Exhausto no, lo que le seguía a ello. Así me sentía. Había pasado ya una semana. Una semana completa de entrenamiento arduo y agotador. Sentía todo mi cuerpo y músculos agarrotados, sin contar el dolor de cabeza incesante que me acarreaba desde hacía ya un par de días y las ojeras que cada día iban agrandándose debajo de mis ojos. No entendía cómo los demás podían mantener aquel ritmo enloquecedor y destructivo que requería casi todo el día. Desde que había comenzado aquel entrenamiento que no veía a Jared ni a ninguno de los otros, según Lena y Peter, los hermanos rubios, era porque se habían ido a una misión que le había dado Anne. Tampoco la había visto a la nombrada en todo ese tiempo. -¡Vaya cara!- comentó la mujer que se encontraba del otro lado del mostrador donde esta

