Sabiendo que será difícil sacarlo de mi apartamento sin armar un escandalo que alerte a Alessia, y la predisponga sobre la relación de odio-rechazo que Alejandro y yo tenemos, pasé por detrás del sofá donde este se encuentra cómodamente sentado y me dirigí a mi habitación. En algún momento se cansará y terminará yéndose por iniciativa propia. Al entrar, de inmediato puse el seguro. No quiero correr el riesgo de darle oportunidad de invadir el único espacio que hasta ahora creo es solo mío, así como tampoco quiero darle ventaja en cualquier posibilidad de querer aprovechar la situación buscando repetir el último encuentro que tuvimos, producto del ambiente tan íntimo que se generó a causa de mi falta de previsión de no ir acompañada a las instalaciones de su nueva empresa. Buscando darle

