Deslice uno de mis dedos dentro de su interior, arrancándole un fuerte gemido como pude le cubrí su boca con mi mano, no quería que escucharán las demás personas. Lentamente introducía y retiraba mi dedo haciendo que se moviera al ritmo de mi dedo, me acerqué a su oído para pedir que se callara. —Si vuelves a gritar me voy—susurre. —Si intentas irte haré que te despidan—gimió— ahora cállate y sigue follándome. Odiaba que sea tan arrogante pero no podía hacer nada, ella tenía el mando. Introduje otra falange con coraje, esta vez no gritó simplemente clavó sus uñas en mi espalda. Maldita perra. Alce una de sus piernas para tener mejor acceso y comencé a penetrarla sin parar. —Más fuerte, sí así, lo haces delicioso—gemía en mi oído. De lo solo escucharla estaba por venirme. Saqué mis

