La llevo a mi hogar, la ventaja de vivir en el centro es que no nos tardamos demasiado en llegar. — ¡Vaya! —Exclama al pasar del cuarto de estar a la gran habitación, ve con curiosidad los cuadros, juguetes y simples adornos con alusión a la sexualidad. — ¿Quieres probar alguno? —Ofrezco burlona. —Yo nunca… —Mira con curiosidad mi mobiliario, en especial un carpintero en donde unas cadenas se desprenden por los lados. — ¿Te gusta ese? Solo debes apoyar tus rodillas —bajo la voz inclinándome un poco y acercándome a su oído — y veremos de qué estás hecha. — ¿Te vas a ensañar verdad? —susurra girándose hacia mí, no me aparto y ella tampoco. Bajo la mirada a sus labios, me inclino y dejo un lento y delicado beso sobre ellos. Me sorprende acercando su boca a la mía, sus labios son tibio

