Me dirijo al garaje, afortunadamente, las maletas tienen ruedas y las cargo en la parte trasera de mi auto. Primero, paso por un cajero automático, retiro todo el dinero que he ahorrado durante estos años, que son dólares, y lo guardo. Luego, decido ir a casa de alguien en quien confío, aunque no hemos tenido demasiado contacto últimamente. Cuando llego a casa de Alex, lo encuentro regando el jardín. Sus lentes gruesos brillan bajo el sol y le sonrío. Bajo del auto con una expresión triste y me acerco a él. - Alex - digo, y él suelta la manguera al suelo. - ¡Emma! - responde sorprendido, ya que hace tiempo que no nos vemos. - ¿Puedo hablar contigo? - le pregunto directamente, haciendo una mueca porque fui muy directa. Él me mira con sorpresa y luego asiente. - Claro, dime qué ocurre.

