CAP.2 (El repartidor)

1009 Words
Al llegar al elevador del edificio donde trabajo recuerdo que tenía un viaje con destino a Canadá, miro la hora en mi reloj de mano y veo que son las 9:30 am, tendré que aguantar el sermón de mi padre ya que en Canadá iba a ver una conferencia donde se hablaría sobre la unión de dos empresas poderosas que son; la de mi padre y la del señor Holmes (empresario, millonario egoísta y mimado) Las puertas del elevador se abren, me dispongo a salir y una chica mayor que yo pero no tanto me saluda educadamente, algo que me gusta, -buenos días señorita Daniela- veo que se acerca a mí con un sobre blanco, -esto es para usted, se lo envió su hermano y me dijo que le dijera que el día de mañana no podrá estar en su fiesta de cumpleaños por motivos de trabajo- me entrega el sobre y se queda frente a mí esperando una respuesta… el silencio dura unos minutos, la chica nota un poco mi tristeza por lo de mi hermano -señorita Daniela, se encuentra bien?- -si… no te preocupes, tenme listo los documentos que tengo que revisar o firmar, después del almuerzo me los llevas a mi oficina con un café cargado y un sobre de azúcar- dicho esto, me dirijo a mi oficina con el sobre en la mano, admito que me desanime un poco al enterarme que mi hermano no estará mañana. Es el primer cumpleaños mío al que él no asistirá y espero que sea el último. Desplazó la silla negra y tomó asiento en mi escritorio, sin saber por qué, se me viene a la mente ese nombre “Adrien” > La mañana estaba algo aburrida, en la hora del almuerzo le pedí a Mónica mi secretaria (la chica que me revivió al salir del elevador) que me pida espagueti y una limonada bien fría lo antes posible porque en la mañana no pude tomarme la malteada de Sara. La comida estuvo bien, después de veinte minutos escuché que tocaron la puerta -adelante- Mónica camino hacia mí marcando su hermosa silueta y moviendo sus curvas, tenía unos documentos en mano y supuse que eran los que le pedí. -señorita Daniela, aquí está lo que me pidió- ella deja los documentos en mi escritorio y veo que saca un pequeño bolso colgante de atrás -y aquí está su café- La miró atónita, en ningún momento vi que traía un bolso - ¿de dónde sacaste eso? - digo señalándole -nunca vi que traías uno- Una pequeña pero linda sonrisa se refleja por su rostro -este bolso me ayuda mucho, es eficiente y fácil de llevar- me lo enseña acercándose -me lo regaló mi novio- la veo sonreír al mencionarlo y me doy cuenta que está más que enamorada. -el color me gusta, bueno, gracias por traerme todo lo que te pedí, puedes retirarte- - ¿no necesita algo más? - -por el momento no, muchas gracias-   -disculpe mi atrevimiento, pero cada que usted se pone a revisar documentos termina con dolor de cuello- -sí, pero ya se me hizo costumbre- -si le duele, no dude en llamarme, el otro día encontré unas almohadillas para cuando las personas tienen ese tipo de problemas y cómo sé que usted los tiene frecuentemente pedí un par en línea esta mañana- - ¿Enserio? - - ¡Claro que sí! - -me serían muy útiles, muchas gracias- le brindó una gran sonrisa mientras ojeo algunos documentos -apenas llegue el pedido se lo traigo- -listo, gracias de nuevo- -con permiso- y así, Mónica se fue cerrando la puerta. Esta chica es muy eficiente. Pasa una hora y el cuello ya me duele con ¡DESESPERACIÓN!, decido ir a ver si el pedido que Mónica pidió ya llego y capaz que se olvidó de llevarlo, abro le puerta de mi oficina y una vez cerca del escritorio de ella lo veo a él entregando una pequeña caja café, decido sin pensarlo dos veces y me acerco -Mónica, ¿ya llegaron esas almohadillas que me dijiste? - sin siquiera mirarlo, noto que me mira con el ceño fundido. -hola- dice con su mirada clavada en mí. -hola, buenas tardes- digo y trato de sonar autoritaria ante el chico con falta de educación y formalidad. - ¿me recuerdas chica de identidad falsa? - una sonrisa sarcástica hace que lo mire directamente a los ojos fulminándolo con la mirada y me doy cuenta del color café claro que tienen, son profundos, trato de disimular bien mientras que observo detenidamente cada parte de su rostro, sus labios con un tono rosa pálido hacen que me distraiga por completo, -hey ¿Te comieron la lengua los ratones? - -hola Adrien- dije tratando de sonar normal (tranquila Daniela, él no tiene nada que llamé la atención a excepción de su rostro definido y con un toque sexy) -creí por un momento que me habías olvidado- en su rostro se dibuja una mueca que lo hace ver más sexy !por dios, recién lo conoces Dani¡ -no, como me voy a olvidar del chico con falta de educación- ¿Qué acaso no se te podría ocurrir algún otro nombre? creerá que soy infantil. -discúlpeme usted su majestad- hace una reverencia siendo algo gracioso ante mi -disculpas aceptadas- miro a Mónica - ¿ya llegó el pedido? - -sí señorita, disculpe- me entrega la caja y asiento   -bueno, solo vine por esto- digo levantando la caja -con permiso- y salgo de ahí, por un lado, porque me dolía el cuello horrible y por otro porque hacía un poco de calor. Entro a mi oficina y observó cómo una pequeña hoja es deslizada por debajo de la puerta, la levantó y me doy cuenta de que hay un número escrito con un apellido que al leerlo me causa gracia “Agrestd” este chico es un misterio, ¿quiero conocerlo? no lo sé, ¿quiero algo de… el? la respuesta no la sé, solo sé que es alguien misterioso, o incógnito.    
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