Llegada la hora, fuimos a buscar a Alessia y de allí tomamos la marcha hasta mi casa. Aun era temprano para considerar que Alejandro pueda llegar. Sin embargo, con el fin de evitar cualquier otro encuentro que complique más la situación, decidí no dejar que Augusto subiera a nuestro apartamento. —¿Estás segura que no quieres que esté con ustedes cuando él venga? —Me pregunta con preocupación en la voz. —Sí, es lo mejor, ya no quiero más conflictos, bastante tengo con tener que afrontar su actitud por guardar este secreto por tantos años —le digo parada sobre la acera a un lado de su automóvil. —Confío en que así sea, si se atreve a hacerte algo no me voy a contener, me olvidaré que es el padre de Alessia —responde amenazante. —Quédate tranquilo, te llamo en la noche antes de dormir —pr

