No he avanzado ni cinco pasos cuando siento su agarre en mi brazo, evitando que dé un paso más.
- Cole, no es el momento – intento razonar, haciéndome la fuerte para que no note el temblor de mi cuerpo.
- ¡Zack! – grita haciéndome respingar.
- ¿Señor? – veo a su sirviente aparecer rápidamente
- Lleva a mi hijo dentro – pide. Pero yo me aferro a él – Suhelem, dale a nuestro hijo.
- No, los invitados deben estar esperándonos.
- Entrégalo por las buenas – esa oración hace que reaccione, me doy media vuelta hacia él y le asesto una bofetada. Noto a sus hombres rodeándonos, incluso varios colocan su mano en el arma que llevan en la cintura, pero no me importa.
- ¿Quién mierda crees que soy? – pregunto con toda la ira que logro reunir - ¿Uno de tus putos sirvientes? ¿Qué vas a hacer si no te entrego a mi hijo? – lo reto - ¿Vas a golpearme? – su expresión es comparable con un glacial. No dice una palabra, se limita a soltar su agarre de mi brazo y antes de que pueda reaccionar; me giro y avanzo con paso seguro al interior de la casa. Al entrar, me topo con todos nuestros amigos…
- ¡Sorpresa! – gritan, pero al ver mi expresión todo el ánimo se va por la coladera.
- ¿Sue? ¿Qué sucede? – Archie se acerca a mi rápidamente
- Yo…
- ¡Suhelem! – el grito de Cole nos sobresalta a todos, e incluso Ethan se despierta.
- ¿Papi? – Cole entra en la habitación con expresión endemoniada, pero al ver a Ethan despierto; hace hasta lo imposible por controlarse - ¡Papi…papi, papi! – se desliza de mis brazos y aunque no quiero soltarlo, lo hago. En cuanto sus pies tocan el suelo, corre hacia su padre quien se inclina y lo recibe con los brazos abiertos. Lo levanta y lo abraza fuerte, como si se aferrara a él para no desmoronarse.
- Mi campeón... – murmura, apretando los ojos por un segundo. Traga saliva y le acaricia el cabello con ternura. Yo lo observo, helada. Consciente de que cada persona en esta sala está pendiente de lo que haré, de lo que diré. Y más aún: de lo que él hará después de la fiesta.
Ethan ríe, feliz, ajeno al huracán.
- ¿Dónde has estado?- pregunta Ethan – Creí que no recordarías…
- Jamás olvidaría a mi pequeño – él besa sus mejillas – Además, traje regalos… - señala la esquina, llena de obsequios para nuestro hijo.
- ¡Genial! Ahora tendré muchos regalos iguales a mi oso gigante.
- ¿Oso gigante? – a Cole se le oscurecen los ojos por una fracción de segundo.
- Sí, Charles me ganó un oso gigante – dice levantando sus brazos
- ¿Charles, eh? – pregunta, con una sonrisa tirante. Me doy cuenta de que sigue controlando cada palabra, cada musculo de su cara – Me lo contarás todo luego, campeón – avanza, con Ethan en sus brazos, como si ese niño fuera su escudo emocional. Los chicos se reúnen a su alrededor y las chicas se apresuran a mi lado.
- ¿Qué fue eso? – Selena me interroga sin rodeos
- ¿Habla de Charles Wright? – pregunta Atena
- Es una larga historia – respondo agotada.
- Pues acórtala – pide Ellie
- Charles me acompañó por Ethan al colegio, luego fuimos a un parque de diversiones y cuando regresamos, nos encontramos con Cole en la entrada – todas me observan, parecen tener su propia opinión del tema.
- Así que por eso está tan furioso – Sici observa a los chicos, quienes están emocionados destapando los regalos de Ethan.
- ¿Quieres hablar a solas con él? – pregunta Mar – Podemos darles espacio…
- No tengo nada que hablar, él ya no es mi esposo y no es su asunto con quien salga o no.
- Pues parece que para él es diferente – Arte se toma su vino de un tirón - Prepárate para recibir su furia. - Todas giramos a mirar al mismo tiempo. Cole está abrazando a Ethan con una mano, mientras con la otra sostiene una caja de regalo. Pero su mandíbula está apretada. Su sonrisa, no es más que una mueca. Está fingiendo, todo su cuerpo está tenso como un resorte, conteniéndose. La fiesta transcurre entre un aura de incomodidad para los adultos y felicidad para los niños quienes corren por todo el lugar, haciendo casi imposible caminar sin chocar con alguien. Ethan no se separa de su padre, soplan las velas del pastel juntos, comen el pastel juntos y juegan hasta que nuestro hijo se duerme profundamente en su regazo. Poco a poco, los niños caen uno tras otro; hasta que solo nos quedamos los adultos en la sala.
- Creo que lo mejor será que nos marchemos – Ed se pone de pie y los demás siguen su ejemplo.
- Sea lo que sea, recuerden que son adultos – interviene Kaleb – Si necesitan algo, solo deben pedirlo.
- Gracias – respondo en tono seco. Los veo marcharse hasta que solo quedamos Cole, Ethan dormido en su regazo y yo. Observo a Cole, acariciar el cabello de nuestro hijo, parece embelesado con esa tarea – Lo llevaré a la cama – me pongo de pie con intención de tomarlo en brazos.
- No, lo haré yo. Solo necesito unos momentos – responde, sin mirarme a la cara.
- Bien – giro en dirección a mi habitación. Al entrar, pongo el seguro de la puerta y corro a lavarme el rostro. Al verme al espejo, noto que soy un desastre. Enciendo la ducha rápidamente y me coloco bajo el agua tibia; cierro los ojos y dejo que la calidez aleje todas la emociones de las ultimas horas hasta dejarme tranquila. Cuando creo que es suficiente, apago la llave y me giro para salir - ¿Qué haces allí? – Cole me observa a través del vidrio transparente de la ducha - ¿Cómo…? – estoy segura de haber puesto el seguro en la puerta.
- ¿Disfrutaste tu cita con Charles? – pregunta sin rodeos, en voz baja y gélida. Parece importarle poco que esté desnuda frente a él.
- Déjame vestirme antes – salgo de la ducha, pero al poner un paso fuera. Me toma del brazo y tira de mi cuerpo hacia él, atrapándome en un abrazo y quedando frente a frente.
- Responde.
- No es asunto tuyo, Cole – siento sus músculos tensarse a mi alrededor.
- ¿No? ¿Porque no soy tu esposo? ¿O porque crees que puedes hacer lo que te dé la gana con mi hijo?
- Tu hijo fue al parque. Se rió, comió helado y jugó. ¿Quieres convertirme en una villana por eso?
- Quiero que lo mantengas alejado de tus pretendientes – lanza con los ojos ardiendo.
- No es mi pretendiente – intento alejarme, pero su agarre es fuerte – Simplemente estaba allí cuando tu no.
- No tienes ni idea de lo que he hecho para volver – su voz tiembla, no de tristeza, sino de rabia contenida – Y llego… y te encuentro así.
- ¿Así cómo, Cole? – pregunto alzando el rostro, no tengo nada por lo cual sentirme avergonzada – Viviendo mi vida lejos de ti ¿eso te molesta? ¡Te largaste por un mes sin decir palabra, como siempre!
- ¡Te llamé incontables veces y me ignoraste porque estabas con tu noviecito! – alza su voz
- Lo que debías decir, no lo dijiste cuando era necesario. ¡Te largaste, Cole! ¡Otra vez!
- ¡Estaba resolviendo mierda que tu no puedes ni imaginar! – ruge
- Tienes razón, no me lo imagino – respondo manteniendo mi vista en la suya – Porque estaba demasiado ocupada cuidando a mi hijo.
- ¡Nuestro hijo! - grita apretando los dientes – No voy a permitir que otro hombre lo críe.
- ¡Entonces hazlo tú! – grito - ¡Cumple con tus putas obligaciones, Carter! Haz lo que te corresponde y lo que yo he hecho sola.
- ¡Porque tu lo quisiste así! ¡Fuiste tú la que me sacó de su vida! ¡Fuiste tú la que pidió el maldito divorcio!
- ¡Y tu firmaste sin oponer resistencia! ¡¿Qué clase de amor es ese?! – le clavo mi dedo índice en el pecho, aunque estoy mojada, desnuda, furiosa… no mostraré debilidad - ¡Solo tomaste los papeles y firmaste como si te estuvieras quitando un peso de encima!
- ¡¿Qué querías que hiciera?! – explota - ¡Tu ya me habías dejado, Suhelem, mucho antes del divorcio! ¿Crees que no sé de tus dudas? – las palabras me cortan como cuchillas.
- ¿Y tu crees que fue fácil para mí? – mi voz se quiebra, pero no bajo la mirada – Me pasé años esperando que cambiaras. Que me eligieras. Que volvieras a casa antes de que Ethan preguntara por que su papá nunca está en casa. Explicándole porque estabas herido, porque tiene que estar protegido todo el tiempo. Y luego apareces, te adueñas de todo y desapareces de nuevo.
- ¡Tu sabias como era mi mundo cuando nos casamos! – su agarre a mi cuerpo se intensifica, casi haciéndolo doloroso.
- ¡Éramos muy jóvenes! ¡Unos malditos niños jugando a ser adultos! ¡Tu con tu mundo podrido, oscuro, lleno de armas, de lealtades manchadas de sangre… y yo que tenia un amor ciego por ti!
- ¿Tenías? – pega su frente a la mía. Yo no respondo, me limito a intentar controlar mis sentimientos – Entonces debiste casarte con Charles – escupe suavemente y cargado de veneno – Un hombrecito bueno, que te lleva al parque y te compra ositos de peluche. Tal vez eso era lo que necesitabas desde el principio ¿no?. Un perdedor seguro, que nunca se va, que nunca te dejaría sola – siento su respiración agitarse – Pero ¿Por qué no lo elegiste? – su pregunta me llega a lo más profundo – Te diré por qué… Porque sabes que él jamás podrá satisfacerte; no como yo lo hago. Odias amarme de la manera en la que lo haces – siento su aliento en la piel de mi mejilla, luego sus labios casi rozan los míos cuando habla. Su frente aún presiona la mía, como si buscara fusionarse o tal vez borrarme. Su abrazo ya no se siente como un refugio. Es una celda – Tu amor hacia a mi te destruye más que cualquier cosa que yo pueda hacer.
- ¡Eres un imbécil! – escupo con rabia, clavo mis uñas en sus antebrazos para intentar alejarlo - ¡¿Eso crees?! ¿Qué mi amor nunca se agotará?
- Me amas – dice con seguridad cruel
- Por ahora – admito – pero no hay nada que no se pueda borrar – ante mis palabras, me suelta por fin. Pero no retrocede. Su mirada está encendida, rabiosa… herida. Como si mis palabras hubieran alcanzado un lugar que ni el conocía.
- ¡Me perteneces, eres Mi Rosa! – grita repentinamente y da un paso hacia mí. Lo abofeteo de nuevo, con fuerza.
- ¡No soy tuya, maldito lunático! – le grito con lágrimas calientes bajando por mis mejillas - ¡No soy un objeto! ¡Entiende eso de una vez!
Me observa con una mezcla de rabia, deseo y desesperación. Su interior es puro caos. Tensa sus puños y luego se marcha.
Yo caigo de rodillas, abrazando mi cuerpo desnudo y húmedo. Las lagrimas salen sin freno. Me cubro la cara con las manos, temblando, sintiéndome fatal. ¿Cuándo llegamos a esto?