Capitulo 7

1576 Words
  El coche giró a una velocidad que no era posible de ser controlada por un ser humano, tan perfecta y decididamente, que hasta daba escalofríos. No claro que no, por ello Jared conducía. -Te dejaré en la puerta del edificio donde se encuentran ellos junto con Samantha. Ella te guiará a ellos, lo que si tendrás que ser cuidadoso y no hacer ruido. Ella te ayudará- me dijo y yo lo miré con terror.  ¿Un perro me ayudaría? ¿En serio? -Toma- me dio un arma, la cual tomé con temor- Y esto tambien, te será de ayuda- me dio tambien un bate de baseball- No estés nervioso. Todo saldrá bien. Yo los esperaré abajo con el coche encendido. -¡Sam!- exclamó Jack con una sonrisa mientras se acercaba a mi lado. -¿Qué sucede? -Mira- me dijo señalando hacia uno de los niños que tenía detrás de él, quien llevaba un pequeño cachorro en sus manos. -¡Ohhh!- exclamé feliz y corrí hacia el niño colocándome en cuclillas para poder acariciar al pequeño animal. -Lo encontramos solo cerca de un basural- me dijo Jack y yo lo miré- Estaba llorando. Por suerte ninguna de esas cosas lo oyó. -Pero…- me levanté y tomé de la mano a Jack para alejarlo un poco de los niños que comenzaban a acercarse al pequeño can- ¿No crees que es algo arriesgado? Digo, no está entrenado y ladrará y llamará la atención de esas cosas. -Sam- me dijo con voz dulce y colocó sus manos sobre mis hombros- Míralos- señaló hacia donde se encontraban los niños rodeando al cachorro- Nunca lo había visto sonreír como los veo con ese cachorro. Puede que tengas razón y traiga problemas, pero, eso lo veremos luego ¿sí?- me sonrió dulcemente antes de depositar un casto beso sobre mis labios y sonreírme nuevamente. -De acuerdo- le contesté con una sonrisa, ya que las suyas eran contagiosas, como todo en él.    El coche frenó frente a un gran edificio y tan solo una fracción de segundos me encontré en la puerta del mismo con Samantha a mi lado. La miré algo preocupado, ya que después de todo, era un perro y no una persona, pero ella, moviendo la cola para un lado y para el otro, comenzó a avanzar en sigilo.   Coloqué el arma detrás de mí pantalón mientras el bate lo llevaba en mis manos apretado fuertemente.   La seguí por detrás cuando terminé de acomodarme, intentando no hacer ruido y de seguir su ritmo, intentando y deseando no toparme con ninguna de esas cosas que parecían, merodeaban el lugar.   En cada piso se escuchaban sus graznidos y gemidos horripilantes, pero mientras pensaba en qué piso debíamos de quedarnos, ella, seguía delante como si poco le importara.   De pronto frenó y yo detrás de ella.   La vi, tal cual un humano haría, dirigir su mirada hacia el piso donde nos habíamos detenido.    Odiaba aquel tipo de edificio, porque eran de varios departamentos y un incansable pasillo, todos del mismo color, con más de veinte departamentos en cada piso. ¿Qué acaso lo hacían apropósito? ¿Por qué todos los pisos debían de ser exactamente iguales?   Me miró detenidamente y ladeó su cabeza, dándome a entender que podíamos avanzar.   No era un perro normal, no podía serlo.   Aun así, la seguí y silenciosa y sigilosamente llegamos hasta la esquina donde el pasillo terminaba y se abrían dos pasillos más, uno hacia la izquierda y otro hacia la derecha, percatándome, que en el de la derecha, había un grupo de zombis amontonados golpeando contra una puerta.   Samantha retrocedió y me miró a los ojos.   Estaba queriéndome decir algo.   Comenzó a caminar hacia la puerta más cercana y se sentó frente a ella. No sabía qué era lo que quería, pero aun así la abrí y la vi señalar hacia adelante para que ingresara dentro. -¿Entro?- le pregunté en voz baja y la vi asentir.   ¡No! Eso no era normal.   Pero aun así, ingresé, viendo cómo ella comenzó a ladrar y alejarse de la puerta.   Graznidos se escucharon y luego la vi salir corriendo, seguida por la horda de zombis que habían estado frente a la puerta.   Los estaba llevando hacia ella para que yo pudiera ingresar y ayudar a las dos personas que se encontraban dentro.   Miré por una pequeña rendija cómo los últimos zombis iban hacia la dirección por la que Samantha se había ido y yo con cuidado de no hacer ruido, viendo cómo las últimas cosas aquellas, bajaban por la escalera.   Caminé hasta la puerta y toqué a la puerta, esperando que abrieran. -¡Por fin!- exclamó un hombre de mediana edad abriendo la puerta- Creí que no vendrían- me dejó pasar y volvió a cerrar la puerta- Ayúdame- me guío por el departamento, hasta llegar a donde se encontraba una habitación, donde un joven un poco más grande que yo se encontraba sudando y apretando sus labios fuertemente. Su pierna había sido mordida- ¿Jared ha venido? -Está abajo esperándonos- le contesté. -Entonces ayúdame- me dijo tomando uno de los brazos del chico, colocándolo detrás de su cuello.   Yo tomé el otro brazo y con la ayuda de ambos logró pararse, pero un fuerte alarido salió de sus labios apenas pisó con la pierna herida.   Los tres caímos sobre la cama, escuchando los quejidos y alaridos del chico. -¿Qué hacemos?- pregunté nervioso, sintiendo los nervios a flor de piel.   El hombre intentó callarlo y de pronto escuchamos cómo la puerta de ingreso cedió ante un golpe que le dieron.   Los dos nos tensamos y esperamos a que la persona o cosa que había ingresado apareciera. -No pude seguir esperando- comentó la voz de Jared, ingresando segundos después a la habitación con una bolsa llena de sangre en sus manos- Además, tenemos un problema. -¿Qué pasó?- le preguntó el hombre y comenzamos a escuchar graznidos no muy lejos de donde nos encontrábamos. -Samuel dame el arma- me dijo Jared teniendo su mano a pocos centímetros de mí.   Sin dudarlo se la di. -Toma- le dijo al hombre y le dio la bolsa- Ayuda a Niel con lo que necesite- me ordenó y se fue. -Ayúdame chico- me dijo tomando al joven que aún seguía gritando a agonizando.   Como pude lo tomé de ambos brazos y le hombre logró picharlo con la aguja para que la sangre comenzara a entrar en su sistema.   Vi cómo las venas del chico debajo de mí, ya que había terminado encima de él, comenzaban a hincharse y cómo sus ojos poco a poco iban cambiando a un color blanquecino. -¡Joder!- exclamó el hombre- Bájate- me ordenó y lo hice, quedándome mirando cómo todo ruido, queja o incluso respiración, había terminado por parte del joven al que habíamos intentado salvar.   Lo vimos levantarse, cual cuerpo resucitado.    Nos contempló con sus ojos cristalinos y con una sonrisa más que sádica en sus labios y ahí supe, que no habíamos llegado a tiempo.    El hombre comenzó a llorar.   Los ladridos del cachorro me sacaron del sueño el cual estaba disfrutando por primera vez. Intenté ubicarme, sintiéndome rodeado por los brazos de Jack, quien no se había despertado. -Jack- lo moví levemente para que despertara y lo hizo.   Me miró y luego miró hacia donde se encontraba el cachorro ladrando hacia la puerta de ingresa a la habitación donde nos encontrábamos.   Se levantó de un salto y fue a agarran al can, pero este se escapó continuando ladrando como un desesperado.   Los niños se despertaron al igual que todos allí, justo en el momento en que la puerta se abrió y tres de esas cosas ingresaron.   Gritos y llantos se comenzó a escuchar por toda la habitación mezclado con los graznidos que daban aquellas criaturas.   Por mi parte, me quedé helado.    ¿Cómo había sido que aquellas cosas nos habían encontrado? ¿Por qué habían entrado?   Sentí la bala rozar mi oreja y de un suspiro vi el cuerpo de chico caer nuevamente en la cama, esta vez, completamente muerto. -Hay que irnos- dijo Jared tocándome el hombro, y sacándome de mí transe.   El hombre continuó llorando, pero caminó. -Todo esto fue mi culpa, no debí… no debí….- susurraba para él mismo mientras las lágrimas seguían cayendo por sus mejillas. -Shhh- dijo Jared, a lo que ambos lo miramos, ya que como íbamos en fila india, yo era él último.   Jared se asomó hacia la escalera, aunque no era necesario saber qué era lo que lo había detenido. -¡Maldición!- exclamó y nos miró.   Miró el arma, haciéndonos ver que ya no tenía balas. -¿Qué hacemos ahora?- pregunté mirándolo a ambos. -Yo los distraeré- dijo Niel y miró a Jared. -Hemos venido aquí para salvarte. No dejaré que mueras. -No tengo ya nada por lo que seguir luchando- le contestó y lo miró con dolor- Mi hijo… mi hijo… él…- las lágrimas volvieron a brotar y un sollozo se escapó de sus labios, lo suficientemente fuerte, como para que aquellas cosas que estaban en la escalera nos oyeran. -¡Corran!- nos gritó Jared y yo me voltee, sin saber hacia dónde correr, pero sabiendo que los demás me seguían detrás.   “SALIDA” leí de pronto y giré hacia la puerta que debían de conducir hacia la salida de emergencia, sin saber que del otro lado, sería peor que lo que teníamos detrás.
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