Proteger...

1678 Words
El derechazo de Zack ha ganado potencia con el tiempo, el golpe me hace tambalear y obligarme a retroceder. Mi espalda impacta con el frio metal de la jaula, mientras él se me lanza encima intentando acorralarme. Antes que llegue a mí, le lanzo una patada; acertándole en las costillas. Lo escuchó quejarse de dolor y luego caer al suelo con un sonido seco. Alzo los puños para defenderme de su hermano gemelo, Mack. Esquivo un par de golpes y luego le asesto una trompada que lo derriba. La algarabía explota en todo su esplendor, pidiendo sangre de mis oponentes caídos; pero me limito a tensar los puños y esperar a que se recuperen. Ambos se ponen de pie, tambaleándose. - ¡Jefe! ¡El Jefe! – los muchachos se apartan, abriéndole paso a mi padre y su sequito. Su mirada cargada de reprobación atraviesan los barrotes. En cambio, yo le sonrío. Puede que él considere que involucrarse en las actividades de nuestra gente es inapropiado, pero en verdad disfruto de pelear en esta jaula. - Sal de allí – ordena y luego se adentra en el lugar, dejando tras de sí un silencio y miradas curiosas. - Supongo que eso nos da la victoria – habla Mack haciendo que el bullicio en forma de burla regrese. - No tan rápido – detengo sus expectativas – Lo seguiremos… después – uno de los chicos quita el candado de la jaula para que podamos salir. - Será mejor que vayamos rápido – Zack se apresura a cambiarse la ropa. - No seas un lamebotas – pide su hermano mientras le da un golpe en la cabeza. Tomo una toalla y la coloco alrededor de mi cuello. - ¡Señor… señor! – uno de los vigías corre apresurado, parece casi tan sudado como yo. - Llegas tarde – le digo – Mi padre llegó antes – él me observa confundido. - ¿El jefe? Oh… no sabia que estaba aquí. - Pues, valiente vigía el que tengo – le suelto burlonamente. Todos sueltan pequeñas risas nerviosas. - Hhhhmmm traigo a alguien… - lo observo con interés - ¿A quién? – el corazón se me acelera al pensar que Sue ha venido a verme. Desde esa noche en el baño, no me ha permitido hablar con ella. - Véalo usted mismo – da media vuelta y camina hacia la entrada. Lo sigo de cerca, con Mack y Zack a mis espaldas. - ¿Qué es esto? – pregunto al ver a una mujer arrodillada en el suelo. Lleva ropa demasiado grande para su cuerpo. - ¿El joven amo Carter? – su voz temblorosa delata dolor. - Quítenle la capucha – uno de mis hombres se acerca a ella, la toma fuertemente del brazo y la obliga a ponerse de pie. Al quitarle la capucha de la sudadera, un rostro hinchado, con hematomas de tantos colores como el arcoíris me mira suplicante. - Woah… ¿Qué le pasó? – Mack a mi lado izquierdo hace la pregunta que todos nos hacemos. - Yo… manejo un prostíbulo a las afueras de la ciudad – empieza mientras los ojos se le llenan de lágrimas – Toda las mujeres en ese lugar, trabajábamos voluntariamente. Gracias a usted, no trabajamos para nadie más que para nosotras – se sorbe la nariz ruidosamente – Hace un par de días, unos tipos llegaron al negocio. Exigían un pago por “protección” – eso hace que mi cuerpo entero se tense ¿Qué mierda? – Yo… estaba dispuesta a pagarlo, creí… creímos que iban de su parte – explica agachando la cabeza – Les di el dinero que exigían. Pero mi error, fue preguntarles si trabajaban para usted – su cuerpo tiembla con el viento frio de la noche – Ellos… - un sollozo le impide seguir la oración, pero levanta la vista y me ve directamente. Sacando fuerzas de donde no las tiene – Ellos se volvieron locos; destruyeron el lugar, nos golpearon y abusaron de nosotras por dos días – puedo ver el infierno por el cual pasó, está grabado con fuego en sus pupilas. Y para comprobar lo que dice, con sus manos temblorosas; se quita la sudadera, dejándonos ver la parte superior desnuda de su cuerpo. La sangre me hierve al ver cortadas, heridas que parecen ser provocadas con cigarrillos y golpes, muchos golpes – Se que somos prostitutas… pero nadie, nadie tiene el derecho de hacernos lo que esos cerdos nos hicieron – su voz es temblorosa y potente a la vez – En cuanto se marcharon, salí corriendo a buscarlo. Sé que esto puede no importarle; pero por favor… - cae de rodillas de nuevo en el suelo – Se lo ruego… mate a esos malditos – el silencio es rotundo. Puede que ella no se imagine lo valiosa que es su información, pero nosotros sabemos perfectamente bien lo que esto significa. Me quito la toalla que aún llevo en el cuello y me acerco a ella cuidadosamente; la tomo de los hombros, obligándola a ponerse de pie de nuevo y luego la cubro con la tela cálida. - Que el medico la revise – ordeno – Y atiéndanla como es debido – Zack se apresura a sostenerla y guiarla dentro de la guarida. - Jefe… - Ya lo sé Mack – me giro hacia él – Ve y comprueba sus palabras – él asiente – Quiero información, si es un grupo pequeño asesínalos a todos. Pero, si son quienes creo… solo mata a los involucrados en este incidente y trae a uno con vida. - ¿Qué tanta libertad tengo para asesinar? – su mirada se enciende - Limpia nuestro territorio – él sonríe – Pero no dejes que salga a la prensa, deshazte de ellos silenciosamente. - Caos coordinado. ¡Me encanta! - Lleva únicamente a sicarios… y a Nick. - Voy… - sale corriendo de vuelta a la guarida. Yo me quedo solo unos segundos, parece que todo está a punto de empezar. Subo la vista hacia el cielo, pero con las luces de la ciudad es imposible ver las estrellas. - Extraño el campo… - susurro solo para mí. Luego me giro y me adentro en busca de mi padre; seguramente tiene algo que decir o de otra manera, no habría venido a esta hora. Al entrar en el despacho, me recibe con su habitual mirada de reprobación. - Ya que tardaste tanto en venir, pensé que al menos habías cambiado tu ropa – observo al séquito de mi padre, sus hombres de confianza y… - Si hubiera sabido que el distinguido jefe de policía nos iba a honrar con su visita; me habría puesto mi mejor traje – le respondo sarcásticamente. - Eso no es necesario, después de todo. Te conozco desde que eras un niño. - ¿Ves padre? A él no le importa mi vestimenta – de dejo caer en una silla – Ahora ¿Qué sucede? – todos guardan silencio y me observan - ¿No van a hablar? - Vine a pedir explicaciones, no a dártelas Cole – enfoco mi atención a mi padre. - Entonces, pregunta lo que quieras padre. - Cuando regresaste con Rachel y el pequeño Clay. ¿Lo hiciste con el permiso de Jeff? - No – respondo. Ellos guardan silencio, esperando una explicación que jamás va a llegar. - ¿Los secuestraste? - No - Deja de responder con monosílabas, esto no es un juego. - Ella aceptó venir conmigo – su cuerpo se tensa. - ¿Aceptaste la boda? - Creí haber dejado clara mi postura la ultima vez que hablamos del tema. - Si no te vas a casar ¿Cómo piensas responder al ataque de Jack? – lo observo con calma - Tú no estás aquí por la boda, ni por Jeff, ni por Rachel. Estás aquí porque Jack se está moviendo demasiado rápido y quieres saber si yo voy a frenarlo… o a dejarlo pasar - Mi padre no lo niega. El jefe de policía desvía la mirada. Uno de los hombres del séquito. Gregory, creo; se cruza de brazos, incómodo. - ¿Y? —dice mi padre finalmente—. ¿Qué vas a hacer? - Me quedo un momento en silencio, pensando en Rachel, en Clay dormido en la casa de seguridad - Voy a proteger a los míos. Eso incluye a Rachel. Incluye a Clay. Pero no incluye a Jack - Un parpadeo. Algo en su expresión cambia, apenas perceptible. Quizá es alivio. O resignación. - Entonces prepárate —dice—. Porque si Jack se entera que te quedaste con su prometida y su sobrino… no va a enviar flores. - ¿Prometida? - Sí – responde mi padre, con asco poco disimulado - tuvo el descaro de declarar que se casará con la viuda de su hermano – así que por eso ella estaba tan desesperada por ayuda, sabía que esto iba a pasar. - Esto no va a quedarse en amenazas – habla uno de los hombres de mi padre – Jack va a mover ficha pronto – ya lo hizo, pero no quiero revelar esta información aún o se pondrán más paranoicos. En su lugar decido desviar la atención. - ¿Y tú qué propones? —le pregunto sin girarme. - Hacer lo que siempre hacemos. Marcar territorio. - ¿Con sangre? —respondo, sin emociones. - Con fuerza —corrige mi padre, tajante—. La ciudad necesita saber de qué lado estás. Y nuestra familia necesita saber si eres capaz de protegerla. - Yo no estoy del lado de la ciudad —respondo, levantándome de la silla—. Estoy del lado de mi familia. - Entonces defiéndela. - Eso haré – le aseguro para luego salir de la habitación. Tomo mi teléfono y hago una llamada. - ¿Cole? ¿Sabes la hora que es? – la voz perezosa de Kavin me llega desde el otro lado de la línea. - No podía esperar – me excuso – Necesito tu ayuda, hermano.
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