Capítulo 2
El atardecer presentaba un esplendoroso juego de naranjas, rojos y amarillos. Una escena prometiendo el comienzo de algo maravilloso. Llevaba en su vientre el regalo más hermoso del mundo lo que siempre había deseado, siempre pensó que ella era una mujer seca la que no servía para concebir, pero ahora con esto la duda flotaba en el aire, ¿Era entonces Piero el infértil?
No podría jamás responderse esa duda. No siempre era un gruñón, ni un agresivo; había momentos bueno sin gritos, ni agresiones, era un hombre detallista y caballeroso solo se ponía mal cuando algo no le salía, y eran contadas veces que no conseguía lo que deseaba.
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Una mañana el la despertó con música romántica para que abriera sus ojos y encontrará una habitación llena de azucenas de todas las especies, de distintos colores y tamaños.
--Despierta hermosa – el desayuno también estaba sobre la cama
--Piero, -- eran sus flores preferidas.
--Desayuna, vístete,--con un pétalo acariciaba su mejilla -- hoy tengo día libre y quiero que pasemos el tiempo juntos
--Te amo –Ámbar lo lleno de besos
Aquel día fue perfecto de principio a fin, se puse un vestido que el mismo le había obsequia. Fueron al cine y caminar por el parque, Piero era un buen cocinero y a veces se adueñaba de la cocina.
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El también lloraba cuando las esperanzas de engendrar a un hijo les demostraba que no era digna de ser madre; la recargaba sobre su hombro cada vez que el resultado salía negativo. Jamás escucho un reclamo pues era el dolor de los dos.
Mirar aquel atardecer, pensando en su esposo y lo increíble que era el hecho de que estuviera muerto la hizo llorar a mares con un grito que bramaba. No pudo despedirse, lo ultimo que vivió con el fue una discusión.
Si tan solo se hubiera quedado callada Piero no hubiera estallado de furia, el accidente no se hubiera dado y ambos estarían juntos y felices como siempre.
Pero ella no estaría embarazada. Todo debió suceder así.
Un porche gris se detuvo frente a Ámbar media hora más tarde, era su hermana Elisa quien bajo y la abrazo con mucha fuerza, no podía creer lo que estaba viendo, su hermana estaba viva. Ámbar necesitaba descansar y Elisa lo sabía subieron al auto por esa noche tendría un lugar donde dormir.
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La casa era muy pequeña, la entrada era solo un pasillo, que se dividía en la mitad una escalera estrecha y el otro espacio conducía a la cocina, justo a mano derecha una puerta ancha que abría espacio a una pequeña salita floreada, era mucho más chica que en la que vivía con Piero, pero parecía ser muy acogedora. Elisa era madre soltera así que hacía lo que podía trabajar y cuidar de su hijo.
Era demasiado tarde para hablar, la cabeza de Ámbar era una maraña de sucesos desordenados como un rompecabezas, lo mejor era que fuera a dormir o era la sugerencia de Elisa.
Al entrar la recibió un pequeño de seis años brindando un fuerte alarido de felicidad
--Tía, has vuelto de la muerte –grita el pequeño que bajaba corriendo por la escalera con una espada de madera, había crecido tanto en tan solo seis meses parecía tener ya casi ocho años. Pero estaba más delgado de lo que recordaba.
--Mírate eres todo un gigante – la cabeza del pequeño estaba cubierta con una tela delgada, al pasear la mano sobre el pequeño la sensación de ausencia de cabello fue notoria.
Ámbar miro a Elisa quien con los ojos rojos a punto de llorar le reveló que el pequeño Dylan estaba enfermo.
--Tía Ámbar paso mucho tiempo, me convertí en un guerrero – Ámbar esbozo una sonrisa forzándose a no quebrar en llanto y abrazar a su hermana.
Dylan parecía ser feliz a pesar de lo que le estaba sucediendo, la fuerza que los adultos no tenían él rebosaba de energía. Era consiente de que debía pelear para ganar, y que quizás ganaría pues tenia tantas fuerzas;
--¿A si, un guerrero? y dígame ¿hace cuanto esta peleando? --Elisa tomo a Dylan de los brazos y lo retiro de su tía.
--Poco, pero usted tía tiene el arma secreta, dígame cómo venció a la muerte así yo sabré como pelear para ganar y mamá ya no llorara durante las noches- las mujeres se miraron y Elisa cerro sus ojos –ella cree que no me doy cuenta –susurro el pequeño, creando un dolor en la garganta de su madre.
--Ve a jugar, tía Ámbar necesita descansar Dylan- le pidió su madre
--Va dormir más – cuestiono el pequeño con desaprobación y desanimo.
--Es verdad eh dormido mucho. Así que quizás quiero conversar con tu mami. –Ámbar le dio una caricia a su nariz
--Te llevo a tu habitación ahí estarás tranquila –Elisa dejo que Ámbar le diera una caricia a su hijo y un beso la invitó sin hablar a subir las escaleras al segundo pisos. Dylan salió corriendo con todo el escándalo que pudo armar.
En la parte superior había solo dos habitaciones la de Dylan y la de Elisa
--Déjame quedarme en la sala --Ámbar lo menos que quería era incomodar o desubicar su habitualidad.
--Esta bien, no tengo mucho que ofrecerte yo dormiré con mi pequeño tu dormirás aquí. Es mejor para ti.
--En verdad no puedo aceptar yo dormiré abajo…
--Aquí estarás mejor, toma la ropa que necesites date una ducha y descansa. Mañana desocupo una habitación que hay abajo, tú necesitas estar cómoda.
--Podemos dormir juntas –insistió la morena.
--Descansa, hablamos mañana
Era una negativa de Elisa, apenas cruzaron palabra en el camino, Ámbar comprendía que era por la situación, esto no era fácil de asimilar ella estaba muerta o eso creían. ¿Quién se beneficio de esto? Y por qué la escogieron a ella.
Elisa y Piero no se toleraban, la relación tan estrecha que tenían se rompió de poco a poco cuando Ámbar se casó, así que fueron contadas las veces en que Ámbar visito a su hermana. Trato siempre de estar del lado de Piero.
Cuando se dio una ducha sintió un enorme descanso y frescura, se recostó en la cama pero no podía conciliar el sueño su pensamiento viajaba entre recuerdos, del como es que ambos de cierto modo rompieron con sus familias, para la madre de Piero, Ámbar no era la mujer indicada aún cuando su apellido fuera importante el dinero ya no lo tenia, la veía hacia abajo. Y la familia Grassi se etiquetaba como media-alta, ellos se relacionaban con políticos donde eran invitados a reuniones de gente de nivel alto.
Raffaello tenía una empresa de vienes raíces que cada vez se posicionaban con mejor calidad y mayor número de ventas, según eso decía Angelina la madre de Piero, un día presumieron un auto nuevo que habían comprado, se veía lujoso y muy caro, los Grassi iban para arriba.
Ámbar era una rica en decadencia, pero a Piero eso no le importaba él la amaba.
Elisa detestaba a Piero, no se caían bien. Y para evitar discusiones Ámbar decidió no visitar frecuente a su hermana solo la llamaba por teléfono. Era está la primera vez que ponía un pie en su casa.
Camino por la habitación sin poder conciliar el sueño ni un poco, cuando estaba por amanecer ya estaba en la cocina preparando un buen desayuno. Por lo que sería una buena sorpresa para Elisa.
--Buenos días – con una cara de cansancio, Elisa no había dormido bien
--Te dije que te quedarás en la habitación
--Deja de regañarme—Ámbar era la mayor siempre había sido una hermana regañona.
Ámbar ofreció un desayuno delicioso, unos huevos fritos con papas y catsup, quizás no era delicioso pero no había mucho de donde agarrar.
Ella comió un pedazo de fruta, tenía tantas preguntas que hacer sobre su pequeño sobrino pero no deseaba incomodar, no encontraba el modo de decirle que estaba esperando un hijo, y sin el apoyo de su esposo ella podría convertirse en un carga y no era justo, los tratamientos de cáncer no eran económicos.
--Quiero ir a verlo –exteriorizo un pensamiento, que era claro iba dirigido a Elisa, está soltó el tenedor y se levanto de la mesa, tomo su plato y lo llevo al lavabo –Necesito despedirme.
---No sé si es buena idea,-- respondió sin mirarla -- ¿Dylan terminaste?
--Si mamá
Elisa recogió el plato
--Ve a vestirte debo llevarte a la escuela vamos corre, corre. – a pesar de su estado el parecía estar bien, como un niño feliz lleno de salud
--Es mi esposo, quiero sabe dónde puedo ir a verlo, llevarle flores, dónde puedo ir a llorarle y pedirle perdón por qué es mi culpa que este muerto.
--¡No Ámbar!, no es así, maldición… --Elisa agachó la mirada, recargando su rostro sobre sus dedos, daba la impresión que estaba ocultado algo –el no merece tus lágrimas, no es el hombre bueno que tu siempre creíste que era, alegre debes estar de que este muerto y tu libre.
--¡El era perfecto!
--Solo tu te crees esa mentira – contesto Elisa entre risa
--¡Dime dónde está!, solo eso yo iré sola
--Sabes que lo detestaba, sabes que me parecía un maldito cretino, no acudí a su entierro ni le lleve una flor. Encendí el estéreo y me puse a bailar..
--Veo que yo tampoco te importe- reclamo Ámbar, ante la ironía de su hermana.
--A ti te llore una semana después, creí que estabas muerta. Los médicos dijeron que tú estado era estable luego me llamaron y… -- la voz se quebró -- me entregaron un cuerpo, dijeron que sufriste un paro fulminante. No pudieron hacer nada por ti…
--¿Donde esta mi tumba? dónde me enterraste ahí debe estar junto a mi esposo –Elisa salió de la cocina a toda prisa. Un minuto después estaba de nuevo frente a Ámbar con una pequeña urna.
--No podía creerlo, no pude llevarte a un lugar frío y solo eras mi hermana y viviste lejos de mi estos últimos tres años. Así que te traje aquí. Lo mismo sucedió con Piero, su familia se hizo cargo de su entierro pero yo no acudí. Es mejor que te olvides de él, has de cuenta que no existió así evitarás la tortura inútil de pensar que tienes culpa de su muerte- Elisa salió para ir a cambiarse e ir al trabajo.
--Era mi esposo, era el amor de mi vida y tus malditas envidias y predisposiciones contra el no tiene validez ya que tú no lo conociste como yo. –Ámbar la siguió pero solo hasta el inicio de las escaleras.
--¡¡Ámbar!!
Salió de casa de su hermana, aún no podía contarle lo de embarazó, necesitaba respuestas y Elisa era claro que no tenía la mínima intención de aclararle las dudas o escucharla por lo menos, ¿como enfrentaría este embarazo ella sola? Necesitaba un empleo no podía estar pidiendo que su hermana le alimentara, la casa era pequeña no tenían dónde meter una cuna. Tenía que resolverlo ella como fuera y debía encontrar a Piero.
Se dirigió a dónde pudieran responderle, la casa de sus suegros. Tocó la puerta pensando como cubrirse para que el susto no fuera tan fuerte pero antes de conseguir hacer algo la puerta estaba abierta,
--Buenos días señora Angelina—dijo sin espera
--Ámbar, ¿que haces aquí?… es decir ¿no estabas muerta?—la primera pregunta no sonó precisamente como quien se sorprende pero no le dio importancia.
--Estaba en coma. Recién desperté, señora lamento que su hijo este muerto
--Aah, Aah, s-si, es …fue muy duro – Angelina, apretaba el pomo de puerta con mucho nerviosismo. --¿Dime que puedo hacer por ti?
--Señora Angelina, me gustaría llevarle flores a su tumba, ¿quisiera llevarme?– la mujer se quedó callada
--No, -- respondió tajante
--¿Por que?
--Es que … justo estoy por salir ahora no puedo –alcanzo su bolso salió cerrando la puerta
--¿Que está pasando?
--¿No entiendo?—evadió la mirarla
--Nadie quiere decirme nada ¿me están ocultando algo?
--Que podría ocultarte niña
--¿Entonces es por qué no le pareció buena para su hijo? ¿cree que no tengo derecho a llevar flores a mi esposo, o cree que no serían dignas? – Ámbar estaba harta de tantas evasivas y de sentir un vacío existencia.
--No sé que vio Piero en ti, eres tan insignificante tan simple, y sobre todo inservible como mujer jamás pudiste darle un heredero, es mejor que lo sepas mi hijo jamás te amo, te tenía lastima por eso estuvo contigo decía que si te dejaba por no darle un hijo tu eras capaz de matarte, el deseaba dejarte, mucha veces intento hablar contigo eso lo sé, -- estalló la señora Angelina sin miedo de decir las cosas como eran
--¡Eso es mentira!-- se negó Ámbar a su misma
--Mentira era tu matrimonio, mi hijo tuvo que vivir una doble vida el último año que estuvo contigo, conoció a una mujer hermosa y maravillosa y sobre todo que si es de nuestra clase, educada, refinada, y que además logro embarazarse de él casi de inmediato.
--No es verdad él me amaba, el no era capaz….
--Déjame en paz, quien de verdad era la mujer de mi Piero se encarga de todo, de llevarle flores, de llorarle, de llevar nuestro apellido con dignidad, así que tú no vuelvas por aquí..
-Señora Angelina—insistió una última vez -- lamento su perdida
--Lamento más la tuya – dijo con burla, aceleró su paso y subió a su auto.
Que el tuviera otra mujer no era posible, Piero era un hombre bueno siempre llegaba a casa a tiempo jamás durmió fuera. Está era una mentira
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Una semana de retraso y unos cuantos mareos era un día de esperanza, se realizaron una prueba casera la cual salió positiva.
Piero la cargo en brazos y giró lleno de alegría, pero para estar seguros y llevar un control desde el primer instante que estuvieran en conocimiento juntos pidieron una cita con un ginecólogo, se realizaron una prueba de laboratorio.
A la mañana siguiente juntos con una sonrisa llena de emoción se presentaron con el médico.
Se abrió el sobre frente a ellos le doctor leyó el papel, y espero un momento para describir el resultado
--Doctor digamos ¿estamos embarazados? – pregunto Piero
--Lamento decirle que no –Ámbar dejo congelada su sonrisa muy contrario con Piero que de inmediato se enfureció
--Hay un error, mi esposa se hizo una prueba casera y salió positiva – golpeó el escritorio con el puño cerrado
Ámbar no sabía cómo reaccionar, parecía una pesadilla y esperaba despertar en cualquier momento.
--No hay ningún error, las pruebas caseras no son confiables lo siento.
--Con un demonio –Piero salió azotando la puerta del consultorio
Lo lamento mucho señora Grassi –sumergió su cara entre sus manos para ahogar su llanto.
Cuando Piero volvió por ella la abrazo con fuerza
--Todo está bien,-- la abrazo con fuerza –todo va estar bien
--Perdóname Piero, por favor perdóname
--Hey no, mírame – el limpio sus ojos – mírame abre los ojos. Esto no es una guerra perdida amor, es una batalla vamos a seguir luchando si, amor no tengo que perdonarte, vamos a estar bien
Era lo que ella necesitaba, era el consuelo de su esposo. Cómo pequeña se indio en sus brazos y se dejó amar.
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Lo que le han dicho no tiene sentido, no era posible que Piero la traicionara de esa forma.
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Angelina espero a ver cómo Ámbar se marchaba, tomo el teléfono marco un número
--Ella esta aquí, ¿por qué?...— del otro lado la voz se escuchó alterada -- Hagan lo que tengan que hacer no la quiero cerca de mi casa. .. ¡Aah pues si no quiere recibir órdenes haga su trabajo!.
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El aire fresco que esperaba recibir se convirtió en gas metano, no tenia respuestas y si más dudas. De camino a casa de su hermana observo un letrero que llamo su atención
“Solicito Recepcionista”
Era un restaurante enorme, y muy elegante, entro a investigar.
Era sencillo, revisar la reservación al confirmarla, llevar al comensal a su lugar, recibir abrigos y sombreros, ser honesta y confiable ser puntual. Mientras le enumeraba el sin fin de aptitudes Ámbar pensaba en que tenía un hijo en su vientre, debía conseguir dinero para poder decírselo a su hermana.
--Acepto el trabajo, ¿Cuando puedo empezar?- Ámbar estaba deseosa de comenzar entre más pronto lo hiciera más rápido podría cobrar y contarle a su hermana de su bebé, y si pudiera ayudarla a juntar dinero para los tratamientos de Dylan también lo haría. Había notado a su hermana sería con ella, quizás fue solo imaginación suya y la causa era el estado de salud de su sobrino.
--Venga mañana a las ocho en punto –respondía la mujer alta, delgada y con cara de prepotencia, la había examinado desde el desalineado cabello, la arrugada blusa y los informales pantalones deportivos.
--¿No puedo comenzar ahora?– La mujer suspiro tratando de controlar una respuesta inoportuna
--Necesitamos que vengas con ropa formal la imagen es muy importante.
--Si, es verdad lo entiendo.
Tendría que ir a su casa para buscar sus cosas, no eran de la misma talla con Elisa y seguro nada le quedaría, no tenía dinero para comprar ropa y tampoco como pedir un préstamo.
--Todo sea por ti- murmuro, Ámbar se fue de inmediato para su casa, con un poco de suerte encontraría la caja aún con el poco dinero que tenía ahorrado lo cual serviría para colaborar con el gasto de la casa de Elisa, así dejaría de sentirse como una arrimada.
Desde la esquina de la cuadra observo si es que hubiese algún movimiento extraño algo inusual coches o personas que no recordara del vecindario.
Al ver que todo parecía normal se dirigió para entrar por la parte de atrás de la casa, esperaba que no hubiesen ya hecho algo con la propiedad.
El jardín estaba seco, descuidado, sus margaritas y azucenas sin rastro de ellas en la tierra. Ese jardín estaba lleno de amor siendo que era su pasatiempo favorito. Un amor muerto, tan muerto como Piero.
Dentro de una maceta colgando cerca de la puerta tenía oculta una llave. Tuvo que meter las manos en la tierra para poder encontrarla, pero lo hizo.
Entro despacio, de inmediato los recuerdos llegaron como una bola de nivel sumergiéndola en una avalancha de emociones.
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Piero la llevo ahí en su auto, una semanas antes de casarse la llevaba con los ojos vendados.
--¿A dónde vamos?
--Eres una mujercita muy desesperada, te he dicho que te tenía una sorpresa
La ayudo a bajar del coche, la guío despacio por el pequeño caminito de piedras que tenía la entrada,
--Aquí hay dos escalones mi vida
-Okey – ese día Ámbar se colocó unos lindos zapatos blanco de plataforma alta que combinaban perfectamente con ese vestido de flores que había escogido.
Subió, dos pasos
--Espera – se escucho el tintinar de una llaves un clic y un suave viento chocando contra ellos.
Un aroma a flores la inundó y creyó haber llegado a un invernadero o un huerto
--Dame tus manos – ámbar agitó sus piernas y extendió las manos –ven conmigo
Piero la hizo caminar enseguida le dio la vuelta para que ella entrara por delante pero el siendo cuidadoso la abrazo por la espalda
--Huele delicioso
--Espero te guste, es pequeña pero siempre tu y yo la llenemos de amor no importara nada más – Piero retiro la cinta de sus ojos dejándole ver el interior de una lujosa y pintoresca casa que en efecto era pequeña. Hecho que jamás le hubiera importado a Ámbar ella era capaz de dormir debajo de un puente siempre y cuando Piero estuviera junto a ella.
--Es hermosa – todo el lugar estaba lleno de flores por eso el olor. --Te amo Piero
-Y yo a ti, ¿te gusta dónde vamos a vivir?
--Me encanta – cada habitación fue mostrada y dicho que el había escogido la decoración la pintura y todo, pensando en solo agradaría. Solo por que la amaba
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Ámbar no podía creer en las mentiras de su suegra él no era así, él la amaba.
Subió despacio las escaleras todo el lugar olía a humedad y estaba lleno de polvo y de muchas telarañas.
Llego hasta su habitación todo estaba tal y como había quedado aquella noche antes de salir a la fiesta de la empresa.
Se acercó a la cama y busco debajo de ella una caja de madera. La jalo no era muy grande, dentro tenía una pequeña delgada de chocolates, la tomo al abrirla encontró el dinero que tenía.
Tomo una maleta del armario y comenzó a guardar su ropa se dio cuenta que se estaba demorando mucho ahí adentro.
La perilla de la puerta del jardín trasero se giró dos hombres vestido de enfermería entraron a la casa.