Los pasillos de la casa tienen ese tipo de silencio que no es tranquilo, sino tenso. Por más que intento ir y venir en está casa sigo sintiendo un escalofrío en mi espalda cada vez que me quedo sola. Como si cada cuadro, cada alfombra, cada lámpara dorada tuviera que quedarse quieta para no incomodar a su dueño. Y lo comprobé cuando hablé con el personal, bueno Edie, la ama de llaves y cocinera me comentó que antes había más personal pero al parecer a Samuel le pareció demasiado y despidió a la mayoría, se quedo ella, Carlos el Jardinero y Dalia, la chica del servicio de limpieza, era demasiado trabajo para solo tres personas, pero parece que se las arreglaban bien, además me comentó que venía un enfermero pero su rutina era directamente tratar a Samuel. Apenas han pasado un par de días y

