Decir que descansé, es la mayor de las falacias. Apenas pegué el ojo de solo recordar que a dos puertas de mi habitación, se encontraba durmiendo en una de mis camas, Alejandro O’Neill. Jamás hubiera imaginado que esto sucedería, ni en sueños pasó eso por mi cabeza. Tenerlo cerca me genera mucha inquietud, altera mi cabeza y las terminaciones nerviosas de mi cuerpo. Basta con que se ponga de frente a mí, sin hacer ni decir nada, para que mi mundo se descontrolé. No puedo negarme esa realidad. Así como tampoco puedo olvidar de la nada que él de mi solo busca dos cosas, el placer que puedo darle a su ego y a su virilidad y Alessia. Yo, Camelia, la mujer, la persona, no cuento. Por eso, no debo dejar que mis pies dejen de pisar tierra. No debo dejarme llevar por lo que sea estoy sintiendo en

