Capitulo 3
La maleta estaba lista, antes de salir de la habitación recordó algunas joyas que tenia, podía venderlas para obtener más dinero. Dejo la maleta junto a la puerta y volvió a su tocador, del segundo cajón saco un alhajero, series de imágenes lloviendo como recuerdos hasta que el brillo de una estrella rosa destelló.
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La noche era fresca y despejada, llena de estrellas la cena en el escenario más romántico, una terraza en el restaurante más caro de la ciudad, el balcón adornado con guías de flores.
Damas de noche, flores que solo abren su belleza y aroma una noche en todo el año y justamente esa noche adornaban el momento.
Música lenta, baile suave, pegaditos, besos en el cuello y palabras endulzando el oído.
--Ninguna de estás flores superan la belleza de mi acompañante, amo el sabor de tus labios y la suavidad de tu piel. Eres más brillante que cualquier estrella,
--Eres mi Romeo
--Eres el amor hecho mujer la fantasía tangible de cualquier hombre. Y fui yo quien quedó vendió con tu amor.
De pronto el mostró un pequeño brazalete de diamantes, eran piedras cultivadas, su valor no era del todo exorbitante, pero había sido un gasto considerable.
--Oh Piero es hermoso – una pequeña cadena sostenido estrellas de varios colores.
--Nada es más hermoso que tú
Ahora la pequeña pulsera estaba alrededor de la muñeca, y sus labios entregándose en un dulce beso que hacía a Ámbar temblar de la cabeza a los pies.
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Eran pocas las joyas que Piero le obsequio, no era de los que regalaban joyas, era de los que la llenaba de flores, de bailes, de cenas, de momentos, de vida. De palabras que mantenían contenta su alma.
--Nunca me engañaste, yo sé quién eras
Un crujido se escuchó proveniente de las escaleras. Ámbar abrió un poco la puerta y observo el cabello de un hombre subiendo al segundo piso. Había solo una salida. Guardo el alhajero en la mochila abrió la ventana observo que lanzarse era provocar un accidente. Una reja de madera cubierta por una enredadera seca era la única manera de bajar sin lastimarse.
No tenía mucho tiempo para perderlo pensando. Arrojo la maleta al piso saco una pierna se sujeto de la reja con su mano izquierda. Si caía podía ser fatal, la altura quizás no era gran cosa pero ella odia ver hacia abajo, además no estaba dispuesta a perder lo que ahora tenía manteniendo su vida a flote. Suspiro, coloco firme el pie y saco el resto del cuerpo, al hacerlo la puerta de la habitación se abrió los hombres entraron para tratar de atraparla.
Ella bajo tratando de ir rápido, tomo la maleta y comenzó a correr, no sabía quiénes eran pero intuía que querían llevarla de nueva cuenta al hospital, apenas salió de los linderos de la propiedad uno de los hombres salían de la casa por la puerta de atrás, los ojos de Ámbar se abrieron, estaba pisando sus talones.
Corrió por la calle, volviendo hacia atrás por el camino en que había llegado, pero sus piernas no corrían tan rápido como para ganar las zancadas del tipo.
El enfermero la tomo de los hombros y la derrumbó y al tiempo también se fue al piso con ella.
--Suéltame… déjame -- Ámbar lo pataleaba y lo empujó.., –¡Ayuda!- grito a lo que él le cubrió la boca mientras ella seguía pataleando y golpeándola para que la soltase pues ya estaba casi por completo sometida con todo su peso sobre ella, abrió su boca y eso sirvió para que un dedo entrara entre sus dientes. Con toda la fuerza de su mandíbula mordió a su agresor.
Él le quitó la mano de la boca gritando de dolor pero no la soltaba de la muñeca, comenzó a lanzarle insultos Ámbar se estiró hasta alcanzar una piedra y sin remordimientos le dio un golpe en la cabeza –¡¡Dije que me soltaras!!-- Solo le reventó la piel pero no era nada de cuidado. Se fue hacia atrás para salir de debajo del hombre se puso de pie.
El otro enfermero veía detrás media cuadra este era más lento por tener algo de sobrepeso, llegó hasta la esquina, giró a la derecha sin parar de correr. Llego a una avenida alzó la mano al ver un taxi
--¡¡Taxi!!, ¡!Taxi, taxi!!—cuando se detuvo ella subió –¡arranque! me quieren asaltar – dijo antes de cerrar la puerta.
El hombre piso hasta el fondo para alejarse lo más rápido al ver a dos tipos uno gordo y otro lleno de sangre correr tras de ella.
--¿Se encuentra bien?
--Si, muchas gracias—aspiraba rápidamente, con su voz entrecortada hablo- por favor conduzca yo le voy diciendo por dónde. – traía todo con ella, su ropa y sus joyas.
***
El enfermero gordo llamo de inmediato a un número
--Señora Víctor se le escapó ya le teníamos y él la dejo ir.
El aludido con la sangre corriéndole por la mejilla miro con extrañeza y coraje, como Fabián se lavaba las manos.
***.
Después de unas vueltas por la ciudad asegurándose de que no la siguiera llegó a casa de su hermana.
Llamo a la puerta, en dos segundos está se abrió, Elisa estaba detrás de la puerta esperando por ella.
--¿Donde estabas Ámbar?, Me tienes en una angustia—la apretó en un abrazo
--Fui a caminar, conseguí empleo y tuve que ir a casa por mi ropa no tengo que ponerme, no puedo quedarme y tampoco quiero ser una carga para ti.
Ámbar camino hasta la sala aún estaba temblando
--No eres una carga, Ámbar espera te veo nerviosa, pálida ¿que pasó?
--Termine huyendo de unos tipos Elisa, entraron cuando yo estaba recogiendo mis cosas. Algo está pasando y no se que es, antes de huir del hospital escuché que quería tenerme dormida, hay algo que no te he dicho y no se como lo vas a tomar…
--Creo que necesitas calmarte, estás nerviosa y vez cosas… espera ¿escapaste del hospital? –por la mente de Elisa paso la idea de que lo sucedido la había vuelto loca.
--No me estoy inventando las cosas, te estoy explicando que fue por mi bien..
--No dije eso, pero no tiene sentido por qué querrían tenerte dormida. Mejor ve y descansa te prepararé un poco de té, estás temblando.
Elisa no quería escucharla, y cualquier cosa que diría sería puesto en tela de juicio.
--Voy a dormir en la sala está noche, necesito descansar, y quitándote tus habitación no lo hago.
--No,-- Elisa la tomo de la mano-- ven desocupe una habitación llena de triques, mandé traer una cama. – Ámbar se sorprendió, habría pensado que Elisa ya no tenía dinero, pero quizás ella supo administrarlo
--No deberías gasta, menos en mi.
--No eres una carga Ámbar, eres mi hermana vamos déjame mostrarte.
La llevo a una habitación la cual era obscura, no tenía ventanas, el olor a humedad le llegó con una bocarada de aire, no era muy grande pero así todos tenían su espacio, si Elisa aún tenía dinero por qué no consiguió algo mejor.
--Se que te parece un sótano pero mi casa no es muy grande. Este es el único lugar que puedo ofrecerte
--Esta perfecto—Ámbar observo la cama cubierta con sábanas de hilos tejido. – esto debió costarte demasiado
--La compré en un mercado de artesanías, súper económica. Voy a preparar la cena --eso era obvio una persona con la situación de Elisa no podría comprar algo de calidad, pero la imitación de esta tela era suavidad pura. La noche anterior las sábanas se sentían igual solo que estando en shock apenas les dio importancia
--Yo te ayudo.
Ámbar salió para la cocina. La cena fue tranquila y en silencio, en menos de dos hora ambas fueron a dormir.
***
Cantaba quedito recostada en la suave cama, la canción de cuna que su madre les cantaba cuando eran unas niñas. Entre más pensaba que estaba por tener un bebé más caía en cuenta. Y entre más pensaba más ilusión le causaba, imagino su carita, sus manitas, debía comenzar a comprar ropa, una cuna, biberones, la emoción creaba en su rostro una sonrisa llena de alegría.
--¿Sera verdad?, ¿Y si solo fue una mentira? pero ¿por que mentirían?
La única manera de saberlo era con un análisis, antes de continuar con la alegría debía asegurarse..
Su semana comenzó con el pie derecho, llegando siempre puntual, bien vestida y arreglada el cabello recogido en una coleta, una camisa blanca y unos pantalones color n***o, recibiendo con una sonrisa y manteniendo una amabilidad establecida que nada ni nadie parecía arruinar aún cuando los comensales empleaban su prepotencia y hostilidad, siempre les dio la razón así no la tuvieran.
Tenía la habilidad para responder en cuestión de alguna duda o insatisfacción del cliente. Todos y cada uno de los movimientos eran revisados con lupa por parte de Carola, mujer que la contrato, antes de poder intervenir en un par de ocasiones Ámbar ya estaba resolviendo el problema.
Su primera semana de prueba paso tan rápido que le pareció un suspiro. Esperaba la llegada de su día de descanso, si nadie quería decirle dónde estaba su esposo ella lo encontraría así pasará todo el día recorriendo tumba por tumba.
Agendo también una cita con un ginecólogo para comprobar su estado y conocer las condiciones en que el bebé se encontraba.
Al final de la semana le dieron un día de descanso, Carola le felicito antes de darle su primera paga.
--Debo reconocer que la impresionó que recibí de ti no fue la mejor en el primero momento pero me has demostrado que nunca debemos juzgar un libro por su portada.
--Tengo razones para ser la mejor-- afirmo
--Pues me alegro, incluso el gerente está muy contento con tu trabajo. Le das una singular alegría al lugar, que hasta creo que hemos recibido más reservación desde que tu estás aquí. Y los clientes prometen volver pronto.
--En verdad, ¡no lo sabía!
Ámbar se sintió alagada.
--Mira aquí está tu pago, más un extra por las propinas. Te lo has ganado—Carola le entrego dos sobres
--No sabes lo que esto significa para mí,
Ámbar guardó los sobres en su bolsa, estaba por irse, ese día solo paso al restaurante por su pago.
--Hablando de juzgar libros por su portada – murmuró Carola haciéndola mira hacia la calle-- observa la mujer que viene ahí es Rachele De Santis, tan perfecta y hermosa como la pasta de un libro que te hablara de la belleza interior de una mujer y tan llena de prepotencia, egocéntrica y vanidad que te hace saber que la belleza es efímera y vacía y que posiblemente estés malgastado tu dinero en su adquisición.
Entrando por la escalera del lugar apareció una mujer castaña con unas enormes gafas de sol, un vestido primaveral que le llegaba a los pies, unos tacones de quince centímetros y un andar imitando a una diosa intocable. –Es una insufrible, cree que merece todo y lo mejor. Es hija de uno de los hombres más adinerados de la Italia, deja las mejores propinas por eso siempre se le debe recibir como la reina de Inglaterra.
--Bienvenida señora Rachele, tiene reservación – pregunto Ámbar sin importar nada ella debía ser amable.
--No, pero me imagino que no hay problemas con eso –Ámbar comenzó a negar
--En lo absoluto – se adelantó Carola,-- señora para usted siempre hay un lugar reservando pase por aquí por favor
Rachele paso de lado como si Ámbar no existiera, hasta estar en la mesa es que se quitó las gafas del rostro, los ojos celestes destellantes resaltaron encajando en la perfecta obra maestra de un pintor que supo utilizar sus pinceles. Sin duda era una mujer hermosa, el cabello liso largo y en su lugar abundante y sedo, con la piel de porcelana, un maquillaje perfecto y una sonrisa encantadora.
Pero más que esa belleza lo que la hacía lucir radiante era la enorme barriga de ocho meses que elevaba la tela del vestido provocando una cascada de colores. Un mesero llegó para atenderla dándole un menú
--Pon atención Ámbar, hay una lista de clientes que no se les niega una mesa jamás, entre ellos Rachele De Santis. ¿Entendiste? …
--Claro que si Carola lo siento, no volverá a suceder.
--Vas muy bien no lo arruines…
Carola se soltó dándole una serie de recomendación mientras Ámbar dejaba de escucharla y tenía una extraña sanación con respecto a la tal Rachele
No pudo evitar observar de sobremanera a la mujer quien le recibió la mirada devolviéndole una con demasiado desprecio, enarco una ceja y recorrió la vista lentamente sobre Ámbar. Termino con una pequeña sonrisa y volvió la vista a otro lado.
Ámbar sentía una vibra horrible.
***.
La espera en el consultorio del doctor se hizo tensa. Temía malas noticias una desilusión, que todo fuera una mentira.
--Señora Grassi, aquí está el estudio – el médico se dio su tiempo para sacar el papel del sobre, leer detenidamente hasta que alzó la vista. Ámbar espero con las palabras atoradas en la boca. --Bueno señora Grassi, usted está embarazada, si en efecto. –era vedad Ámbar se llevó ambas manos a su vientre quería abrazarlo ya y besarlo. Quería conocérselo llenarlo de cariños y llenarlo de ese rebosante amor que ya pesaba en su corazón
--Pase por aquí por favor vamos a revisar que todo esté bien. –le ordenó él
De inmediato ella se recostó en la camilla, descubrió la zona del vientre
--Esta frío – advirtió él ginecólogo
--¡Huy!—un escalofrío corrió por su cuerpo pero paso rápido
El doctor realizó el monitoreo, en la pantallita se hizo ver la pequeña semillita que estaba formándose dentro de ella. Era increíble era enorme jamás imagino que en cuatro meses ya pudiera ver formados lo que eran sus bracitos y piernitas
--Señora Grassi, por lo que puedo ver todo está perfecto, y tiene usted un bebé muy sano.
--¡¡Mi amor!!
La felicidad la hizo llegar a las lágrimas
Saliendo de ahí tomo un taxi pido que la llevarán al cementerio de Camino of Rosses era el cementerio para personas adinerada o de buena posición económica.
Angelina se consideraba de alta clase era claro que era el lugar de descanso de su hijo.
Recorrió el cementerio, tumba por tumba, entro en la pequeña capilla donde tenían bóvedas en pared, leyó cada nombre pero ninguno era Piero Grassi.
--Disculpe – Ámbar se encontró con un hombre que parecía ser el cuidador del lugar –¿Podría decirme si en algún de aquí está enterrado el cuerpo de Piero Grassi?
--Soy… era su esposa, yo recién despierto de un coma, me informaron que él había muerto pero su familia no quiere decirme donde está, y ya sabe cómo es una de sentimental. – se le quebró la voz --. Quiero un lugar donde llorarle llevarle flores despedirme. Conversar con él. –el cuidador le extendió un pañuelo.
--Lo lamento señora Grassi, primeramente por su perdida entiendo el dolor por el que pasa, yo perdí a mi esposa más de cuarenta años. Pero no, nunca he visto el nombre de Piero Grassi en ninguna de estas bóvedas
--No, y ¿en la zona de piso ahí afuera?—Ámbar señaló hacia el cementerio
--No, tampoco los familiares debieron llevarlo a otro cementerio o alguna capilla privada, --Ámbar negó, no tenían a dónde llevarlo de forma privada a menos…
Los pensamientos de que él la hubiese engañado la atormentaron, pero si eso fuera cierto quizás la familia de la amante de Piero tenía un lugar así.
--No, creo que no, de cualquier manera muchas gracias.
El taxi seguía esperándola afuera por petición de ella. No pararía hasta saber que había sucedió con Piero, observaba a la distancia la casa de los padres, todo estaba demasiado tranquilo
Salió de la casa de los padres de Piero, el señor Raffaello su padre, igual de gordo y torpe como siempre, abrió la puerta para ir a hablar con él y exigirle le dijera lo que necesitaba saber. Pero en eso alguien más salió de la casa, la señora Angelina que traía unos papeles que le extendía.
Algo estaban discutiendo pero no era claro que. Ámbar tenía su vista fija en la pareja, parecían mortificados caminaban de un lado al otro. Una persona estaba en la puerta pero había un pilar que no dejaba mirarla bien.
--Querida Angelina –grito una joven saliendo a buscarla, aquella que estaba de pie en la puerta.
Al darse cuenta de quién era, Ámbar sintió como la sangre se le volvía helada, era Rachele De Santis, la mujer que esa mañana había estado en el restaurante. La mujer que estaba embarazada… ¿de Piero?
¡Era la misma!