Capítulo 1
¿Por qué me pidió que lo esperara en este lugar? El cual está vacío y sin un mueble, lo único que hay aquí es un colchón con sábanas y sin nada decorado para unos recién casados. ¿Qué está pasando? Me vuelvo a preguntar ahora sintiendo un nudo en el estómago, Además de sentir como mis lágrimas se aproximan a salir de mis ojos.
¿Qué no se supone que es nuestra noche de bodas? ¿Por qué me trato tan mal durante la recepción de la boda? Eso sí que dolió mucho.
Tal vez estoy exagerando y él solo se siente abrumado. Quizá solo esta estresado por la boda y por esa actitud que tanto me ha desconcertado, jamás lo había visto tan enojado solo porque me negué a una de sus peticiones y mucho menos por hacerle preguntas.
Estoy segura de que esa actitud es solo momentánea. Si claro, me digo a mí misma en tanto muevo mis pupilas de un lado a otro tratando de convencerme de ello.
Varias horas después…
Aferrada a la esperanza de que esto tenga una explicación me mantengo en ese lugar, aun no me canso de repetirme que esto tiene una explicación por eso es que sigo aquí esperando por él.
Estoy tan metida en mis pensamientos que el repentino y fuerte golpe de la puerta cerrándose me sobresalta, enseguida me doy la vuelta y ahí está él, el hombre que ahora es mi marido.
Quien me suplico durante años ser su esposa, quien me juro amor eterno en ese altar.
Noto que mi boca esta seca y trago saliva con esfuerzo. Mi gesto de preocupación se desvanece en cuanto él viene y se pone frente a mí.
— ¡Llegaste! —le sonrío como si nada hubiera pasado.
Aunque estoy segura de que mis ojos llorosos y mi maquillaje corrido dice más que mil palabras.
Alfredo me ve por un momento, no tengo idea del porque su gesto es malhumorado ¿Qué no se supone que debería estar feliz? Sin darme cuenta ese sentimiento de preocupación vuelve a mí.
—He venido a decirte que te quedarás aquí por esta noche, mañana mandare al chofer para que te lleve a casa—dice con frialdad sin mostrar ninguna emoción en su rostro.
— ¿Qué quieres decir con que tú no te quedaras? —sueno confundida.
— Tengo otras cosas más importantes que hacer que perder mi tiempo contigo, me largo—se da la vuelta y es justo en ese entonces que lo tomo del brazo para impedir que se vaya.
—No te vayas, es nuestra noche de bodas ¿Qué va a pasar con eso? Alfredo ¿Qué está pasando? —pregunto con desesperación.
Él se da la vuelta mostrándome una expresión de arrogancia la cual se revela en su sonrisa despectiva. Con brusquedad se libera de mi agarre y su gesto cambia a uno de enojo.
— ¿Qué es lo que no entiendes? Te estoy dando una orden, mañana en cuanto estés en el lugar donde te llevara mi chofer, sabrás todo, ahora solo ¡Acata mis órdenes! —menciona con tal firmeza que solo retrocedo mis pasos.
No entiendo porque ahora este tono de voz y ese cambio tan repentino si hace tan solo unas horas era un hombre tan dulce y romántico ¿Qué fue lo que paso con eso? Trago grueso y cuando lo hago duele.
Por alguna extraña razón siento que esto ya lo había vivido.
—Alfredo no sé qué esté pasando por tu cabeza, pero… Todo tiene solución. Tal vez te sientas agobiado y por eso no quieres pasar la noche conmigo, pero no tienes que ser tan duro con tus palabras—parpadeo repetidamente.
—Veo que te niegas a entenderlo y solo quieres tu noche de bodas ¿No? Si no hay más remedio — dice con sarcasmo.
Sin previo aviso me toma de la cintura y me lleva hacia al colchón en donde me tira y después me mira fijamente.
—Tienes razón eres mi esposa ¿Por qué no pasarla bien antes de irme?
Termina de decir con una sonrisita maliciosa la cual solo he visto en los villanos de las películas. Con el ceño fruncido me quedo quieta sin saber qué hacer, hasta que él hunde sus labios en mi cuello.
Sus manos invaden mi cuerpo sin parar, no puedo contenerme a su agitación y mucho menos a su aliento cálido sobre piel, es como si me gustara, pero también lo odiara, más bien, odio su actitud la cual sigo sin entender.
Solo siento su desesperación por quitarme la ropa hasta que lo logra.
Sus manos hábiles empiezan a recorrer la curva de mi espalda y es ahí cuando pierdo la cordura y solo me dejo llevar. Cierro mis ojos y siento como poco a poco su mano se desliza lentamente al inicio de mi feminidad donde sus dedos se pierden más adentro provocándome así mismo un espasmo el cual hace que entre abra los labios y me arquee hacia él.
Un calor invade mi cuerpo haciendo que mi piel arda de deseo, y aunque en el fondo sigo lidiando entre mi cordura y mi razón, sus dedos agiles no me dejan pensar con claridad.
Un jadeo se me escapa cuando su mano se aleja de ese lugar, es cuando abro los ojos y agitada lo miro sin poder siquiera hablar.
El me mira por un momento y siento que su mirada está llena de deseo. Aunque su ceño fruncido y sus labios temblando me hacen pensar que está luchando consigo mismo.
Trago saliva recobrando el habla intentando huir de quien me hace perder la cordura, sin embargo, él me lo impide, dándome un pequeño empujón haciendo que mi cuerpo se hunda nuevamente en la suavidad de las sábanas.
Él vuelve a besar mis labios con tal intensidad que no logro seguirlo.
Entreabro mis ojos y observo como se quita el saco con urgencia. Los botones de la camisa salen volando cuando se la quita dejando su pecho agitado al descubierto, luego de eso se hunde conmigo entres las sábanas haciéndome sentir el calor de su cuerpo sobre el mío, siento como lentamente sus manos buscan a mis piernas abriéndolas con suavidad.
Sus labios se van hacia la comisura de mis oídos donde su agitación resuena una y otra vez, eso me envuelve sin siquiera poder contenerme, sus manos exploran cada parte de mi piel haciéndome sentir apasionada.
El deseo me perturba por dentro, mi respiración se eleva y solo sé que quiero más de él
.
Dándome cuenta de eso, es cuando su cuerpo se mueve junto con al mío provocando una fricción genuina hacia el punto sensible de mi intimidad.
Eso me hace perder el aliento por lo que un gemido ahogado se me escapa de la boca, sus manos me toman de la cadera acercándome hasta el punto de acariciar mis glúteos.
A estas alturas el deseo está a nivel flor de piel por lo que estoy a punto de entregarme por completo.