Entro a casa, totalmente agotado; como de costumbre hay un silencio total debido a que es de madrugada. Al abrir la puerta de nuestra habitación, noto enseguida que algo anda mal. Las cosas están desordenadas a tal punto que hay vidrio roto por todo el suelo. Desenfundo mi arma instintivamente, la adrenalina se dispara tan rápido que mi cerebro se calienta y puedo escuchar los latidos furiosos de mi corazón en mi pecho.
- ¿Sue? – susurro llamándola mientras doy un par de pasos con el arma en alto, cada pisada hace ruido debido al cristal. Aprieto el agarre del arma, preparado para lo que sea. Al llegar cerca de la cama, noto que hay un cuerpo en el suelo. Sin importarme nada, corro hacia ese lado de la habitación - ¡SUE! – me horrorizo al verla bañada en sangre, vestida con su pijama de seda favorita. Su hermosa piel blanca está bañada del color carmesí de su sangre – No, no, no, no… - caigo al suelo, lastimando mis rodillas en el proceso. Tomo su cuerpo y lo abrazo fuertemente – Mi amor, mi amor… despierta – suplico. Tomo su rostro entre mis manos provocando que mis lagrimas caigan en sus mejillas – No me hagas esto, por favor… no… no… - pero no hay respuesta. Su cuerpo está frio, puedo sentir mi ropa impregnarse con su sangre. Está muerta, estoy seguro de eso - ¡SUE! ¡DESPIERTA CARAJO! – grito totalmente fuera de control.
- Esto es tu culpa – escucho decir a un hombre desde la oscura esquina de la habitación – Nunca debiste involucrarte con ella.
- Voy a matarte – amenazo
- No creo que puedas, soy el único que puede lastimarte y a ella – no puedo apartar la vista de su rostro, su bello rostro – Si tan solo te hubieras alejado cuando ella te dejó, esto no habría pasado.
- ¡Largo! – grito. Tomo mi arma y disparo contra el maldito. Pero solo provoco su risa, una que me eriza la piel. Lo observo avanzar unos pasos hacia nosotros y veo mi propio rostro, soy yo. Mis manos están llenas de sangre, la sangre de la persona que más amo en la vida.
Me despierto sobresaltado, mi pulso tan acelerado que el pecho me duele. Observo mi alrededor y recuerdo que estoy en la casa De Santi, en la luna de miel de Kavin. Busco a Sue en la cama, pero no está aquí. Se negó a compartir habitación conmigo.
- Carajo – me siento al borde de la cama, intento calmarme. ¿Qué mierda fue eso? ¿Es mi subconsciente tratando de volverme loco? Me pongo de pie y salgo de la habitación, avanzo por el pasillo hasta la habitación de Sue. Al abrir la puerta, la observo dormir plácidamente en su cama, me acerco sigilosamente hasta ella y con mano temblorosa, reviso su pulso. Dejo salir un suspiro de alivio al sentir su corazón latir – Gracias a Dios… - me inclino y beso su frente.
- ¿Cole? – se remueve aún medio dormida - ¿Qué sucede?
- Lo siento, ¿te desperté? - me arrodillo al lado de su cama.
- ¿Qué pasa? ¿Por qué tienes esa expresión en el rostro? – estira su mano y acaricia mi pómulo.
- No pasa nada, vuelve a dormir – pido dándole un beso a la palma de su mano.
- Solo debes hablar conmigo Cole, es todo lo que te pido – su expresión esperanzadora me hace sentir peor.
- ¿Puedo quedarme contigo?
- No
- Por favor – tomo su mano con fuerza – Te lo suplico.
Sue me observa en silencio. Sus ojos todavía están un poco nublados por el sueño. Pero aún así, me observa con preocupación y una pizca de confusión. Me examina como si estuviera buscando una grita en mi rostro por donde pueda asomarse lo que sea que estoy ocultándole.
- Cole… - su voz es suave, como si le hablara a un animal herido. Odio ese tono de voz – Esto no va a arreglar las cosas.
- No estoy buscando arreglar nada, no en este momento – digo rápidamente – Solo… solo no quiero estar solo esta noche – aparto la mirada, no soy del tipo que suplica; pero lo que sentí… lo que vi en ese estúpido sueño, es una manifestación muy real de mis peores miedos.
- Solo esta noche – dice, después de un largo silencio – Puedes quedarte, pero no confundas esto, Cole. No hemos resuelto nada.
- Lo sé – respondo, tragando saliva – Gracias.
Me subo a la cama con cuidado, quedándome sobre las sábanas. Ella vuelve a recostarse, dándome la espalda. Pero no se aparta cuando me acerco lo suficiente para poder abrazarla y acurrucarnos como solíamos hacerlo y tampoco dice nada cuando coloco mi mano temblorosa sobre su cintura. Permanecemos así, sin decir palabra. Pero el sonido de su respiración calma mi alma y arrulla mi mente. Después de varios minutos, ella se gira y levanta la cabeza; aprovecho para meter mi brazo sobre su cuello para que le sirva de almohada.
- ¿Cole?
- ¿Sí Mi Rosa?
- ¿Por qué tiemblas tanto? ¿Qué te sucede?
- Tengo miedo – confieso, atrayendo su mirada.
- ¿De qué?
- De perderte – tomo su barbilla entre mis dedos y me inclino para besar sus labios. Ella no se aparta; sus labios responden, suaves, tibios y conocidos. Por un instante mi mundo se ilumina, arrasando con toda la oscuridad que llevo en mi interior.
Pero ese instante se evapora tan pronto como llega.
- Cole, no puedes hacer esto – susurra, con tono de reproche.
- Eres mi esposa.
- No lo soy - su voz firme hace que me irrite. La observo girarse para darme la espalda nuevamente. La abrazo mientras llego a su cuello y reparto pequeños besos sobre su piel – Cole, basta… - la sujeto con fuerza cuando intenta alejarse.
- Eres Mi Rosa, no irás a ningún lado – meto mi mano bajo su pijama, acariciando su vientre de manera circular – Cuando dije “hasta que la muerte nos separe” No mentí – aseguro.
- Detente – bajo mi mano de su vientre hasta ese botón rosa que tanto me gusta sentir – Cole… ah, espera.
- No, quiero sentirte viva… viva entre mis brazos – susurro a su oído. Meto mis dedos en sus cálido interior.
- Aghhh, ah… - se retuerce en mis brazos. Aprovecho mi agarre de su cuerpo para acomodarla de tal modo que mi otra mano quede sobre sus pechos, acariciando sus pezones sobre la seda de su pijama. Pego mi erección a su trasero y la restriego sobre el. La escucho gimotear débilmente mientras baña mis dedos con su lujuria.
- Quita esa idea de tu hermosa cabecita – acelero el movimiento de mi mano, siento sus muslos separarse ante el movimiento, lo que me hace sonreír - ¿Ves? Abres tus piernas para mí, aunque digas que no significa nada.
- AH, ah… eres… un… ah, idiota – gimotea. En respuesta presiono más mi falo contra su trasero y esta vez soy yo el que gime de placer. La siento tensarse, su cuerpo se prepara para el orgasmo. Aparto mi mano de su intimidad y velozmente, me posiciono sobre ella; aparto sus piernas para colocarme entre ellas – Rápido… - me apresura. Bajo el pantalón de mi pijama los suficiente para liberar mi deseo y la penetro rudamente – Oh, justo así…. – balanceo mi cadera fuertemente mientras ella sujeta mi trasero con sus manos; estamos perdidos el uno en el otro; esto es justo lo que necesitaba para calmarme, el sonido de sus jadeos mezclados con los míos, nuestra piel sudorosa y su expresión llena de placer. Justo así es como debe de ser, toda la noche – Cole… -su vientre se tensa y siento como se corre a mi alrededor, jadea, se estremece mientras la penetro más rápido y luego se desploma totalmente agotada. Suavizo mis estocadas y me inclino para besarla – Es por esto que no quería dormir contigo.
- ¿Por esto? Creí que te gustaba – respondo con una sonrisa en mi rostro.
- Cole, debes aceptar un “No” por respuesta – la beso de nuevo. Bajo mi mano hasta su clítoris mientras reanudo mis embestidas. Esta vez se aferra a mis hombros, definitivamente no voy a dejarla dormir esta noche.