminaba por los pasillos, se encontró con la seductora mirada de Rachel, una de las damas de la corte, ella era la prima de Angela, una mujer sin escrúpulos a quien no le importaba lo que tuviera que hacer para lograr lo que se proponía. “Cariño, me encanta tenerte entre nosotros“ le dijo ella acercándose de manera provocativa. Bruno esbozó una leve sonrisa, pero de inmediato apartó a la joven por miedo a que pudieran descubrirlos. “Espérame en tu alcoba, cuando todo este circo termine, iré a buscarte para que celebremos juntos. “Te voy a estar esperando, no tardes mucho“ contestó Rachel inclinándose un poco para dejar al descubierto su atrevido escote. Bruno se humedeció los labios y le lanzó una mirada llena de lujuria, desde hacía algún tiempo era amante de Lady Rachel, la cual disfrutaba de sobremanera mantener relaciones íntimas con el que sabía sería el prometido de su prima a la que tanto odiaba.
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